Por : Richard Kouyoumdjian Inglis. Vicepresidente ejecutivo de AthenaLab.
El Mostrador. 4 julio, 2026
Las fuerzas de orden y seguridad tienen la tarea de generar disuasión porque su presencia es señal de que tienen las atribuciones y la capacidad para detener y poner a disposición de la justicia a transgresores. Poseen el derecho inmanente a la legítima defensa.
La disuasión es un concepto complejo de entender y sobre el cual el mundo político tiende a equivocarse, independiente de que sean ministros, subsecretarios, alcaldes o asesores en materias de seguridad.
Cuando se habla de usar las fuerzas armadas para fines de seguridad pública, sea en la Macrozona Sur, fronteras o eventualmente en la Región Metropolitana, por el poder disuasivo que se les asigna, conviene saber de qué estamos hablando cuando hablamos de disuasión.
La disuasión es un efecto producido en la mente de las personas. La causa de ese efecto es el poder de otro actor o individuo. El poder, a su vez, se descompone en dos elementos principales: la capacidad y la voluntad de empleo.
Disuadir según la RAE significa: “inducir o mover a alguien a cambiar de opinión o a desistir de un propósito”. Disuadir es un verbo, lo que implica que yo actúo y hago algo para producir el efecto de inducir o mover a alguien a cambiar de opinión o propósito.
Es un fenómeno humano que es producto de que alguien cambió objetivamente la realidad o bien la percepción de la realidad que un actor puede tener, ya sea que exista un cambio objetivo o solamente a nivel de percepción, la disuasión siempre es un efecto y nunca una acción.
Existe el error común de referirse a una fuerza o a una actividad como “disuasiva”. Eso induce a errores, pues no existen las actividades o la fuerza disuasivas per se. Existen la fuerza y las actividades que pueden producir daño y cuya clara demostración de capacidad y voluntad generan como efecto que alguien sea inducido o movido a cambiar de opinión o desistir de propósito. La disuasión, lo que hace, es “subir el precio” de una determinada conducta o propósito.
Como la disuasión se manifiesta en el plano de la percepción de la inteligencia humana, existen elementos relevantes a considerar que son fundamentales.
Si yo intento mostrar una capacidad, hacerla pública para generar un efecto disuasivo y esta falla, produzco el efecto inverso. Si yo tengo una capacidad no demostrada públicamente, pero que genera resultados, queda la incertidumbre de cómo fue que se logró ese resultado, que pudo haber sido por azar.
Ahora, si yo tengo una capacidad real y probada pero, sin embargo, hago pública mi voluntad de cómo y cuándo emplearla, estoy dando todos los indicios a quien quiero disuadir de cuáles son los flancos de vulnerabilidad de mi capacidad y dejo de ser disuasivo.
Los dos errores más comunes que van en contra de la producción del efecto de disuadir son, en primer lugar, la revelación en detalle de las operaciones exitosas que dieron resultados. Esa revelación de detalle permite que se tomen las medidas para evitar un nuevo éxito y, en segundo término, hacer públicas las reglas que reflejan la voluntad de empleo de las capacidades (ejemplo las RUF), permitiendo así a cualquier infractor o adversario planificar cómo explotar esas condiciones en su beneficio.
Mencionábamos que el poder tiene dos formas, una de cambiar la realidad objetiva y otra que cambia la percepción de la realidad. El cambio de la realidad objetiva lo produce una capacidad demostrada respaldada por una voluntad de empleo demostrada.
El cambio de la percepción es más sutil. Necesita de una capacidad objetiva. Sin embargo, se busca afectar la percepción de la realidad actuando con el poder blando que da el prestigio, el respeto a la capacidad demostrada y la incertidumbre respecto de la voluntad de empleo.
Lo que no funciona es el intento de cambiar la percepción de la realidad mediante poder blando, pero haciendo públicas las restricciones de voluntad para empleo de la capacidad. Eso transforma la capacidad en un espantapájaros, al que basta que se suba un cuervo arriba y que no pase nada para que la bandada entera saquee el campo.
Las fuerzas de orden y seguridad tienen la tarea de generar disuasión porque su presencia es señal de que tienen las atribuciones y la capacidad para detener y poner a disposición de la justicia a transgresores. Poseen el derecho inmanente a la legítima defensa y usarán su poder de fuego solo como respuesta en caso de ser atacados.
Las fuerzas armadas producen un efecto disuasivo porque tienen la capacidad de destruir y de matar. Ellas cumplen con su consigna en el lugar que fue entregado a su responsabilidad. Quien intente afectar la consigna de un miembro de las fuerzas armadas debe tener clara conciencia de que enfrenta capacidades letales que están diseñadas para actuar así in situ, y no para detener y poner a disposición de la justicia. Si se hace público el grado de voluntad de empleo de esas capacidades, la disuasión deja de producirse y los esfuerzos se vuelcan a buscar los espacios que esa pública voluntad de empleo produce.
Finalmente, el concepto de disuasión es muy complejo pues la única forma de medir su efectividad es un análisis contrafactual. Es muy difícil demostrar que alguna acción no se produjo como consecuencia de la disuasión.
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