LOS TRES CHIFLADOS ESTÁN DE REGRESO

Por: Hugo Alcayaga Brisso. Periodista

El Clarín Chile. 5 noviembre, 2026

Mucho tiempo después de la muerte de los Tres Chiflados son homologados hoy a la perfección por gastados políticos del continente americano obsesionados por dar a conocer sus extravagancias destinadas a desconcertar y atemorizar al mundo: el jefe del imperio yanqui, el candidato derrotado en las presidenciales de Brasil y el desubicado mandatario de Argentina.

El pueblo no les hace caso y, toma sus payasadas con humor porque en la práctica se trata de oscuros personajes de la extrema derecha internacional cuyos dichos y actuaciones revelan insania y constituyen una estafa para la gente normal y porque la democracia no aparece por ninguna parte.

Estos baluartes de otro siglo pretérito expresan convicciones que no son propias de las grandes mayorías. Sus objetivos apuntan a un autoritarismo que no corresponde y a un voluntarismo personal que no considera valores como la autonomía , la independencia ni la soberanía de los pueblos.

El mismo día que acogió al perdedor de los comicios brasileños, Trump dejó al descubierto sus verdaderas intenciones al capturar y secuestrar al presidente venezolano Nicolas Maduro, al que mantiene en una cárcel de Nueva York.

En una de sus bufonadas el jefe imperial declaró que «Venezuela debe pasar a ser un nuevo Estado de los Estados Unidos de América» pensando en quedarse definitivamente con los millones de barriles de petróleo que se producen allí, de los que se ha apropiado indebidamente a vista y paciencia de todos. El imperio posee ahora el 60% del petróleo que hay en el mundo.

Maduro y su esposa han cumplido ya 10 meses tras las rejas acusado de cargos que nunca se han comprobado. Su situación procesal se prolongará por la reciente muerte del juez que estaba a cargo de la investigación, un magistrado de 92 años que había anunciado la próxima visita de la causa para mediados de 2027.

Por ahora Trump tiene otros temas de qué preocuparse. Mientras cualquier ciudadano decente en algún punto del planeta celebraba  la reciente victoria del presidente Lula y de la democracia en Brasil, el mandatario estadounidense lamentaba que esas elecciones hubieran sido «una desgracia».

El Amo del Universo se la jugó abiertamente y perdió con el candidato de la ultraderecha, lo que estaba dentro de las posibilidades.

Lo inesperado fue que Bolsonaro decidiera huir del país, quizás para no hacer el ridículo entre los suyos o quizás para evitar las investigaciones que hay en su contra. Su fuga contó claramente con la ayuda de la Casa Blanca y Buenos Aires, porque Milei también se prestó para colaborar más allá de sus propósitos de destruir miles de empresas argentinas y de agraviar cuando puede al pueblo chileno. Hijo de un golpista condenado a 27 años de cárcel, el ex presidenciable brasileño es investigado por corrupción y lavado de dinero. En redes sociales y ya instalado en Miami se autoproclamó «presidente electo» de su país, en momentos en que desde todo el mundo se reconoce el triunfo inobjetable de Lula. Últimamente publicó que Lula va a ser derrocado próximamente.

En ese momento de restauración imperial Estados Unidos ha utilizado el Escudo de las Américas como el espacio de reconocimiento de los estados vasallos. La agenda de este espacio no solo se refiere al combate al narcotráfico, sino también a políticas económicas relacionadas a las inversiones que ingresan a los países y a la explotación de los minerales críticos.

México y Brasil constituyen la resistencia al llamado «escudo” porque los países grandes de la región siguen en manos de gobiernos populares. Para Trump la derrota de Bolsonaro es una mala noticia porque le impide la dominación total del continente de acuerdo a su voluntad esquizofrénica.

Lula ha sido capaz de movilizar a millones de brasileños en las calles y en las redes sociales, con un discurso que enfrenta directamente al fascismo. Ello es lo que más duele a Trump, decidido a someter a otros países a su voluntad para apoderarse de sus riquezas, aprovechando el inmenso poder de la Casa Blanca. El «patio trasero» de su gobernanza no le importa.

Este no es tiempo de chifladuras ni de gustos personales ni de embustes ni bravuconadas. Los pueblos solo deben expresar su rechazo a estos políticos de pacotilla para evitar ser conducidos al despeñadero, y continuar inalterables por la senda de la democracia, la igualdad, la justicia social y la soberanía nacional, luchando vigorosamente a diario en busca de mejores expectativas.

Hugo Alcayaga Brisso Valparaíso

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