INDIANA «POU» Y LOS CAZADORES DE LA «CEPA» URUGUAYA

Por julio Fernando Gil Diaz -  13-06-2021 – Montevideo -  Uruguay – Para UTE-NOTICIAS

Este año se cumplieron cuatro décadas del estreno del éxito de taquilla de "Indiana Jones y los cazadores del arca perdida", no hay nadie -de mi generación al menos- que no recuerde aquel Harrison Ford que nos trasladó a un mundo de aventura y lucha entre el bien y el mal. Hoy, en pleno Siglo XXI, seguimos en la misma lucha pero ante otro tipo de enemigos, invisibles y mucho más peligrosos. Tanto que opacan a los mismos enemigos de entonces que siguen presentes y más vivos que nunca ejerciendo su extremismo, logrando adhesiones impensadas que parecen no sufrir los efectos del archivo. Ya no somos meros espectadores de lo que pasa en el mundo porque la globalización nos ha democratizado tanto que nos invitó sin permiso a aprovechar lo bueno pero, también, a sufrir lo malo de sus efectos. Si antes todo demoraba una eternidad para llegar a este rincón del globo, hoy ya no es lo mismo y todo lo que pasa en el mundo nos llega en tiempo hábil para sufrir sus consecuencias. Así llegó la pandemia del Covid 19, y aunque nos creímos invencibles por un tiempo, hoy padecemos sus peores efectos, esos mismos que sufrió el primer mundo y que no supimos aprovechar en tiempo real. Lejos de ser ejemplos de nada, demoramos la llegada de las vacunas y, cuando llegaron, aplicamos lo contrario a lo que hicieron quienes ya vencieron la pandemia. Capricho presidencial mediante, abrimos actividades sin aceptar las recomendaciones de los médicos y científicos, que advierten sobre los riesgos de la mutación del virus y la creación de una cepa resistente a las vacunas. En suma, Uruguay parece estar hoy inmerso en su propia aventura, la de Indiana Pou y los cazadores de la cepa uruguaya…

Adiós al GACH

Gracias por los servicios prestados, pero ya incomodan al Presidente y su Corte. Ese parece ser el mensaje implícito en las acciones de un gobierno que le ha dado la espalda a sus científicos, y eso que fue su idea, una buena idea que todos aprobamos, pero que empezó a molestar con recomendaciones que no van con lo ideológicamente propuesto por quien nos gobierna.

Cerrados en un dogmatismo extremo, no aceptan ninguna indicación que afecte sus números, aunque con ello lleven a consecuencias evitables a las que no quieren ponerle nombre y menos que se llamen muertes.

Justo quien habló primero de las muertes evitables ahora las relativiza (como si la muerte pudiera ser relativizada), hablando de casos evitables. Casos evitables que devinieron en muertes evitables, Presidente, y no se trata de ser un carancho por decirlo, porque, en todo caso, ¿cuán caranchos fueron antes cuando los muertos eran por otras razones y no por un virus, y sin embargo los usaron recurrentemente para buscar votos?

Aplicando una política comunicacional que gira en torno a su figura, donde excluye toda insinuación de conducción colectiva (no hay Consejos de Ministros, salvo raras excepciones donde necesite colectivizar consecuencias desagradables), prefiere el "pico a pico" con sus Ministros, para marcarles bien quien manda. Es cierto que ha dicho (y lo sigue afirmando) que se hará cargo, pero -también- sabemos que del dicho al hecho hay un trecho enorme que termina siempre por no hacerse cargo nadie, quedando en una frase hueca y vacía. A lo sumo, el pueblo le cobrará -llegado el momento- no renovándole la confianza a su partido (ya que no hay reelección en nuestro sistema de gobierno).

Pero claro, ni eso parece ser de recibo hoy con las cifras de simpatía que recoge -según las encuestas de opinión- el Presidente. Cifras que resultan inexplicables a estar por los pésimos resultados que arroja una pandemia que no afloja, o por lo menos no lo hace al ritmo que desearíamos todos, no solo el Presidente y su Corte. Porque registrar 5 mil fallecidos por el virus, no estaba en los planes de nadie hace un año atrás, a pesar de las advertencias que se impartían y de los registros mundiales que preanunciaban lo que se nos vendría si no tomábamos cartas a tiempo.

No aceptamos la vacuna rusa en su momento y no se lo hizo por una negación puramente ideológica, se nos dijo que tendríamos las mejores vacunas y llegaron hasta a rechazar la Pfizer por email (despidiendo luego al mensajero, claro). Lo cierto es que esa demora se nos está cobrando muy caro en vidas de uruguayos. Y lo que es peor aún, no se acompaña la vacunación con la reducción de la movilidad aconsejada por los expertos, ya que mientras no se alcance la inmunidad de rebaño hay un riesgo cierto de mutación del virus que podría hacerse más resistente haciendo inocua la vacuna ante la aparición de una cepa a la que podríamos bautizar "uruguaya".

Temíamos la presencia de la P1 brasileña y hoy es el 99% de la que circula en el país, tememos la aparición de la cepa india y -en este universo globalizado- no es descabellado esperar que pronto circule también. Si no reducimos la movilidad por el período aconsejado por los científicos (3 semanas), corremos el riesgo de que aparezca una mutación a raíz de contagios en personas inoculadas con una dosis y allí el efecto será peor. Algo tan lógico y fácil de entender no logra la aceptación de nuestro "Indiana" que se aferra a su caprichosa decisión de mover las perillas abriendo más actividades, o dilatando (semana a semana), el mantenimiento de las escasas -e insuficientes, según los científicos- medidas que hoy se aplican.

Seguimos inmersos en una situación que no deja de abrumarnos con medio centenar de uruguayos fallecidos por día, mientras empiezan los cortesanos a batir palmas ante la reducción de ingresos al CTI que podrían tener su razón en que muchos fallecidos ni siquiera llegan a ser internados.

En tanto, el Presidente comete el exceso (anti republicano) de descalificar a los que no pensamos como él, definiéndonos como "caranchos". Confieso que la referencia -con la que cerraré esta columna- fue sugerida por una compañera de las redes que destacó la principal cualidad de esas aves: controlar plagas.

Entonces, me pregunto qué quiso decir realmente el Presidente porque si somos caranchos y estos se dedican a controlar las plagas, somos los verdaderos responsables de…

¡Caramba, qué coincidencia!!!