GOBIERNO DE KAST NO LOGRA CAPITALIZAR BAJA EN PERCEPCIÓN DE DELINCUENCIA EN MEDIO DE DESORDEN Y FALTA DE RUMBO

By El Clarín de Chile  4 mayo, 2026  

La última encuesta Plaza Pública de Cadem dejó en evidencia una paradoja incómoda para el gobierno del presidente José Antonio Kast: mientras algunos indicadores de percepción sobre delincuencia muestran una mejora significativa, la evaluación del Ejecutivo no repunta. Por el contrario, la estabilidad en sus bajos niveles de aprobación ocurre en medio de una de las semanas más complejas desde que asumió, marcada por errores políticos, conflictos internos y una evidente carencia de agenda.

El dato más destacado del sondeo es la fuerte caída en la percepción de aumento de la delincuencia. Hoy, un 47% de los encuestados cree que esta ha aumentado en los últimos dos meses, 28 puntos menos que en agosto de 2024, registrando la baja más pronunciada desde 2014. A su vez, un 45% considera que la situación se mantiene igual (+25 puntos) y un 6% estima que ha disminuido.

También retrocede de forma importante la idea de que la delincuencia es más violenta, que cae 30 puntos hasta 59%. Sin embargo, estos avances en la percepción general contrastan con un dato persistente: el temor sigue siendo alto. Un 70% declara preocupación por ser víctima de un delito, reflejando que la sensación de inseguridad sigue instalada pese a la mejora en algunos indicadores.

Los delitos que más temor generan continúan siendo los robos con violencia (36%), el robo en viviendas (35%, con alza de 5 puntos) y las encerronas o portonazos (31%). También destacan los homicidios o sicariatos (25%) y la violencia en espacios públicos (24%, +3 puntos), lo que evidencia que ciertos fenómenos delictuales mantienen un fuerte impacto en la percepción ciudadana.

Pero el punto más crítico para el gobierno no está en los números de seguridad, sino en su incapacidad para traducir cualquier mejora en respaldo político. La aprobación del presidente Kast se mantiene en 39%, mientras que un 57% desaprueba su gestión. No hay avance, no hay rebote. Esto, en un contexto donde el propio Ejecutivo ha instalado la seguridad como una de sus principales banderas, resulta especialmente problemático.

La explicación no parece estar en los datos, sino en la política. La última semana ha sido particularmente negativa para La Moneda: disputas entre ministros, contradicciones públicas, arrebatos comunicacionales y decisiones mal explicadas han debilitado la imagen de conducción. Lejos de proyectar orden y control —atributos clave en un gobierno que prometió mano firme—, lo que se ha instalado es una sensación de improvisación.

A esto se suma la falta de una agenda clara. Más allá de los recortes presupuestarios y la insistencia en una cuestionada “megarreforma” económica, el gobierno no logra articular un relato coherente ni priorizar iniciativas que conecten con las preocupaciones ciudadanas. Incluso esa reforma, que busca reducir impuestos y reconfigurar el gasto, aparece debilitada en las encuestas y genera dudas sobre su viabilidad y efectos.

Desde una mirada analítica, lo que muestran los datos de Cadem es una desconexión entre indicadores sectoriales y evaluación política. El gobierno podría haber aprovechado la caída en la percepción de la delincuencia como un punto de apoyo, pero no lo hace. ¿Por qué? Porque la ciudadanía no solo evalúa resultados, sino también liderazgo, coherencia y capacidad de gestión. Y es ahí donde el Ejecutivo está fallando.

Los atributos presidenciales refuerzan esta lectura. Si bien Kast mantiene cierto reconocimiento en responsabilidad (47%) y valentía (46%), ambos indicadores caen, al igual que liderazgo (45%, -8 puntos). Más preocupante es el bajo nivel en atributos como empatía (32%), cercanía (33%) y carisma (36%), todos en descenso. Es decir, no solo hay problemas de gestión, sino también de conexión con la ciudadanía.

Además, el hecho de que un 54% de las personas identifique al gobierno como el principal responsable de resolver la delincuencia mantiene la presión sobre el Ejecutivo. No hay espacio para diluir responsabilidades: la ciudadanía espera resultados concretos y conducción clara. Y hasta ahora, el gobierno no logra ofrecer ni lo uno ni lo otro de manera convincente.

En este escenario, la mejora en la percepción de la delincuencia aparece casi como una oportunidad desperdiciada. En lugar de capitalizarla, el gobierno queda atrapado en sus propias inconsistencias, en disputas internas y en una agenda que no logra despegar. La semana política, marcada por errores y desorden, termina pesando más que cualquier dato favorable.

En definitiva, los resultados de Cadem no solo reflejan el estado de la opinión pública, sino también el momento político del gobierno: uno en que incluso las buenas noticias pasan inadvertidas, porque el problema de fondo no está en los números, sino en la conducción.


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