Crónica Digital 10 junio, 2026
La derecha peruana y latinoamericana ha puesto todas sus esperanzas en que el voto de los peruanos en el exterior le otorgará finalmente la victoria a Keiko Fujimori, la abanderada del partido neoliberal Fuerza Popular. Esto, luego que el candidato presidencial progresista Roberto Sánchez, postulante de Juntos por el Perú, pasara a encabezar el recuento. Pero todo indica que es más bien vana e infundada la expectativa de que los votos procedentes del extranjero podrían “dar vuelta” los resultados.
En ese sentido, es menester darles una mala noticia: pasadas las 03.30 de la madrugada de hoy, en hora chilena, la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) informaba que ha contabilizado el 97.001 por ciento de las actas electorales, lo que significa que solamente está pendiente el 2,999%. En este escenario, se confirma que Sánchez ha consolidado su predominio con estrecho margen de 0,144 de diferencia respecto de su competidora Keiko Fujimori, la abanderada del partido neoliberal Fuerza Popular, a la cual supera por 25.844 votos.
Así, Fujimori obtiene 8.952.813 votos, con un 49.928%. En tanto, Sánchez logra el 50,072%, con un total de 8.978.657 votos.
La incertidumbre que rodea este balotaje no es algo nuevo. En las dos últimas elecciones presidenciales que se resolvieron en segunda vuelta, Fujimori –que se presenta a su cuarta elección y fue derrotada en tres comicios previos– fue derrotada por diferencias pequeñas. En 2016, perdió ante Pedro Pablo Kuczynski por unos 40. 000 votos. Cinco años después, en 2021, sufrió otra derrota por un margen similar frente a Pedro Castillo.
Por simple inferencia estadística, es posible inferir que en el porcentaje de actas electorales que han sido contabilizadas ya ha sido incluido electorado procedente parte importante de la votación peruana en el exterior sin que se modifique la tendencia que da por ganador a Sánchez. Para confirmarlo, es necesario examinar el fenómeno con más detalles.
EL PESO DEL EXTERIOR
En el Perú, el voto de los ciudadanos residentes en el extranjero –conocidos oficialmente como PEX (Peruanos en el Exterior)– representa actualmente el 4,43% del padrón electoral total. De acuerdo con los datos oficiales del Jurado Nacional de Elecciones (JNE) y la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) para el proceso de las Elecciones Generales de 2026, la distribución exacta se compone de la siguiente manera:
–Padrón Electoral Nacional Total: 27.325.432 electores habilitados.
–Electores en el Territorio Nacional: 26.114.619 ciudadanos (95,57%).
–Electores en el Extranjero (PEX): 1.210.813 ciudadanos (4,43%).
Desde las modificaciones legales aplicadas a partir de 2020, los peruanos en el exterior ya no suman sus votos a la circunscripción de Lima, sino que constituyen un distrito electoral propio. En los comicios actuales, además de votar la fórmula presidencial, tienen derecho a elegir a sus propios representantes ante el Congreso (dos diputados y un senador).
El grueso de este padrón se concentra sobre todo en América (más de 700.000 electores, liderado por Estados Unidos y la Argentina) y en Europa (alrededor de 400.000, con España a la cabeza).
Aunque el padrón en el extranjero ha ido creciendo en términos nominales, la participación efectiva en las urnas fuera del Perú suele ser significativamente más baja que la registrada dentro del territorio nacional, marcando tasas de ausentismo que han llegado a superar el 70 o 80% en las últimas citas electorales.
La participación de los Peruanos en el Exterior muestra un comportamiento muy distinto al del territorio nacional: mientras en el Perú el voto es obligatorio y moviliza a la gran mayoría, en el extranjero las distancias y la falta de efectivas provocan un alto nivel de ausentismo.
En este sentido, es bajo su impacto en el resultado general (votos emitidos). Aunque el padrón del extranjero equivale al 4,43% del total de electores habilitados, el porcentaje de votos reales que aportan a las urnas es menor por la baja asistencia.
En la primera vuelta, la participación en el extranjero suele situarse cerca del 14 al 18% de su propio padrón (en 2021 cayó a un mínimo histórico del 14,41%, lo que significó poco más de 143.000 votos). Esto representa apenas alrededor del 0,8% al 1% del universo total de votos emitidos a nivel mundial.
