ELECCIÓN PRESIDENCIAL EN BRASIL: LULA CONTRA BOLSONARO

Columna de opinión por Alexis Cortés, director del Doctorado en Sociología de la Universidad Alberto Hurtado – Radio.uchile.cl - 29-09-2026

Como siempre la elección brasileña concentra la atención por los efectos que puede tener para el vecindario en un contexto de impulso de la doctrina Donroe. En ciertos aspectos parece un deja-vu de hace 4 años atrás, cuando el presidente en ejercicio Jair Bolsonaro se enfrentó al actual mandatario Luis Inácio Lula da Silva, ganando este último por 1,8% de diferencia.

Como en aquella ocasión hay una polarización entre el lulismo y el bolsonarismo, esta vez encabezado por el Senador Flavio Bolsonaro, ante la condena y, por consiguiente, inhabilidad del patriarca familiar para presentarse como candidato tras el intento de Golpe de Estado ocurrido el 8 de enero de 2023 que buscó impedir que Lula asumiera su mandato. En consecuencia, no ha emergido ninguna tercera vía que pueda romper la dicotomía dominante, principalmente porque las candidaturas menores que puntúan en las encuestas se enmarcan principalmente en la derecha y, por tanto, en el campo del anti-petismo.

También como hace 4 años, la elección parece marcada por una disputa de techos de rechazo. Son particularmente altas las cifras de electores que jamás votarían por alguno de los candidatos principales (47% para cada uno según DataFolha), lo que les deja un escaso margen de crecimiento a ambos para la segunda vuelta. En principio eso podría favorecer a Bolsonaro, ya que no hay ningún candidato del campo de la izquierda que puntúe y que pueda, luego, transferir votos a Lula. Con todo, en la elección de hace 4 años, Lula da Silva necesitó subir apenas poco más de 2 puntos porcentuales para quedarse estrechamente con la victoria. Lula tiene poco espacio de crecimiento, pero puede repetir un incremento modesto, pero suficiente en la segunda vuelta.

La gran diferencia es que hoy Lula da Silva enfrenta una nueva elección desde el gobierno sin exhibir la popularidad de otrora y condicionado por un modesto apoyo a su gestión de tan sólo 34% (DataFolha), mientras que la mitad de los encuestados dice desaprobar su gobierno. Al mismo tiempo, en esta ocasión las proyecciones muestran una primera vuelta más estrecha que hace 4 años, cuando Lula le sacó 5 puntos de ventaja a Jair Bolsonaro. Así, diversas mediciones coinciden en un empate estadístico, pero a menos de una semana Lula empieza a dar señales de recuperación y Flavio, de estancamiento.

Por otra parte, aunque probablemente se mantendrá la polarización regional, con el noreste (Bahía, Pernambuco, Ceará) votando contundentemente a Lula y el Sur-Sudeste votando a Bolsonaro (Sao Paulo, Rio de Janeiro, Paraná, Rio Grande do Sul); Bolsonaro ha logrado penetrar más en el nordeste, pero también Lula parece estar acortando la brecha en Sao Paulo y Rio de Janeiro (los dos mayores colegios electorales). Con todo, una vez más será Minas Gerais el fiel de la balanza que marcará el desenlace de la elección, quien gane ese Estado probablemente gane la elección.

¿Qué explica la estrechez de las proyecciones? Estar en la presidencia, como ha ocurrido en muchas elecciones en América Latina recientemente, dejó ser una ventaja electoral. Para Lula fue más fácil desafiar el criticado gobierno de Bolsonaro con la memoria de sus exitosas gestiones anteriores, que buscar la reelección con un gobierno que ha estado por debajo de las expectativas, pues, aunque ha exhibido buenas cifras macroeconómicas, esto no se ha reflejado en el bolsillo de la población, en especial de los sectores populares que son quienes lo sostienen electoralmente. Está por verse si el anuncio de reajuste de un 15% del “bolsa familia” (beca familiar) lo reencuentre con los más pobres. Vale recordar que cuando Bolsonaro subió en 50% el beneficio, también a pocas semanas de la deliberación, no logró el efecto electoral que deseaba.

Lo que ha marcado más fuertemente las elecciones brasileñas ha sido un escándalo financiero: el caso del Banco Master. La detención de su dueño, Daniel Vorcaro, ha sido un terremoto institucional. Básicamente el esquema piramidal del Banco solo fue posible gracias a una amplia ramificación de favores, beneficios y coimas a un vasto espectro de políticos brasileños, pero también a jueces de la Corte Suprema. Aunque la gran mayoría de los implicados pertenecen al campo bolsonarista, también se comprobó la presencia de un político del PT y, sobre todo, ha sido cuestionado el Ministro del Supremo Tribunal Federal, Alexandre de Moraes. Si bien Moraes fue indicado por Michel Temer y difícilmente sería calificable como un juez de izquierda, es la figura más fuertemente asociada al anti-bolsonarismo, por haber sido quien presidió el juicio contra Bolsonaro y sus apoyadores que invadieron la Plaza de los Tres Poderes en enero de 2023.

Flavio Bolsonaro ha apostado todo a la asociación de Moraes con Lula. Una jugada arriesgada, si se considera que fueron revelados audios que lo muestran solicitándole casi 26 millones de dólares para financiar la película dedicada a su padre, Dark Horse. Es más, el inicio de un proceso contra el Juez Moraes expuso a otro juez de la Suprema, también beneficiado por Vorcaro, André Mendonça, afín al bolsonarismo, y quien hasta hace poco estaba a cargo del caso y habría utilizado esa posición para hacer filtraciones selectivas favorables a Flavio, ocultando su condición de investigado. Aunque el escándalo reactivó el encuadre que asocia el PT a la corrupción, se empiezan a ver los primeros efectos del envolvimiento directo de Flavio Bolsonaro con Daniel Vorcaro.

En efecto, la última encuesta de la consultora Quaest señala un crecimiento modesto, pero eventualmente determinante de Lula en 3 grupos donde el actual presidente ya mostraba ventajas: las mujeres (+ 9 ptos. de diferencia en total), los más pobres (+ 26 ptos.) y los católicos (+ 13 ptos.). El aumento en el bolsa familia, el compromiso de Bolsonaro con el caso Master y el anuncio del fin de las Bets (plataformas de apuestas on line) por parte del gobierno son los factores que señalan como impulsores de estos incrementos.

Finalmente, es probable que el factor internacional influya en el resultado. No solo por los informes de inteligencia brasileña que alertan sobre operaciones de intervención norteamericana en la campaña, sino también por la fuerte asociación del clan Bolsonaro al trumpismo. Eduardo, hermano del candidato, está auto-exiliado en dicho país y ha sido uno de los artífices de las sanciones anunciadas contra Brasil por parte de EE.UU. Estos elementos han llevado a inéditos pronunciamientos de la Iglesia Católica a favor de la soberanía nacional, lo que ha sido leído como un gesto favorable a Lula y también han permitido a la izquierda disputarle los símbolos nacionales que, hasta ahora, habían sido monopolizados electoralmente por la derecha.

Si Brasil se inclina por Bolsonaro se consolidaría un giro reaccionario continental propicio para las pretensiones de Trump. Si, en cambio, Lula consigue la reelección, Brasil continuará jugando un rol de contrapeso, transformando a Lula y el PT en la experiencia electoral más exitosa para la izquierda latinoamericana.


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