CRISIS ECONÓMICA Y DISTRIBUCIÓN DESIGUAL DE SUS EFECTOS

Por Antu -  Para UTE-NOTICIAS – 11 de Abril 2026

Se habla de “crisis económica” como si fuera un fenómeno uniforme, casi natural, que golpea a toda la sociedad por igual. Pero esa idea, repetida hasta el cansancio, es engañosa. Las crisis no son neutras. No afectan a todos por igual. Y, más importante aún, no todos pierden en ellas.

Una crisis económica es, en apariencia, un deterioro general: cae la producción, aumenta el desempleo, se encarece la vida. Sin embargo, lo que realmente ocurre es algo más incómodo de admitir: una crisis es también un proceso de redistribución, donde las pérdidas se concentran en unos y las oportunidades en otros.

Las crisis no son catástrofes naturales. No son terremotos económicos que golpean por igual. Son procesos profundamente desiguales donde, sistemáticamente, unos pierden y otros ganan. Y lo más grave: esa desigualdad no es un accidente, es parte del funcionamiento del sistema.

Mientras las familias ajustan sus gastos, se endeudan o pierden estabilidad, los sectores económicos de la oligarquía y el imperio experimentan exactamente lo contrario. Las crisis energéticas  elevan los costos para la población, pero multiplican las utilidades de las grandes empresas del rubro. Los conflictos internacionales desatan incertidumbre global, pero convierten a la industria de la guerra en un negocio multimillonario. El mismo fenómeno que precariza a muchos, enriquece a otros.

El caso chileno no es una excepción, sino un ejemplo claro de esta lógica. Grupos económicos como el de Andrónico Luksic Craig han visto crecer de forma sostenida sus patrimonios en las últimas décadas, atravesando crisis nacionales e internacionales sin que estas representen un quiebre real en su acumulación. Del mismo modo, figuras como Julio Ponce Lerou, vinculado a SQM, han operado en sectores estratégicos donde la demanda global asegura rentabilidad incluso en contextos adversos.

Esto no responde únicamente a decisiones individuales, sino a una estructura. Las grandes fortunas cuentan con diversificación, acceso a información privilegiada, influencia política y capacidad para absorber pérdidas temporales. No juegan el mismo juego que el resto.

Algo similar ocurre con el sistema de pensiones. En Chile, cuando los fondos obtienen ganancias, estas fortalecen a las administradoras y al sistema financiero; pero cuando hay pérdidas, son los cotizantes quienes ven disminuir sus ahorros. Es una lógica conocida: las ganancias se privatizan, mientras los riesgos se socializan.

Por eso, hablar de “crisis económica” sin apellidos es una forma de encubrimiento. No existe una sola crisis. Existen crisis distintas según la posición que ocupes en la estructura económica. Para la mayoría, la crisis significa perder empleo, ingresos y seguridad. Para una minoría, significa comprar barato, concentrar poder y salir aún más fortalecida. La verdadera pregunta no es si hay crisis, sino para quién es la crisis.

Entender esto no es un ejercicio ideológico, sino una condición mínima para analizar la realidad con honestidad. Mientras se siga hablando de crisis como si fueran desastres naturales que afectan a todos por igual, se seguirá ignorando lo esencial: que, incluso en los momentos de mayor inestabilidad, el sistema no deja de funcionar… solo redistribuye, de manera profundamente desigual, quién gana y quién pierde.

ANTU – Ex dirigente de la Universidad Tecnica del Estado


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