LA COALICIÓN IMPOSIBLE DE KAST

Marcelo Mella Polanco Docente Usach – Apuntes Politicos  - Jul 12, 2026

El llamado del presidente José Antonio Kast a fortalecer el diálogo entre los partidos oficialistas y avanzar hacia una coalición recibió una respuesta fría desde su propio sector. El episodio no revela una simple diferencia táctica. Expone el problema central del Gobierno, esto es, que las derechas comparten adversarios y parte de la agenda, pero no una conducción indiscutida ni un proyecto común de poder.

Robert Axelrod (1970) sostuvo que una coalición viable debe ser mínima, ganadora y conectada. No basta con sumar el porcentaje de parlamentarios que cada partido tiene en el Congreso; ya que sus integrantes deben tener suficiente cercanía política para coordinarse y reducir los costos de negociación. El oficialismo de Kast posee capacidad para condicionar la agenda e incluso conseguir mayorías puntuales con el respaldo supletorio del PDG, pero no posee la cohesión necesaria para actuar como un bloque estable y orgánico.

En la Cámara, los partidos oficialistas suman nominalmente 68 diputados sobre un total de 155, equivalentes al 43,8% de los escaños. Republicanos aporta 31 escaños; la UDI, 18 escaños; RN, 13; Partido Social Cristiano, 3; y Evópoli, 3. Complementariamente, el Partido Nacional Libertario con 8 diputados, representa una fuerza con una importante capacidad de chantaje frente al gobierno dado que constituye una condición necesaria para que el ejecutivo pueda construir mayoría. Aunque este contingente oficialista constituye una fuerza considerable, resulta insuficiente para aprobar por sí sola, requiriendo los 13 diputados de la bancada del PDG. En el Senado, la situación es igualmente estrecha, pues el sector reúne aproximadamente 25 de 50 escaños, con 10 escaños de RN, 5 para Republicanos, 5 senadores UDI, 4 escaños Evópoli, y 1 escaño independiente (Kusanovic). El conjunto ganador lo consigue el Ejecutivo solo con el respaldo de la senadora Kaiser del PNL.

La complejidad inicial del gobierno para gestionar a los partidos oficialistas surge por lo estrecho de las cuotas de su contingente parlamentario. Pero incluso puede resultar más problemático, en cuanto a la efectividad y coherencia de las políticas, gestionar la articulación programática en su propio espacio político.

El gráfico de congruencia (Gráfico 1) muestra qué tan juntos o separados están ideológicamente los partidos del oficialismo de Kast, ubicando cada programa en el eje RILE (izquierda–derecha) para las elecciones de 2021 y 2025. La escala del gráfico es el índice RILE de MARPOR, que mide la orientación izquierda–derecha de un programa presidencial según el énfasis de su contenido y va de −100 (Izquierda) a +100 (Derecha). Se calcula restando el porcentaje de cuasi-frases dedicadas a temas de derecha menos el porcentaje dedicado a temas de izquierda: RILE = (% derecha) − (% izquierda). Un valor negativo indica predominio de temas de izquierda; positivo, de derecha; y 0 marca el centro, el punto de equilibrio entre ambos.

Tal como se observa en el gráfico, en la elección presidencial de 2021, Kast se ubicó en torno a +56 puntos en la escala derecha izquierda (RILE), mientras Sebastián Sichel, candidato de Chile Vamos, alcanzaba apenas +8. La distancia ideológica era de casi 48 puntos. En las elecciones de 2025, la derecha pasó a tener tres polos: Matthei en +28 en la escala derecha izquierda, Kast en +60 y Kaiser en +85; lo que significa que la dispersión ideológica aumentó a cerca de 57 puntos.

Gráfico 1: Congruencia ideológica partidos de derecha (2021-2025)

Fuente: Datos propios codificados con metodología MARPOR.

Se observa, además, que Chile Vamos se desplazó el 2025 hacia la derecha, incorporando con mayor intensidad temas como seguridad, control migratorio y ajuste fiscal. Kast, al mismo tiempo, moderó parte de su discurso económico y valórico. Así, el actual presidente quedó en una posición de suma cero en lo táctico con los partidos que lo respaldan, ya que se ubica ideológicamente en una posición más extrema que Chile Vamos, pero bastante menos radical que el Partido Nacional Libertario (PNL).

El partido ideológicamente más cercano al partido del Presidente, es el PNL, y permanece fuera del Gobierno, operando como una “oposición amigable”. En cambio, Chile Vamos, su principal socio formal, mantiene una mayor distancia programática. Kaiser presiona por mayor cumplimiento de su plataforma programática desde la derecha radical, mientras RN y la UDI exigen mayor influencia equivalente a mayores espacios en el gabinete; Republicanos busca consolidar su hegemonía en la conducción sin perder la articulación con el PNL; y Evópoli intenta no desaparecer en este momento de corrimiento del sector hacia posiciones iliberales.

La acusación constitucional contra el ministro Grau mostró estas fracturas en el sector, generando una escalada de recriminaciones cruzadas entre los partidos de derecha. Mientras Republicanos y el PNL quisieron convertirla en una prueba de firmeza, consistencia y lealtad, sectores de Chile Vamos se resistieron a una estrategia que consideraban políticamente inconveniente con una acusación jurídicamente mal formulada. En esta perspectiva, la disputa entre la “derecha valiente” y la “derecha cobarde” encubre, en realidad, profundas diferencias ideológicas y estratégicas sobre cómo gobernar, negociar y construir mayorías. En ese contexto, eventuales tropiezos o dilaciones en la votación en particular de la reforma impulsada por el ministro Quiroz -la llamada Ley Miscelánea-, así como la forma de encauzar el debate sobre los indultos a militares, pueden transformarse en nuevos aceleradores de la crisis interna. Sobre este último asunto ya existen dos iniciativas legislativas[1] y dos fórmulas de abordaje político[2].

La coalición de Kast es, por ahora, imposible porque el oficialismo carece de mecanismos eficaces de articulación y de un liderazgo suficientemente robusto para alinear a fuerzas con intereses, identidades y horizontes distintos.

Esta debilidad reducirá previsiblemente la capacidad de acción del Gobierno. En Chile, la coexistencia histórica entre presidencialismo y multipartidismo ha hecho de la gestión de coaliciones una condición decisiva de la estabilidad política. Al constituir, desde el inicio, un gabinete dominado por independientes y con una representación partidaria marginal, pese a encabezar un gobierno minoritario surgido de una elección de segunda vuelta, Kast optó por transitar un terreno institucional inexplorado.

En términos de Robert Axelrod, el oficialismo fracturado de Kast, no constituye una coalición, sino más bien representaría una tregua entre partidos ideológicamente incongruentes a la espera de una próxima crisis. El espacio oficialista formado por la sumatoria de los partidos que actualmente apoyan a Kast solo puede aspirar a gestionar de manera coyuntural los conflictos que enfrenta el gobierno.

[1] Indulto general (Boletín 18423-07) (Propuesta PNL) y Amnistía general (Propuesta transversal de senadores de la derecha)

[2] Comisión de Reparación Policial (Propuesta RN) e Indultos particulares (Propuesta del presidente Kast)


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