CHILE, SEPTIEMBRE DE 1973: FUE UN GOLPE DE ESTADO DE LARGA GESTACIÓN

Por: Edgar Amílcar Morales. Corresponsal en Chile de la Agencia Informativa Prensa Latina.

Crónica Digital. 15 septiembre, 2026

La mañana del martes 11 de septiembre de 1973 infantes de la Armada, con el apoyo del Ejército, tomaron el puerto y la ciudad de Valparaíso como primer acto del golpe de Estado que hundiría a Chile en una larga noche de 17 años.

De acuerdo con la reconstrucción de los hechos, el subdirector de Carabineros, general Jorge Urrutia, informó del levantamiento al Presidente Salvador Allende, quien se encontraba en su residencia de la calle Tomás Moro y decidió partir inmediatamente hacia La Moneda.

Así se evitó la captura en su propia casa, como indicaba el guion original de la asonada, y le permitió organizar la defensa del Palacio que durante horas de resistencia heroica enfrentó el cuartelazo, hasta la muerte del Primer Mandatario.

Si para muchos la batalla en La Moneda fue el prólogo de lo que le esperaba al pueblo de Chile durante más de una década y media, en realidad todo indica que ese día ocurrió el epílogo de una conspiración comenzada años atrás.

Peter Kornbluh, investigador y analista en la organización no gubernamental Archivo de Seguridad Nacional de Estados Unidos, y autor del libro “Pinochet Desclasificado”, afirma que todo arrancó casi inmediatamente después de la elección de Allende en 1970 y cuando el Congreso aún no ratificaba el resultado.

EL LARGO CAMINO HACIA EL CUARTELAZO

El 4 de septiembre de 1970 se celebraron los comicios presidenciales en Chile y la Unidad Popular, venció con una estrecha ventaja a Jorge Alessandri, lo cual obligó a que el Congreso Pleno tuviese que validar los resultados en un plazo de 40 días.

Un poco después desde Washington el Presidente Richard Nixon, su Asesor de Seguridad Nacional, Henry Kissinger, y el director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), Richard Helms, comenzaron a conspirar junto a sectores de la oligarquía chilena para evitar que Allende tomara posesión del cargo.

De acuerdo con Kornbluh, se utilizaron para eso algunos contactos ya existentes en diversas esferas de Chile, como ocurría en muchos países de América Latina.

Dentro de las acciones implementadas figuró el envío de armas por medio de la valija diplomática para equipar grupos encargados de acciones clandestinas, orientados a crear un ambiente de intranquilidad en el país.

En este entorno ocurrió la muerte en un intento de secuestro del comandante en jefe del Ejército, René Schneider, con la idea de generar un golpe e impedir así la consumación del proceso electoral.

No obstante, el Parlamento decidió ratificar los resultados de los comicios, sin ceder a las presiones de inclinarse por el ocupante del segundo lugar, Jorge Alessandri.

Salvador Allende asumió por fin la Presidencia de la República el 3 de noviembre de 1970 e inmediatamente comenzó otra etapa de la conspiración en su contra, ahora centrada en destruir la economía y frustrar el programa denominado como la “vía chilena al socialismo”.

EL BLOQUEO FANTASMA

Uno de los grandes hitos de la Unidad Popular fue la nacionalización de la minería del cobre, aprobada por unanimidad en el Congreso por medio de una reforma a la Constitución en julio de 1971.

Los principales yacimientos que estaban en manos de corporaciones de los Estados Unidos y grupos económicos poderosos de Chile pasaron al control del Estado, medida considerada como una afrenta en Washington.

Entre las firmas nacionalizadas estuvieron Anaconda Copper Mining; Chile Exploration Company; Andes Copper Mining y Kennecott Copper Corporation, que controlaba el yacimiento subterráneo más grande del mundo por medio de su filial El Teniente, operado por la Braden Copper Company.

Además, se profundizó el proceso de expropiación de latifundios con una reforma agraria que había comenzado la Administración de Eduardo Frei Montalva, y se creó el Área de Propiedad Social, incluida la estatización de sectores estratégicos de la economía.

Por primera vez fueron implementados programas sociales y de salud, como el medio litro de leche diario para los niños, destinado a combatir la desnutrición, quedaron congelados los alquileres y los salarios de los trabajadores tuvieron un reajuste al alza.

