EL SILENCIO, LA ESTATUA Y EL SALARIO

Jean Flores Quintana. Politólogo. «El Siglo». Santiago. 24/09/2026

Las encuestas de este fin de semana hunden al mandatario en un 29% de apoyo frente a un 60% de reprobación. Ante la caída, los consorcios periodísticos asumen su función como el verdadero partido orgánico de la burguesía. El Mercurio y La Tercera levantan gruesas cortinas de humo para invisibilizar el malestar.

La crisis global y el laboratorio chileno 

El capitalismo atraviesa una crisis sistémica de acumulación. Para sostener su hegemonía en declive, el imperialismo recurre a la guerra y al genocidio como mecanismos de salvataje económico.

La barbarie televisada en Palestina y la expansión militarista de la OTAN confirman la fase de putrefacción del sistema. En paralelo a esta maquinaria bélica, el capital transnacional exige liquidar las conquistas laborales a escala global para recuperar sus tasas de ganancia. La ultraderecha asume el rol de fuerza de choque de este proyecto histórico. En nuestro país, la ejecución de este mandato recae sobre un gobierno en fase terminal. El proyecto de José Antonio Kast experimenta un derrumbe político.

El partido de la burguesía y el cerco sanitario 

Las encuestas de este fin de semana hunden al mandatario en un 29% de apoyo frente a un 60% de reprobación. Ante la caída, los consorcios periodísticos asumen su función como el verdadero partido orgánico de la burguesía. El Mercurio y La Tercera levantan gruesas cortinas de humo para invisibilizar el malestar.

La Moneda rogaba por una tregua dieciochera; sin embargo, entre cuecas y terremotos, el pueblo castigó duramente la gestión del gobierno de la patronal. El presidente enfrentó una estruendosa pifiadera en la elipse del Parque O’Higgins, escoltada por la hostilidad en él Te Deum y reprimendas transversales en las principales fondas del país. Un régimen desfondado carece del peso político para tramitar el desmantelamiento de los derechos sociales en el Congreso. Por mandato de clase, el periodismo corporativo borró este escarmiento masivo de los matinales y las portadas, operando como un escudo para comprarle tiempo a la élite.

El asalto al salario 

Presionados por el descontento, los grandes empresarios apuran el paso. Con el desempleo rozando los dos dígitos, la patronal lanza un ataque directo contra el bolsillo de las familias. La receta la escribió Libertad y Desarrollo en su informe de julio: «5 razones para terminar con la indemnización por años de servicio». Semanas después, el 12 de agosto, la presidenta de la CPC, Susana Jiménez, confesó el plan en Radio Infinita. Exigió reemplazar este derecho histórico, llamándolo un simple «costo» para las empresas.

Acatando esa orden, el Ministerio del Trabajo de Tomás Rau busca destruir el logro de las 40 horas mediante un truco legal. Quieren medir la jornada de trabajo en bloques de 16 semanas (cuatro meses). La trampa funciona así: obligarán a la gente a trabajar semanas agotadoras de más de 50 horas durante las temporadas de alta demanda, eliminando totalmente el pago de horas extras. Luego darán semanas más cortas para fingir que respetan la ley en el promedio final.

En paralelo, buscan desmantelar la indemnización por despido. Quieren que cada trabajador se pague su propio finiquito usando sus ahorros del Seguro de Cesantía. Exigen abaratar el despido ahora mismo. Buscan amarrar estos contratos abusivos antes del colapso definitivo de La Moneda. Pretenden que la crisis económica la pague el pueblo, robándole los derechos ganados tras décadas de lucha sindical.

Pacificación de Plaza Dignidad 

Esta arremetida material requiere su propio blindaje institucional. El retorno de la estatua de Manuel Baquedano opera como el brazo cultural del ajuste económico, un acto de matonaje clasista destinado a consumar la pacificación de Plaza Dignidad.

La oligarquía repite la vieja pedagogía del terror aplicada durante toda nuestra historia republicana. Restituyen el monumento para decretar el sometimiento del país. Reducen la movilización popular de octubre de 2019 a un asunto policial. Plantan ese símbolo militar como una advertencia en tiempo real: notifican a las poblaciones y a los sindicatos que el aparato represivo del Estado permanece intacto y dispuesto a masacrar la protesta social.

La tarea del momento 

El gran capital sostendrá a este gobierno agónico hasta exprimir su última utilidad legislativa.

Las fuerzas populares deben responder con una contraofensiva en todos los frentes. Nos corresponde articular un bloque histórico donde confluyan las fuerzas paralizadoras del mundo sindical, gremial, portuario y estudiantil, junto a la potencia anticapitalista del movimiento feminista. Debemos entrelazar el poder productivo con la resistencia territorial y barrial, asumiendo como propia la lucha histórica del pueblo mapuche contra el latifundio. La unidad de estas fuerzas constituye la única herramienta material capaz de frenar el despojo y abrir paso a un proyecto que defienda la vida.

Frente a la cultura de la precarización, nos toca resguardar los derechos conquistados y organizar la esperanza para cimentar el camino hacia el buen vivir.


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