CAMILA VALLEJO (PC): “EL CANDIDATO KAST LE PEDIRÍA HOY DÍA LA RENUNCIA AL PRESIDENTE KAST, PORQUE NO HA CUMPLIDO NADA DE LO QUE PROMETIÓ” – PARTE I

Por Rodrigo Córdova – The Clinic - 11 De Octubre De 2026

En su primera entrevista con un medio escrito desde que dejó La Moneda, la exministra vocera aborda el avance de la extrema derecha en América Latina, cuestiona los primeros siete meses del Gobierno de José Antonio Kast y plantea una autocrítica al progresismo por haber llegado tarde a la disputa cultural y al terreno digital. Además, analiza el retorno de Michelle Bachelet al debate político nacional, defiende su rol como figura de unidad y aborda los desafíos del Partido Comunista de cara a su Conferencia Nacional. “La extrema derecha leyó mejor a Gramsci que la izquierda”, sostiene.

Camila Vallejo dice que no echa de menos La Moneda. A pesar de que su agenda ya no es como la de una ministra vocera de gobierno y de que tampoco está expuesta diariamente a las cámaras y a la prensa, sus proyectos personales, la política y el tiempo de calidad en familia logran copar las horas disponibles de su semana.

Con todo, se las arregla para encontrar tiempo para viajar al extranjero y asistir a los encuentros a los que invitan distintos sectores de izquierda latinoamericana. El domingo pasado, de hecho, acompañó al bloque progresista brasileño y a Lula da Silva en Sao Paulo durante la primera vuelta presidencial. Hoy, en tanto, emprende viaje a México, tras ser invitada por el Gobierno de Claudia Sheinbaum al “Seminario Internacional: El progresismo frente a la extrema derecha”.

Desde una oficina ubicada en la comuna de Ñuñoa, Vallejo conversa por primera vez con un medio escrito desde que dejó la vocería de Gobierno. Antes, acostumbrada a lucir formal. Ahora, en esta entrevista con The Clinic, lleva un look más bien casual: un chaleco suelto de tonos tierra y otoñal, con jeans color café y zapatillas.

Aunque su imagen ya no es la de una autoridad que ejerce un cargo en el Ejecutivo o el Parlamento, Vallejo está lejos de abandonar la política. “Estoy fuera de la primera línea, pero jamás de la política. Soy una mujer política, tengo una convicción muy profunda de que la principal herramienta para cambiar el estado de las cosas y pucha que es necesario cambiar el estado de las cosas en Chile”.

—¿Echa de menos ese espacio de protagonismo o de influencia mediática diaria?

—No, eso tiene sus pros y sus contras. Cada rol que uno asume tiene un momento en la historia y, por lo tanto, no tengo en mi cabeza esa idea de que me gustaría seguir haciendo lo mismo en este momento. Estoy en otra etapa, con otros proyectos que creo que son importantes para el progresismo y los desafíos que tenemos en Chile y para América Latina también.

—El fin de semana pasado fue a Brasil, viajó para las elecciones de primera vuelta. ¿Por qué?

—Me llegó la invitación de los partidos que apoyan a Lula para poder ser parte de una delegación internacional de observadores del proceso electoral para resguardar la integridad del proceso, observar aquello, apoyar el proceso. También fui por mis propias convicciones, entendiendo la importancia que tiene esta elección para América Latina e incluso para el mundo. Creí importante aceptar esa invitación.

“El pinochetismo llegó al poder, pero no es mayoría en nuestro país aunque griten mucho y tengan más presencia en redes sociales”

—¿Por qué es importante esa elección?

—Es evidente que hoy día tenemos una arremetida mucho más violenta del imperialismo estadounidense. Lo que ha dicho el presidente Donald Trump es que busca actualizar la doctrina Donroe, que es una doctrina que se basa en entender que América Latina es un espacio que tiene que estar controlado por Estados Unidos.

En ese sentido, lamentablemente, ha habido muchos mandatarios de América Latina que son afines ideológicamente Trump, de extrema derecha, incluido nuestro Presidente Kast, que se han ido alineando con esa agenda. Uno de los países que queda en la región que no se ha sometido a esa doctrina es Brasil, particularmente Lula, con su carácter, pero también con su mirada de entender la importancia que es resguardar 200 años de soberanía de nuestros países.

—¿El gobierno de José Antonio Kast es de extrema derecha?