En la segunda vuelta presidencial, el interés suele aumentar. En el balotaje, la participación de los residentes en el exterior sube históricamente a rangos de entre el 36% y el 40% de su padrón. Alrededor de 400.000 peruanos acuden a las urnas en esta etapa, lo que equivale a solo a cerca del 2,1% al 2,4% del universo total de votos válidos que definen la Presidencia de la República.
Por cierto, a pesar de que el ausentismo generalizado reduce su impacto porcentual directo sobre el total de la votación general, en escenarios de alta polarización política (donde las elecciones presidenciales peruanas se han definido por márgenes estrechos), ese 2% de participación real en el extranjero mantiene un peso relevante para el resultado final.
EL TIEMPO DEL RECUENTO
En medio de la actual incertidumbre del resultado final, desde el comando de Fujimori y sus partidarios se ha repetido como un mantra que “falta por contar los votos” del extranjero. Sin embargo, no existe una norma que obligue a dejar el voto del extranjero en forma deliberadamente “para el final”. Por cierto, en la práctica, parte de estas actas sí se termina de contabilizar en el último tramo del escrutinio.
Ello no responde a una “jerarquía de votación”, sino a razones logísticas de traslado y de procesamiento. Las actas físicas de votación deben viajar desde los consulados de 73 países hacia Lima por valija diplomática o transportadas directamente por los cónsules. Aunque existen mecanismos digitales (como el sistema SEND–I, que permite escanear y enviar actas desde decenas de consulados prioritarios), la llegada total del material físico puede tardar días. Cancillería suele fijar el término del repliegue de las actas del exterior para el martes o miércoles posterior a los comicios, tiempo que ya está cumpliendo.
Todas las actas del exterior llegan a Lima y son procesadas por una sola oficina específica (la Oficina Descentralizada de Procesos Electorales –ODPE Lima Centro 2 o Lima Centro 1, según asignación organizativa). Esta centralización hace que entren a un centro de cómputo único.
A medida que un acta del exterior es digitalizada y procesada en Lima, los datos se suman de inmediato al sistema informático.
Por la velocidad del conteo, las actas de los locales de votación urbanos en Perú (cercanos a los centros de cómputo) entran de inmediato el domingo por la noche. Posteriormente se van sumando las de zonas rurales de difícil acceso (como las comunidades amazónicas y andinas). En forma paralela, se van incorporando las actas del extranjero.
Así, es completamente seguro que al actual nivel de avance ya se ha escrutado y publicado una parte importante del voto en el exterior. Cuando la ONPE reporta un avance superior al 96% de actas procesadas, no significa que el 4% restante corresponda exclusivamente al extranjero. El avance se da de manera paralela.
A esas alturas del conteo, la situación real del voto en el exterior se divide en dos grandes grupos. En primer lugar, lo que ya está escrutado (dentro del 96%): una porción significativa de las mesas del extranjero ya ha sido contabilizada e integrada al sistema. Esto ocurre principalmente por el sistema SEND–I, que permite que Los consulados con mayor carga electoral y mejor infraestructura tecnológica digitalicen y transmitan sus actas de manera electrónica a Lima pocas horas después de cerrar sus mesas. Las valijas diplomáticas físicas de los países más cercanos o con conexiones aéreas rápidas han llegado a Lima entre lunes y martes, entrando de inmediato a la línea de digitación de la ODPE encargada.
El pequeño porcentaje que falta procesar cuando se roza el 100% no es un “bloque limpio” del extranjero, sino que está compuesto por actas rezagadas del exterior (Consulados muy lejanos o con itinerarios de vuelo complejos cuyo material físico tarda más días en arribar a la sede central), actas rurales e indígenas extremas, con mesas del propio territorio nacional ubicadas en zonas de difícil acceso (como las comunidades nativas de la Amazonía o zonas altoandinas de frontera) que requieren transporte fluvial o helicópteros.
A ello hay que agregar las actas “observadas”, que ya llegaron físicamente pero presentan impugnaciones, errores materiales o ilegibilidad, por lo que están congelados a la espera de que los Jurados Electorales Especiales (JEE) los resuelvan.
Santiago, 9 de junio de 2026. - Crónica Digital.
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