Movilización estudiantil marca la jornada del 29 de abril con protestas en el centro de Santiago y regiones

Por: El Clarín de Chile  29 abril, 2026

En el marco de una convocatoria difundida en días previos por distintas organizaciones, este miércoles se desarrollan movilizaciones estudiantiles en el centro de la capital y en regiones, con participación de secundarios y universitarios que han salido a las calles para manifestar su rechazo al modelo educativo y a políticas recientes en el ámbito educacional.

La jornada, impulsada, entre otros, por el colectivo Estudiantes por la Causa Popular (ECP) y articulaciones como el Cordón Secundarios RM, ha tenido como uno de sus principales focos el centro de Santiago, donde grupos de estudiantes realizaron acciones de protesta, incluyendo cortes de tránsito en arterias relevantes y manifestaciones no autorizadas. Entre las formas de movilización destaca un nuevo “mochilazo estudiantil”, modalidad de protesta secundaria que retoma repertorios históricos del movimiento.

El desarrollo de estas acciones se inscribe en un contexto de reactivación de las protestas estudiantiles durante las últimas semanas. Establecimientos emblemáticos como el Instituto Nacional General José Miguel Carrera han protagonizado tomas recientes, mientras que el Liceo de Aplicación y el Liceo 1 Javiera Carrera han registrado episodios de movilización en abril, evidenciando un malestar persistente en el nivel secundario.

Según reportes que circulan en redes sociales —aún sin cobertura exhaustiva en medios tradicionales al momento de esta publicación—, la convocatoria logró congregar a cientos de estudiantes, quienes marcharon por el centro de la ciudad levantando consignas contra la “educación de mercado” y cuestionando el rumbo de las políticas públicas en el sector. Las imágenes muestran columnas de manifestantes desplazándose por vías principales, así como presencia policial en algunos puntos.

El contenido de la convocatoria mantiene una línea crítica estructural hacia el sistema educativo chileno, al que los organizadores caracterizan como orientado por lógicas de mercado. En ese marco, las demandas incluyen el fortalecimiento de la educación pública, mejoras en condiciones materiales en los establecimientos y el rechazo a medidas de seguridad que consideran punitivas o insuficientes para abordar problemas de fondo.

Más allá del lenguaje político utilizado por los convocantes, el trasfondo de estas movilizaciones remite a debates de larga data en Chile. Desde la transición a la democracia, distintos gobiernos —desde Patricio Aylwin hasta Gabriel Boric— han impulsado reformas educacionales sin alterar completamente la estructura del sistema, lo que ha mantenido en discusión temas como la desigualdad en el acceso y la segmentación institucional.

El movimiento estudiantil ha sido históricamente un actor clave en este proceso. Durante las administraciones de Ricardo Lagos y Michelle Bachelet, ya se registraban movilizaciones relevantes, que se intensificaron bajo Sebastián Piñera y alcanzaron un punto de inflexión durante el Estallido social de octubre de 2019.

En el escenario actual, las protestas del 29 de abril parecen inscribirse en una fase incipiente de rearticulación del movimiento, con protagonismo de sectores secundarios y convocatorias que aún no necesariamente cuentan con el respaldo explícito de todas las organizaciones estudiantiles de alcance nacional. Aun así, la capacidad de movilización observada durante la jornada sugiere un nivel de activación que podría ampliarse en función de la respuesta de las autoridades y de la evolución del conflicto en los establecimientos.

Desde un punto de vista analítico, la jornada revela una doble dinámica. Por un lado, la persistencia de demandas estructurales vinculadas a la organización del sistema educativo y a las condiciones materiales de estudio. Por otro, la emergencia de tensiones en torno a políticas de seguridad y control en los espacios educativos, que son interpretadas de manera divergente por autoridades y comunidades escolares.

Asimismo, la utilización de repertorios como el “mochilazo” y las manifestaciones sin autorización formal sugiere una reapropiación de formas tradicionales de protesta estudiantil, en un contexto donde las vías institucionales no son percibidas por todos los actores como suficientes para canalizar sus demandas.

La jornada de este miércoles continúa en desarrollo y su balance final dependerá tanto de la magnitud de la convocatoria como de los eventuales episodios que puedan registrarse en el transcurso del día. Más allá de ello, las movilizaciones vuelven a situar a los estudiantes en el centro del escenario social, en un país donde históricamente han actuado como catalizadores de procesos de mayor alcance.

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