LA NUEVA GEOPOLÍTICA DEL ATLÁNTICO SUR

Marcelo Mella Polanco – Apuntes Politicos – 03 de octubre 2026

En los últimos meses se han sucedido declaraciones encontradas entre autoridades argentinas y chilenas respecto de asuntos territoriales y estratégicos de la región austral. Aunque la proximidad ideológica entre los presidentes Javier Milei y José Antonio Kast hacía esperable un mejoramiento de las relaciones diplomáticas, en los hechos se ha producido, a poco andar, no sólo el abandono de la hipótesis de “cero conflicto”, sino también anuncios de fortalecimiento militar preventivo en la zona. El problema, sin embargo, parece exceder los antiguos asuntos territoriales. Lo que comienza a configurarse es una transformación de más larga duración en las relaciones geoestratégicas regionales, impulsada por la nueva geopolítica global de la energía.

Durante décadas, el extremo sur de América Latina fue observado como una periferia estratégica. Ese mapa está cambiando como consecuencia de la creciente demanda energética de las principales potencias y de la búsqueda de fuentes de abastecimiento más seguras. El complejo de Vaca Muerta, en la provincia argentina de Neuquén, y el yacimiento offshore Sea Lion, al norte de Malvinas/Falklands, están convirtiendo a Patagonia, Magallanes y el Atlántico Sur en una nueva zona de interés geoestratégico para el mercado mundial de la energía.

En agosto de 2026, Vaca Muerta produjo cerca de 670 mil barriles diarios de petróleo y 95 millones de metros cúbicos diarios de gas. YPF proyecta que hacia 2031 las exportaciones energéticas argentinas podrían alcanzar los US$50 mil millones anuales. Si esa trayectoria se consolida, la energía dejará progresivamente de constituir una vulnerabilidad para Argentina y comenzará a transformarse en un recurso de poder económico y político.

Por otra parte, el yacimiento Sea Lion, ubicado 220 kilómetros al norte de Malvinas/Falklands (Dentro de la zona económica exclusiva, ZEE), proyecta iniciar su producción en 2028 con una capacidad cercana a 55 mil barriles diarios. Sus operadores estudian, además, una expansión que podría agregar hasta 125 mil barriles diarios. El gobierno de Milei mantiene el reclamo argentino de soberanía sobre las islas y sus espacios marítimos y cuestiona la explotación de estos recursos bajo jurisdicción británica.

La aparición del petróleo modifica significativamente una disputa histórica entre Argentina y Reino Unido. Mientras el recurso permanece bajo el océano, el conflicto puede continuar predominantemente en el terreno diplomático. Cuando comience la explotación, en cambio, se incorporarán inversiones, infraestructura, empresas, contratos y rentas que aumentarán los incentivos de ambos actores para defender sus posiciones. El avance de Sea Lion, por ello, probablemente contribuirá a endurecer la controversia por Malvinas.

Chile se encuentra inevitablemente próximo a este nuevo escenario, más allá de la pertinencia de las recientes declaraciones del canciller argentino Pablo Quirno y del ministro de Defensa chileno Fernando Barros. Punta Arenas posee una ventaja geográfica evidente por su proximidad a Puerto Stanley, especialmente frente a otros puertos regionales como Montevideo, considerando además que los puertos argentinos permanecen cerrados al tráfico con las islas debido al reclamo de soberanía de Buenos Aires. Si aumenta la actividad petrolera y comercial en Malvinas, también crecerá la demanda por transporte, abastecimiento, reparación y servicios marítimos. Surge entonces una tensión entre el interés económico de Magallanes, la relación estratégica con Argentina y la posición chilena frente a la controversia de soberanía.

Vaca Muerta fortalece a Argentina como actor geoestratégico en el mercado internacional de la energía, mientras Sea Lion introduce nuevos intereses materiales en una disputa que durante décadas permaneció relativamente contenida. Entre ambas dinámicas, el Atlántico Sur adquiere un valor que durante mucho tiempo pareció secundario. Las representaciones geopolíticas suelen cambiar antes de que quienes habitan los territorios comprendan plenamente la magnitud de esa transformación.

El extremo sur vuelve al centro porque hoy convergen allí energía, minerales estratégicos, rutas marítimas y la competencia entre Estados Unidos y China por cadenas de suministro seguras, infraestructura y acceso a recursos. En este escenario, el desafío para Chile requiere reconocer la complejidad del nuevo tablero y definir con mayor claridad qué papel puede y debe desempeñar el país para proteger sus intereses nacionales en una región cuyo valor estratégico está aumentando.

  • Marcelo Mella Polanco  - Director Departamento de Estudios Políticos
  •  Facultad de Humanidades - Universidad de Santiago de Chile

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