PLENO EMPLEO, ¿AQUÍ Y AHORA?

Por: Gonzalo Durán Sanhueza. Investigador de Fundación SOL. Académico de la U. de Chile

El Mostrador. 5 junio, 2026

Hoy el desempleo ronda el 9% y el Gobierno aspira a reducirlo al 6% hacia 2030. Pero si se consideran las personas subempleadas y aquellas que abandonaron la búsqueda de empleo por razones de desaliento, la tasa se empina hacia el 13%.

¿Sabía usted que para ser considerado ocupado basta con haber trabajado una hora durante la semana de referencia, recibiendo una remuneración en dinero o especies? En teoría, alguien podría trabajar una hora un domingo y recibir como pago una bolsa de tallarines. Estadísticamente, sería una persona ocupada.

Por eso, cuando se habla de pleno empleo, no necesariamente se habla de empleos suficientes para vivir dignamente ni de trabajos de calidad. En términos convencionales, el pleno empleo se alcanza cuando el desempleo es bajo y la mayoría de quienes desean trabajar pueden encontrar un empleo.

En su Cuenta Pública del 1 de junio, el Presidente Kast recurrió a esta vieja promesa de la política económica: alcanzar el pleno empleo. A primera vista, parece una meta incuestionable. ¿Quién podría estar en contra de más empleo?

Sin embargo, detrás de esa consigna existe una contradicción que rara vez se menciona. No es solo Kast. A muchos sectores que representan intereses empresariales les preocupa tanto la creación de empleo como el efecto que un mercado laboral estrecho puede tener sobre los salarios.

La razón es sencilla. Un mercado laboral donde las personas pueden acceder a empleos estables y cuentan con alternativas reales fortalece su capacidad de negociación. Cuando las empresas tienen más dificultades para contratar o retener personal, los salarios tienden a subir y las condiciones laborales mejoran.

Pero ese no parece ser el horizonte del discurso presidencial. Cuando se promete pleno empleo sin hablar de salarios, negociación colectiva, estabilidad contractual o fortalecimiento sindical (temas ausentes en la Cuenta Pública), lo que se ofrece es más bien pleno empleo estadístico: más personas clasificadas como ocupadas, aunque sea en trabajos precarios o insuficientes.

La diferencia no es menor. El primero redistribuye poder hacia el trabajo; el segundo reduce el desempleo sin alterar las relaciones de poder existentes.

De hecho, una parte importante de la meta podría alcanzarse multiplicando empleos parciales, temporales o de bajos ingresos. Las estadísticas laborales mejorarían, aunque no necesariamente las condiciones de vida. No parece casual que la agenda laboral de Kast avance precisamente en esa dirección.

La tensión se observa con claridad en la agricultura. Cuando escasea la mano de obra, los gremios empresariales suelen demandar más trabajadores, incluyendo migrantes. Resulta paradójico que sectores que habitualmente restringen la migración la consideren necesaria cuando la menor oferta de trabajo fortalece la posición negociadora de quienes trabajan. Cuando el trabajo gana poder, la preocupación deja de ser el desempleo y pasa a ser el aumento de los salarios.

Hoy el desempleo ronda el 9% y el Gobierno aspira a reducirlo al 6% hacia 2030. Pero si se consideran las personas subempleadas (quienes tienen trabajo, pero necesitan y están disponibles para trabajar más horas) y aquellas que abandonaron la búsqueda de empleo por razones de desaliento, la tasa se empina hacia el 13%. De hecho, en los últimos quince años esta medida ampliada nunca ha bajado del 10%.

Por eso, la pregunta relevante no es cuántos empleos se crearán, sino bajo qué condiciones, con qué salarios y para beneficio de quién. Si el pleno empleo fuera realmente el objetivo, habría que aceptar también sus consecuencias: salarios más altos, sindicatos más fuertes y una menor dependencia de las familias trabajadoras respecto del capital.

Y es precisamente ahí donde comienza el problema para quienes hoy gobiernan y para los intereses empresariales que representan. Porque el pleno empleo no solo redistribuye ingresos; también redistribuye poder. ¿Pleno empleo aquí y ahora? A otro perro con ese hueso.

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