Por: Rafael Martínez.
Crónica Digital. 13 febrero, 2026
Se han cumplido 73 años desde que Clotario Blest, el 12 de febrero de 1953, fundó la Central Única de Trabajadores (CUT). Como se sabe, la multisindical fue proscrita por la dictadura luego del Golpe de Estado. En ese contexto, en el destierro funcionó un “Comité Exterior de la CUT”, que publicó un Boletín que circuló en el exilio chileno a lo largo del mundo y en forma clandestina al interior del país.
En su edición de febrero de 1983, en el marco del 30 aniversario de la Central, el Boletín publicó un trabajo de homenaje a Blest, lo cual consideraba “natural, justo, necesario”. En este nuevo aniversario de la CUT, reproducimos el contenido de ese texto sobre una figura fundamental de la historia social de Chile.
Ciertamente, no es fácil saber hasta qué punto (una persona) puede ser determinante en la generación y desarrollo de un proceso histórico cualquiera. Pero no creemos equivocarnos al afirmar que el papel desempeñado por Clotario Blest fue decisivo en los acontecimientos que culminaron en la creación de la organización unitaria más importante que los trabajadores chilenos se han dado, así como en su consolidación posterior.
Por otra parte, no deja de ser significativo el hecho de que se trate de un cristiano. Más aún, si se considera la época en que la CUT fue creada. En aquellos años, el que un cristiano adoptara una posición de izquierda era algo mucho más raro y difícil que ahora. Al rechazo proveniente del propio mundo cristiano se sumaba la desconfianza surgida dentro del mundo obrero, vinculado tradicionalmente al marxismo.
LEYENDO LOS EVANGELIOS
El mérito de Blest, según Rafael Agustín Gumucio, ese otro cristiano ejemplar (fundador de la Izquierda Cristiana), “ha sido su firmeza inconmovible. La gente joven no conoce los tremendos obstáculos que se han tenido que salvar por los cristianos que hace más de 40 años proclamaban la vigencia de su fe como un compromiso histórico con el pueblo” (“Clotario Blest: Cristiano, Sindicalista, Revolucionario”, en “Aportes para la Renovación” N° 2, Izquierda Cristiana).
Es bueno tener presente que en aquel tiempo predominaba entre los cristianos el sector conservador, defensor fervoroso del régimen capitalista y enemigo de todo cambio revolucionario en favor de los trabajadores.
Blest entendió, ya en aquel tiempo, de manera esencialmente distinta el contenido del pensamiento cristiano. “Fue leyendo el Evangelio, ha dicho, que encontré el camino para trabajar por los pobres”.
Esta visión lo llevó, en sus años de estudiante, a colaborar en la fundación del grupo “Germen”, claramente orientado al compromiso con los intereses de los trabajadores. Un dato sintomático: los integrantes de este grupo conocieron y se sintieron vivamente atraídos por la figura de Luis Emilio Recabarren.
Su creciente preocupación por vincular el sentido de su fe con los problemas sociales inspiró también la creación, por él y otros jóvenes católicos, de la “Casa del Pueblo”, que desencadenó vivos conflictos con otros sectores de la Iglesia de entonces.
LOS CRISTIANOS Y LA CUESTION SOCIAL
Las mismas inquietudes lo condujeron después a sumarse a la “Liga Social de Chile”, creada por el padre Fernando Vives a fin de luchar por la igualdad de oportunidades para todos. No es extraño por eso que se hayan sentido identificados con la República Socialista de Marmaduke Grove y que hayan manifestado públicamente su adhesión a ella.
Si por una parte se fue vinculando a otros cristianos de avanzada para crear grupos de discusión y acción en torno a la “cuestión social”, por otra parte comenzó a interesarse por el desarrollo del movimiento sindical. Este lograba, por lo demás, avances importantes, como la creación de la Confederación de Trabajadores de Chile (CTCH) en 1936.
Sin embargo, se fue dando cuenta, asimismo, de las insuficiencias que afectaban al movimiento sindical. Una de ellas era la falta de organización de los empleados públicos. Dada su condición de tal, Clotario Blest creyó acertadamente que podía contribuir a ampliar la base del sindicalismo chileno integrando a este importante sector social. No fue tarea fácil. Los empleados no querían mezclarse con los obreros.
Inició entonces Clotario Blest una paciente labor indirecta, promoviendo instituciones culturales y deportivas hasta constituir la Asociación Deportiva de Instituciones Públicas. Se crean luego las asociaciones de empleados de Tesorería, Correos y Telégrafos, Registro Civil, etc. Y, finalmente, la Asociación Nacional de Empleados Fiscales (ANEF), de la cual fue elegido presidente.
Haber roto la resistencia de los empleados a organizarse y aproximarse a los obreros, fue un hecho históricamente relevante: “A fines de la década del 40, con la CTCH dividida y los partidos políticos reprimidos y divididos, la clase obrera es poco lo que puede avanzar; son los sectores de empleados, en cambio, los que dan los primeros pasos hacia la reunificación” (“Historia del Movimiento Obrero. 1920–1970”, Vicaría de Pastoral Obrera, Serie de Estudios Sociales. Documento de Trabajo).
Pero también otro tipo de dificultades impedían avanzar. Graves desacuerdos entre las diferentes corrientes políticas del movimiento popular se habían agudizado al punto de producir la división de la CTCH.
