Crónica Digital. 2 agosto, 2026
En la memoria de Osvaldo, que un día cruzó la cordillera para vivir los tiempos en los que florecieron todos los sueños en la Universidad Técnica del Estado (UTE)
Septiembre de 1973. El coronel del Ejército apuntó con su arma al Rector de la Universidad Técnica del Estado (UTE), Enrique Kirberg, y le espetó, con voz aguardentosa: “¡Tienes 15 segundos para decirme dónde están las armas, de lo contrario disparo!”. El académico respondió: “Nuestras armas son los conocimientos, el arte y la cultura”. Pasó ese lapso de tiempo y el valiente soldado no disparó.
Las tropas tomaron por asalto la Casa de Estudios, mientras la sometían a fuego de cañones. Los integrantes de la comunidad universitaria –académicos, estudiantes y funcionarios– comenzaron a salir con los brazos en alto. En una conversación con la periodista Mónica González recordó: “Los soldados en forma violenta obligaban a la gente a tenderse en el suelo. Yo también lo hice pero el Comandante de las fuerzas militares, el coronel Johow, hoy en retiro, me hizo parar a punta de culatazos y me gritó: ‘¡Así que tú eres el Rector tal por cual! ¡Ahora vas a ver lo que es la autonomía universitaria!’. Violentamente me tomó e un brazo, me acercó a una pared. Amartilló su arma y me apuntó”.
Hablar de Enrique Kirberg Baltiansky es evocar uno de los períodos más luminosos, audaces y transformadores de la historia de la educación superior en Chile. Ingeniero eléctrico de profesión, comunista por convicción profunda y educador por vocación republicana, Kirberg asumió en agosto de 1968 la Rectoría de la entonces Universidad Técnica del Estado (UTE), transformándola en el corazón palpitante de la Reforma Universitaria y en un faro de pensamiento crítico para América Latina. De hecho, fue el primer rector elegido en claustro pleno (votación universal) de profesores y estudiantes.
Rememorar a Enrique Kirberg es rendir tributo a la dignidad irreductible, a la consecuencia ética y a la convicción de que un Chile más justo es indisociable del saber compartido por todas y todos sus habitantes.
LOS PRIMEROS PASOS
Nació en Santiago de Chile, en una modesta familia judía. Su padre, el comerciante Arturo Kirberg, nació en Argentina, hijo de inmigrantes austriacos, y emigró hacia Chile durante su adolescencia, mientras que su madre, Rosa Baltiansky, era de origen ruso. Aunque de niño vivió en numerosos lugares (Santiago, Talca, Quillota, Valparaíso y Quilpué, en Chile; Lima y Arequipa en Perú), Kirberg se consideraba a sí mismo porteño, es decir, de Valparaíso: el mismo lugar donde había llegado al mundo Salvador Allende.
Se gradúo en la Escuela de Artes y Oficios y de la Escuela de Ingenieros Industriales. Primer presidente de la Federación de Estudiantes Mineros e Industriales de Chile (FEMICH). Como presidente de la entidad participa en forma protagónica en la campaña que desemboca en la fundación de la Universidad Técnica del Estado.
En 1932 fue miembro del soviet nacido en la breve República Socialista de Chile, la que dio origen al Partido Socialista de Chile. Pero Kirberg optó por ingresar a la Juventud Comunista.
Comprendió tempranamente que la técnica y las ciencias no podían ser divorciadas de las grandes urgencias de las mayorías. Su paso por las aulas de la UTE forjó en el ingeniero una especial sensibilidad por las condiciones de vida de los trabajadores. No se trató sólo de un gestor académico, sino de un intelectual orgánico que supo leer las tensiones de su época y anticipar los cambios que Chile demandaba.
Asumió la Rectoría de la Universidad Técnica del Estado por primera vez el 20 de agosto de 1968 y fue dos veces reelegido en claustro pleno de profesores, estudiantes y funcionarios, en 1969 y 1972, ya en tiempos del Gobierno de Salvador Allende.
EL HISTORICO RECTOR
Bajo su liderazgo, la UTE dejó de ser una institución ensimismada en la formación técnica tradicional para convertirse en una universidad democrática, pluralista y profundamente vinculada al desarrollo nacional.
La gestión de Kirberg redefinió el rol de la universidad pública. Su legado más emblemático fue la apertura de las aulas a los trabajadores a través de programas especiales de acceso, materializando la consigna de que el saber debía pertenecer al pueblo. Durante su rectoría se descentralizó la educación: la universidad expandió sus sedes a lo largo de Chile, llegando a regiones postergadas con oferta académica pertinente y comprometida con el territorio. Del mismo modo, se democratizó el gobierno universitario, a través de la instauración de órganos colegiados donde estudiantes, académicos y funcionarios participaban activamente en la toma de decisiones.
Asimismo, se fundió el arte con la vida social. La cultura se convirtió en derecho cotidiano. Es imposible recordar aquella época sin evocar la impronta de la Editorial de la UTE y de la Secretaría Nacional de Extensión y Comunicaciones, que al momento del Golpe de Estado trabajaba en la preparación de un nuevo canal universitario de televisión. A esas labores en el campo de la cultura había sido convocado Víctor Jara, encarnando el espíritu de una universidad que cantaba, creaba y pensaba junto a los obreros y campesinos.
El golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973 ensombreció a Chile y convirtió a la UTE en uno de los principales bastiones de resistencia democrática. En medio del bombardeo a la Universidad, Enrique Kirberg demostró una estatura moral monumental.
Fue detenido, vejado y encarcelado en Isla Dawson. En el exilio continuó su labor académica, sin perder la esperanza en el regreso de la democracia y un camino de justicia social para Chile. Retornó a Chile en 1989 y falleció en 1992, luego de recibir un doctorado honoris causa por la Universidad de Santiago (USACH), sucesora de la UTE.
La figura de Kirberg representa el arquetipo del educador comprometido que entiende que el conocimiento es una herramienta de emancipación. Su visión de la universidad como un espacio de transformación social sigue iluminando los debates contemporáneos sobre la educación pública.
Por Víctor Osorio. El autor es periodista.
Santiago, 2 de agosto de 2026.
Crónica Digital.
LAS OPINIONES VERTIDAS EN ESTE ARTICULO, SON DE EXCLUSIVA RESPONSABILIDAD DEL AUTOR.
