REBAJAR IMPUESTOS A LOS MÁS RICOS: UNA MALA SEÑAL -PARA CHILE

EDITORIAL: 01 DE FEBRERO 2026

El anuncio de  que  el   próximo gobierno de José Antonio Kast impulsaría una rebaja de impuestos a las grandes  empresas  y a los sectores de mayores ingresos no es un simple ajuste, no  es  una medida técnica  “pro-crecimiento” , es una transferencia directa de poder y riqueza   desde  el pueblo trabajador hacia  la  élite económica. Es una definición política  que  revela  prioridades  y  que  tendrá  consecuencias directas sobre  el  rumbo económico y social del país. Es lucha de clases. El Estado bajo el gobierno de ultraderecha que parte en marzo no será  árbitro, será comité de administración de los intereses de la oligarquía.   El Estado de la ultraderecha existe para proteger la acumulación del capital,  no para garantizar derechos  sociales.”  ,   el conflicto central sigue  siendo capital versus trabajo.

Chile  arrastra  desde  hace  décadas  un  problema estructural de  desigualdad. En  ese contexto, reducir  la  carga  tributaria precisamente a quienes concentran mayor  riqueza resulta, como mínimo, una señal contradictoria frente a las demandas  de mayor justicia social y cohesión que la ciudadanía ha expresado con fuerza en los últimos años.

Toda rebaja de impuestos implica una menor recaudación fiscal. La pregunta inevitable es cómo se compensará ese menor ingreso. La experiencia demuestra que, cuando el Estado recauda menos de quienes más tienen, suele trasladar el costo al resto de la población, ya sea mediante impuestos indirectos o recortes en áreas sensibles como salud, educación, vivienda o pensiones. El resultado es un sistema que termina siendo más regresivo.

Los defensores de este tipo de medidas argumentan que bajar impuestos a los grandes capitales estimula la inversión y el crecimiento. Sin embargo, esa relación no es automática ni garantizada. La inversión depende  de factores más complejos: estabilidad institucional, reglas  claras,  demanda  interna, infraestructura y capital humano. Debilitar la capacidad fiscal del Estado termina afectando justamente esos pilares.

Además,  las políticas tributarias no sólo tienen efectos económicos, sino también políticos y simbólicos.  En  un  país  marcado  por  la  desconfianza hacia  las  élites, una  rebaja de impuestos a  los  sectores más  acomodados  refuerza  la  percepción  de  que  el esfuerzo siempre se exige a los mismos, mientras los privilegios se mantienen intactos.

Una política tributaria moderna  y responsable debería  avanzar  en  la dirección contraria: fortalecer la progresividad, combatir la evasión y la elusión, y asegurar que quienes tienen mayor capacidad contributiva aporten más al financiamiento de bienes públicos y derechos sociales. Esto no es una postura ideológica extrema, sino una condición básica para un desarrollo equilibrado y sostenible.

El debate de fondo no es sólo cuánto se recauda, sino para qué y con qué criterios. En un momento en que Chile necesita recomponer su pacto social, reducir impuestos a los más ricos  parece  una  mala señal y  un  camino que,  lejos  de  unir  al  país,  profundiza sus divisiones.

Esta política no  solo  profundiza la  desigualdad material, sino  que  erosiona cualquier posibilidad de cohesión social. En un país que vivió un estallido social precisamente por la sensación de abuso  y privilegio,  insistir en premiar  a los sectores más ricos es una señal de desconexión —o de desprecio— hacia el malestar ciudadano.

Rebajar impuestos a los más ricos no es modernizar la economía  ni atraer inversión. Es blindar privilegios, reducir deliberadamente el rol del Estado y consolidar un modelo donde el bienestar colectivo queda subordinado a los intereses de una minoría poderosa.

La protesta, frente a este proyecto de ley y a otros que vendrán , deja de ser sólo legítima , se  vuelve necesaria , la unidad es fundamental y esta no exige pensamiento único  , exige acuerdos  mínimos  compartidos,  construir  unidad  sobre el conflicto concreto, no sobre la pureza ideológica.

La unidad no es un decreto , debemos  buscarla entre el movimiento social que persigue un país más justo , más digno , más igualitario , con oportunidades para todos.

El   gobierno de Kast no  será un gobierno más de derecha.Es un proyecto que busca revertir  avances,  disciplinar el  conflicto social y restaurar un orden más excluyente, la unidad en este contexto, no es un fin moral , es una condición para defender la democracia, y en el escenario que viene no es una opción , es una obligación.

CORPORACION SOLIDARIA UTE-USACH