Blest enfrentó igualmente tales dificultades. Y no sólo a través de un alegato constante en pro de la unidad, sino igualmente promoviendo la creación de instituciones que permitieran a los trabajadores advertir las razones y las ventajas del trabajo unitario. Se trataba de unir a los asalariados en sus intereses comunes y así nacieron la Federación Nacional de Consumidores de Chile, luego el Comando Nacional contra la Especulación y las Alzas de Precios, y más tarde entidades que agrupaban a otras, como la Junta Nacional de Empleados de Chile (JUNECH), el Comité Nacional de Empleados y Obreros, y principalmente la Central Única de Trabajadores (CUT), de la cual fue su presidente durante ocho años.
SU CONCEPCION DE LA UNIDAD
Tanto antes, como después de la creación de la CUT, Clotario Blest debió enfrentar políticas gubernamentales que –cual más cual menos– procuraban impedir la organización de los sectores populares, limitar sus demandas, reprimir sus actividades.
Frente a las políticas antipopulares y represivas, Blest fue desarrollando una concepción que pone el acento en la lucha y en la unidad.
El sindicalismo ha sido entendido por Clotario como la actividad que desarrolla una clase –la de los trabajadores– en defensa de sus intereses y en procura de su liberación. La actividad sindical constituye, así entendida, una expresión del choque de intereses contrapuestos entre clases sociales antagónicas. No se trata, a su juicio, meramente de conquistar determinadas reivindicaciones parciales, sino de cambiar la estructura capitalista de la sociedad y crear una sociedad de “hombres nuevos”. Por eso mismo, nunca ha negado la vinculación entre actividad sindical y actividad política, aunque ha rechazado la subordinación de aquella a ésta. Por el contrario, ha afirmado permanentemente la necesidad de autonomía de las organizaciones sindicales respecto a los partidos.
En general, no ha sido partidario de limitar la actividad a lo permitido por la legalidad vigente ni a los métodos pacíficos. Ha procurado impulsar a las masas al combate y a la acción directa contra el régimen que las oprime.
Este tipo de concepción le ha valido no pocos conflictos y sinsabores.
Desde luego, están los conflictos con gobiernos reaccionarios. Blest ha tenido que enfrentar desde los intentos de neutralización mediante el ofrecimiento de cargos hasta la relegación y la cárcel en numerosas oportunidades.
Hay que considerar además los conflictos con otros sectores cristianos. Por otra parte, tal concepción y tal conducta difieren sustancialmente de otras que han tenido gran influencia en los sindicalistas cristianos. Nos referimos a aquellas que han postulado, por ejemplo, la búsqueda de armonía entre las clases como objetivo y la formación de entidades sindicales separadas conforme a sus fundamentos ideológicos: léase paralelismo.
Pero es necesario reconocer también que al interior del movimiento popular, las posiciones políticas (radicales) de Clotario Blest no han sido siempre del agrado de otras corrientes que han puesto énfasis, más bien, en la búsqueda de conquistas o avances parciales, utilizando la institucionalidad capitalista y respetando, en cierto modo, sus reglas. El suceso más doloroso para Blest, en tal sentido, fue aquella vez que se vio obligado a presentar su renuncia a la presidencia de la CUT y la forma en que fue tratado por los propios trabajadores durante la realización del III Congreso Nacional Ordinario.
Luego de ese episodio, lamentable, aseguró que gozaba con el anonimato, pero que no podía “dejar de ayudar”. Por otra parte, continúo luchando desde distintas trincheras, como el Movimiento 3 de Noviembre, la Iglesia Joven, y el Comité de Derechos Humanos (y Sindicales, CODHES) durante el Gobierno de Eduardo Frei Montalva.
Entretanto, en 1967 la CUT hizo justicia a “su destacada actuación como dirigente sindical y en defensa de los trabajadores chilenos”, haciéndole entrega de un Diploma de Honor.
El triunfo popular de 1970 lo entusiasmó, pero advirtió al mismo tiempo los problemas que se presentaban. Una vez más, planteó en relación a ellos la necesidad de una acción directa de masas encaminada a enfrentar y derrotar las fuerzas reaccionarias. Fue la burguesía, sin embargo, la que logró conducir mejor el enfrentamiento y fueron las fuerzas de izquierda las derrotadas.
Durante los días del golpe su casa fue allanada violentamente. Demás está decir que no consiguieron inmovilizarlo. Por el contrario, ha declarado con la altivez que le es propia: “Estaré dando la lucha mientras Cristo quiera” (revista “Análisis”, mayo de 1982).
FIRME EN LA LUCHA
Y le ha sobrado, por cierto, valentía, claridad y decisión para desafiar al régimen militar.
Los perfiles de su pensamiento político siguen siendo los mismos: “La liberación de los trabajadores del yugo oprobioso de la explotación del hombre por el hombre debe ser obra de los trabajadores mismos, al margen de todo sectarismo político, religioso o ideológico, y por sobre todo interés personal o ambición de mando. Unidad del pueblo trabajador significa edificar la nueva sociedad sobre roca de granito” (revista “Chile–América”, 52–53, 1979).
Con esa “inconmovible firmeza” suya para impulsar ideas como esa, hoy vemos a don Clotario Blest en los actos de protesta, escuchando sus mensajes, sabemos de sus iniciativas encaminadas siempre a elevar la conciencia de los trabajadores, a enfrentar las injusticias y crear un mundo verdaderamente humano.
Todo eso, hoy en Chile, en un medio hostil y represivo como nunca, donde se hace todavía más relevante su coraje, su fuerza, su optimismo y su pureza de luchador eterno.
Rafael Martínez.
Crónica Digital.
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