“EL FRACASO DE LAS SOCIEDADES DE BIENESTAR”: EL MENTÍS DE LOS DATOS

Por: Mauricio Jelvez Maturana. Coordinador Foro para el Desarrollo Justo y Sostenible. Ex Subsecretario del Trabajo

El Mostrador. 3 noviembre, 2026

No cabe duda de que nuestro país tiene mucho que aprender de estas naciones. No para replicar el modelo, sino para extraer aquellos aprendizajes que nos sean más útiles y factibles de aplicar a la realidad de Chile.

En una reciente declaración, el ministro Quiroz señaló: “Cuando los Estados de bienestar crecen sin límites terminan como Francia”. Antes, en la Comisión de Hacienda del Senado había destacado la decisión del Gobierno de Dinamarca de reducir el impuesto a las empresas desde el 21% actual al 19%. En esta última cifra está equivocado, puesto que la reducción propuesta sería del 22% actual al 19% en tres años. Lo que no es un error, sino una omisión sustantiva es que Dinamarca posee una carga tributaria como porcentaje del PIB del 45%, más del doble de nuestro país.

Pero no nos detengamos en los errores u omisiones del ministro que pueden ser consecuencia de una mirada superficial e incompleta de los datos o falta de conocimiento.

Vamos al fondo que refiere a su insinuación del fracaso de las sociedades de Estado de bienestar (EB).

Para ello me apoyaré en la clasificación de los modelos de bienestar que desarrolló Esping-Andersen (1990), de manera de estresar el análisis revisando el desempeño económico y social de los países nórdicos cuyos EB presentan mayores niveles de intensidad y profundidad, lo que queda refrendado en sus mayores Índices de Desmercantilización (Decommodification Index) que miden el grado en que los ciudadanas y los ciudadanos pueden mantener un nivel de vida socialmente aceptable sin depender del mercado de trabajo.

En esta clasificación se pueden distinguir tres modelos de EB con su respectivo referente, estos son: i) el liberal o anglosajón (Reino Unido); ii) el continental o democristiano (Alemania); y iii) el socialdemócrata o nórdico (Suecia). Posteriormente, se agregó una cuarta tipología, como el mediterráneo o EB tardío (España), todas las cuales contienen a la vez cuatro dimensiones de variación.

En el caso del socialdemócrata, sus especificidades son: primero, el EB es el espacio colectivo de la redistribución ante la asignación desigual de rentas mercantiles; segundo, una articulación de su oferta de servicios y transferencias sobre la base de los derechos de ciudadanía; tercero, se caracteriza por una alta cobertura de los convenios colectivos, articulado a una estructura de concertación social muy centralizada y coordinada con altos índices de afiliación sindical, pero con una baja intensidad regulatoria pública del mercado de trabajo; y cuarto, operan como un motor de igualación sobre la estructura de rentas y las jerarquías tradicionales.

Revisemos ahora la performance económica y social de Dinamarca, Suecia, Finlandia y Noruega, que son países que han aplicado este modelo desde la postguerra en adelante, por cierto, sin desconocer sus variantes y los ajustes necesarios realizados a lo largo del período, tanto para corregir imperfecciones o como consecuencia de las alternancias en el poder.

El cuadro siguiente contiene una selección de cinco indicadores trazadores que, en su conjunto, dan cuenta o permiten formarnos una idea más rica de sus desempeños económicos y sociales y el ranking en que se ubican a nivel mundial con cada uno de estos. Agrego una columna de su carga tributaria/PIB y los valores de Chile de acuerdo a estas métricas para visibilizar las brechas que nos separan (Jelvez, Mauricio (2025). Chile: un camino al desarrollo integral. Editorial Universitaria).

Atendiendo a que cada uno de los indicadores representa algo distinto, una breve interpretación de cada uno de estos es la siguiente: i) un PIBpc alto indica un mayor nivel de producción económica promedio por persona y, por ende, una mayor capacidad de generar riqueza; ii) un Índice de Desarrollo Humano (IDH) alto refleja una mejor calidad de vida general para la población de un país, con mayor acceso a la salud, educación y un ingreso adecuado; iii) un valor más bajo del índice GINI indica una distribución más equitativa de los ingresos en la sociedad; iv) un país con un Índice de Competitividad Global (GCI) alto estará indicando una economía más eficiente y con mayor capacidad de proveer prosperidad a sus habitantes y mejores condiciones para atraer inversión y fomentar el desarrollo económico; y v) economías con un Índice de Complejidad Económica (ECI) alto muestran una mayor capacidad para producir bienes y servicios complejos (tecnológicamente avanzados) y diversificados, por lo que tienden a tener un crecimiento económico sostenido y mayores capacidades para adaptarse a los cambios tecnológicos y de mercado.

Luego, al agregar todos estos indicadores, obtenemos un indicador que llamaremos Índice de Desarrollo Económico y Social (IDES).

Así, los valores obtenidos del IDES para los cuatro países nórdicos analizados nos permiten concluir que, en el ranking del conjunto de Países Actualmente Desarrollados (PAD), estos se ubican en el siguiente orden: Dinamarca en segundo lugar; Suecia en el tercero; Finlandia en el quinto; y Noruega en el séptimo lugar, compartiendo este último esa posición con los Países Bajos.

Agrego un dato más por la importancia que tiene este ámbito en Chile. Las tasas de homicidios por cada 100.000 habitantes son para Dinamarca, Suecia, Finlandia y Noruega de 1,20; 1,15; 1,14 y 0,5, respectivamente. En Chile, para el mismo año 2023, fue de 6,3.

Estos son los datos que desmienten a quienes vienen profesando desde la década de los ochenta en adelante el fracaso de las sociedades de bienestar y que, además, no entienden que tanto el mercado como el Estado son necesarios si lo que se busca es contar con sociedades en que sea posible alcanzar, simultáneamente, altos niveles de competitividad en sus economías y de cohesión social.

Por último, no cabe duda que nuestro país tiene mucho que aprender de estas naciones. No para replicar el modelo, sino para extraer aquellos aprendizajes que no sean más útiles y factibles de aplicar a la realidad de Chile. Por lo demás, estas naciones, en la actualidad, están desafiadas a adaptar sus políticas y sociales como consecuencia de los cambios que traen consigo tanto la Revolución Industrial 4.0 como los geopolíticos.

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