—Totalmente. Pero todavía no se logra imponer la derecha tradicional en la agenda. Lo que tenemos es que el Presidente Kast no es mayoría a pesar de tener mayoría parlamentaria. Llegó el pinochetismo al poder, pero el pinochetismo no es mayoría en nuestro país, aunque a veces griten mucho, tengan más presencia en redes sociales y digan las aberraciones que dicen. El negacionismo que tratan de imponer en la conversación pública sobre los horrores que cometieron durante la dictadura sigue siendo una minoría.

—Pero llegaron al poder…

—Lo que pasa es que, por razones circunstanciales electorales, llegan al poder. Tienen una correlación de fuerzas favorable en el Parlamento, pero no están siendo un gobierno de mayoría social y en cada decisión que toman se demuestra su clasismo, su mirada ideológica, que no está resguardando los intereses de las grandes mayorías y eso se reflejó con la reforma tributaria, que favoreció a los más ricos, eso se está reflejando con la Ley de Presupuesto.

—En el caso de Brasil, nuevamente la izquierda fue doblegada y ahora por el hijo de Jair Bolsonaro, que es un aliado del Presidente Kast.

—Son cuestiones que son propias de Brasil y de su historia y su realidad social, política, religiosa. Desde hace algunas décadas en Brasil han crecido mucho las iglesias neopentecostales y eso ha generado además una irrupción muy fuerte en la esfera política.

Pero también hay una cuestión que es más estructural y que nos ha tocado vivir a nosotros y a varios países de América Latina: la ultraderecha ha sido mucho más hábil para dominar la conversación pública y posicionar sus temas.

—¿Por qué?

—Porque se les ha naturalizado, se les ha dado mucho espacio, que antes no pasaba, tanto en medios, como en la derecha tradicional que no ha puesto cercos sanitarios y ha evitado diferenciarse por razones electorales. Hemos asimilado también, lamentablemente, los marcos interpretativos de los problemas que tenemos en seguridad, en economía, de la extrema derecha o de derecha sin disputarlo.

Carlitos Marx decía que las ideas dominantes son las de la clase dominante y la derecha siempre ha entendido y ha invertido en construir infraestructura para dar en la disputa, como de la batalla cultural o hegemónica. Ha invertido en medios, en universidades, pero hoy día también han invertido mucho en el espacio digital y lo comprendieron antes que el progresismo. La ultraderecha ha dado esa disputa y esa batalla en la calle digital antes y de mejor manera que la izquierda y el progresismo.

La exministra Camila Vallejo estuvo en Brasil para la primera vuelta presidencial el domingo pasado. Foto: Francisco Paredes / The Clinic.

Vallejo: “La extrema derecha leyó mejor a Gramsci que la izquierda”

—Tras las elecciones en Brasil usted realizó una transmisión en vivo por Instagram y señaló que el progresismo debe hacerse una autocrítica. ¿Cuál es esa autocrítica?

—La izquierda y el progresismo cometimos el error de negar que esto era un problema emergente. A la extrema derecha no podíamos subestimarla aunque apareciera con resultados electorales de un 2%, 3%, 4% o 5% en su momento.

Segundo, creo yo que llegamos tarde a interpretar el fenómeno de las redes sociales y cómo dar la disputa en esa cancha, la de disputar el sentido común en la conversación digital. Hay más cosas, pero lo tercero es que tenemos una crisis de las democracias liberales y quizá la respuesta no es solamente más democracia liberal, sino que dotar de nuevo sentido a la democracia y profundizarla.

—¿A qué se refiere?  

—Por más que los gobiernos progresistas que hemos logrado llegar al espacio de toma de decisión, avanzamos en aumentar los salarios, aumentamos la capacidad de ingreso, ampliamos las coberturas de derechos sociales, siempre terminamos haciendo pequeños cambios al modelo socioeconómico, pequeños rasguños al modelo impuesto y no logramos cambiar significativamente un modelo que es estructuralmente desigual.

Ahí está el desafío de la izquierda y, sobre todo, nosotros, la izquierda comunista, que somos materialistas al final, tenemos que abogar por un desarrollo productivo, un modelo económico que permita acelerar las capacidades productivas con orientación estratégica para que un nuevo proceso de industrialización llegue con los recursos a todos los sectores y a los que históricamente han estado marginados y con buen empleo, con buena provisión de salud, de cuidado, de pensión, etc. Ahí está como el gran desafío de actualizar nuestra propuesta económica y hacerla atractiva y deseable.