Cada una de estas acciones provocaron una reacción adversa entre las capas poderosas del país que, junto a Estados Unidos, arreciaron las hostilidades contra el Gobierno.

En el plano internacional Chile sufrió un bloqueo fantasma, es decir, no declarado como tal, pero con graves daños internos.

Por influencia de Washington, organismos internacionales como el Banco Mundial y Banco el Interamericano de Desarrollo, bloquearon créditos hacia Chile y las entidades privadas estadounidenses cortaron todas las vías de financiamiento.

Así, quedaron cancelados préstamos para la compra de maquinaria y repuestos clave en la minería de cobre, el transporte y la industria, cuya tecnología era sustancialmente de origen estadounidense.

De manera paralela entre 1971 y 1972 ocurrió una fuerte caída del precio internacional del metal rojo, ocasionando una reducción del ingreso de recursos al país.

Al mismo tiempo, grandes empresarios locales ocultaron mercancías, incluidos alimentos básicos, y el poderoso gremio de los camioneros, todos vinculados a la oligarquía local, declararon paralizaciones para mantener vacíos los mercados y crear incertidumbre y malestar entre la población.

En el ínterin, los altos mandos de las Fuerzas Armadas ajustaban los planes para ejecutar un cuartelazo, que fueron acelerados luego de una intentona ocurrida el 29 de junio de 1973, conocida como el “Tanquetazo”.

En esa oportunidad, el teniente coronel Roberto Souper comandó el Regimiento Blindados para rodear La Moneda y el Ministerio de Defensa, si bien fue reducido por tropas encabezadas por el entonces Comandante en Jefe del Ejército, general Carlos Prats, con la colaboración del segundo al mando del Ejército, Augusto Pinochet, quien entonces se mostraba como leal a la Constitución.

Este hecho convenció a los conspiradores de que antes de iniciar una acción decisiva contra el Presidente Allende, debían deshacerse de Prats, quien se vio forzado a renunciar el 23 de agosto de 1973, cuando fue reemplazado por Pinochet.

Eso no fue suficiente para los conspiradores y poco más de un año después, en la madrugada del 30 de septiembre de 1974, el general y su esposa murieron por un atentado con coche bomba en Buenos Aires, perpetrado por la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA).

LA BATALLA DE LA MONEDA

Los preparativos golpistas del ejército y la oligarquía, que según Peter Kornbluh fueron minuciosamente monitoreados y transmitidos a los Estados Unidos por agentes de la CIA instalados en Chile, se hicieron realidad el 11 de septiembre de 1973 con un brutal ataque contra la sede del gobierno.

En una entrevista concedida a la Agencia Informativa Prensa Latina para el 50 aniversario de estos sucesos, Juan Osses (Silvio), uno de los pocos sobrevivientes del asalto al palacio presidencial, narró que tras conocerse el inicio de la asonada miembros del Grupo de Amigos del Presidente (GAP) llegaron hasta la Moneda para reforzar la defensa.

“Entramos y empezamos a desplazarnos en el lugar cuando la guardia de carabineros abandonó sus posiciones y fuimos a los arsenales de donde sacamos fusiles, cargadores y máscaras antigases y comenzó la confrontación”, dijo.

Silvio cuenta que en la batalla vio al Presidente, cuando éste fue avisado de la muerte del periodista Augusto Olivares, un gran amigo suyo, quien al ver cómo la causa se perdía, optó por inmolarse.

“Estaba tendido en una camilla, con su ametralladora, lleno de sangre. Al lado, con una rodilla en el suelo, se encontraba nuestro presidente con su casco y su Kaláshnikov”, narró.

Después, dijo, Allende volvió al segundo piso y cada cual siguió con la dinámica de combate hasta que llegó el bombardeo.

“A medida que caían las bombas el edificio se movía, saltaba, se incendió y se llenó todo de humo. Era una monstruosidad lo que aguantaba a pesar de la intensidad del fuego”, contó.

Tras quedarse sin municiones, recuerda, salió al patio y descubrió que ya estaba tomado por los golpistas que lo sacaron a golpes por la puerta de Morandé 80 y lo tiraron al suelo junto a un pequeño grupo de compañeros sobrevivientes.

Allí uno de ellos le informó: “Silvio, el doctor ha muerto”.

La batalla había terminado y la oscuridad caía sobre el país.

Santiago de Chile, 15 de septiembre de 2026.

Crónica Digital / Prensa Latina.

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