—Pero para llegar a un espacio de toma de decisiones y cambiar la estructura también se requiere mayoría social. En el gobierno anterior se dijo que iban a terminar las AFP y finalmente se mantuvieron.

—La historia nos enseña que llegar al gobierno no es hacerse necesariamente de todo el poder que necesitas para cambiar profundamente las cosas. Por eso es tan importante entrar de lleno a la disputa por el sentido común y la batalla cultural que la extrema derecha, insisto, leyó mejor a Gramsci que la izquierda, y no solamente lo leyó, sino que armó sus propias herramientas para dar esa disputa y nosotros, lamentablemente, llegamos tarde.

Ahora hay una mejor comprensión de cómo funcionan las redes sociales, de cómo combatir, la desinformación y las fake news en redes sociales, pero sigue siendo insuficiente.  Por otro lado, hay que apostar a construir programas que no sean solo programas de gobierno, sino que sean de un proyecto político de mayoría.

—Se atribuye mucha responsabilidad a las fake news y a las redes sociales a propósito de los resultados electorales. ¿No cree que eso puede ser engañoso?

—Son muchos factores y no es atribuible las derrotas del progresismo o de la izquierda frente a la extrema derecha solo a el tema digital o su capacidad de instalar posverdades o fake news. Eso es un componente y no podemos ser ingenuos y desconocerlo. Eso también sería un error porque ahí hay una batalla que se está dando y que está incidiendo en la conversación pública, pero no lo explica del todo. Por ejemplo, la extrema derecha, y en Chile el pinochetismo, tienen mucha más conciencia de clase que la izquierda y el progresismo.

—¿A qué se refiere?

—Ellos llegan al poder prometiendo seguridad, mejor crecimiento económico, más empleo. A siete meses vimos que no lo logran y, muy por el contrario, no cumplen. Un fracaso en su plan de seguridad, su plan proempleo es totalmente insuficiente, pero sí tuvieron muy claro al inicio del gobierno que había que bajarle los impuestos a los más ricos.

A ellos no les interesa ser mayoría social, les interesa llegar al poder para privilegiar a los sectores que son de su propia clase. Después de que se aprobó la reforma tributaria, sin ningún informe que probara que esto iba a ayudar a reactivar la economía, una encuesta, a la semana siguiente, señaló que más del 70% de la gente está de acuerdo con que a las grandes empresas se le aumenten los impuestos, no se les baje. Ahí hay una desconexión muy grande entre las decisiones que se están tomando por parte de esta extrema derecha frente a lo que requiere la gente.

—¿Cuál es el desafío entonces?

—Cómo volvemos a generar una conciencia en las personas que son de familia trabajadora de que hay un sector muy poderoso en nuestro país, que se hace de más poder al gobierno no para favorecerlo, sino que para privilegiar principalmente a los suyos y que tiene más conciencia de clase que nosotros.

Camila Vallejo ha sostenido un trabajo enfocado en desinformación, fake news y avance de la extrema derecha en el mundo. Foto: Francisco Paredes / The Clinic.

“Eficientar el gasto del Estado no significa que le quiten los computadores a los niños y niñas de séptimo básico”

—¿Cuál es su evaluación respecto al gobierno de José Antonio Kast en los primeros siete meses?

—El candidato Kast le pediría hoy día la renuncia al Presidente Kast, porque no ha cumplido nada de lo que prometió. Y si pudiéramos trasladar el comportamiento del candidato Kast a la actualidad, estaría impugnando todas las decisiones del gobierno y pidiendo renuncia a ministros.

A siete meses de haber llegado al poder se ha demostrado que es un gobierno extremadamente clasista y que no le interesa necesariamente conectar con las necesidades de la gente. Por eso hay un divorcio muy grande entre las decisiones que está tomando en materia presupuestaria, en materia de agenda legislativa, con lo que está viviendo y sintiendo la población. Por eso quitaron el programa Yo Elijo Mi PC, por eso están reduciendo los recursos a la ley Ricardo Soto y por eso el plan de subsidio al empleo es menor que el de 2026, a pesar de que tenemos una crisis de empleo que está llegando casi al 10%.

FIN DE PARTE 1/2 - MAÑANA SEGUNDA PARTE 


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