EMPRENDIMIENTO: MENOS DISCURSO, MÁS IMPACTO REAL

Por: Carolina Neumann. Directora de comunicaciones Fundación Jaime Guzmán

El Mostrador. 2 mayo, 2026

Si queremos fomentar el emprendimiento en serio, necesitamos un ecosistema completo: financiamiento, formación, redes, acceso a mercados y menos burocracia. Y, sobre todo, políticas públicas diseñadas desde la realidad pyme, no desde la lógica de la gran empresa.

Esta semana se celebró el Día del Emprendimiento. El 29 de abril es una fecha que invita a mirar con realismo el rol de las pymes en Chile. No son solo un concepto: representan el 98% de las empresas del país y generan más del 60% del empleo formal. Pero ese protagonismo convive con un contexto exigente, donde la informalidad bordea el 27%, reflejando que miles de emprendimientos siguen operando sin acceso a redes de apoyo, financiamiento ni protección.

Cuando uno mira dónde están hoy las oportunidades, la foto es clara. Servicios, comercio, construcción y manufacturas concentran una parte mayoritaria de las pymes activas y son, en la práctica, donde se juega el crecimiento. No es casualidad: ahí se están focalizando los incentivos, el financiamiento y los ajustes regulatorios. En conjunto, estos sectores también explican cerca del 43% del empleo pyme, lo que refuerza su impacto directo en la economía real.

Pero también hay que hacerse cargo de una realidad incómoda: muchos emprendimientos en Chile no están naciendo por convicción, sino por necesidad. En un mercado laboral cada vez más exigente y carente de oportunidades, emprender se vuelve una salida, no siempre una oportunidad. Y eso cambia completamente el tipo de apoyo que se requiere.

En ese contexto, el proyecto de ley de reconstrucción introduce medidas que van en la línea correcta, pero que deben afinarse. La tasa Pro-Pyme en torno al 12,5% es una buena señal: libera caja, permite reinversión y da oxígeno a negocios que operan con márgenes estrechos.

El crédito tributario al empleo formal –hasta un 15%– también apunta a un problema urgente. Pero la pregunta es clave: ¿esto va a generar nuevas contrataciones o solo va a subsidiar las ya existentes? El diseño importa, porque ahí se juega el impacto real en el empleo.

La rebaja del impuesto corporativo y la reintegración del sistema corrigen distorsiones y empujan la reinversión. Si el incentivo es dejar utilidades en la empresa para crecer, contratar e invertir, vamos bien encaminados. Pero cuidado con sobrerregular o agregar rigideces innecesarias: más complejidad no siempre significa más inversión.

El problema de fondo no es solo tributario. Es estructural. Si queremos fomentar el emprendimiento en serio, necesitamos un ecosistema completo: financiamiento, formación, redes, acceso a mercados y menos burocracia. Y, sobre todo, políticas públicas diseñadas desde la realidad pyme, no desde la lógica de la gran empresa.

Aquí los gremios cumplen un rol clave. Son el puente entre el diseño y la implementación, entre el Estado y quienes están en la cancha. Ignorarlos es, simplemente, diseñar a ciegas.

También hay un cambio cultural pendiente. Emprender no es una historia de éxito viral. Es incertidumbre, es esfuerzo y muchas veces es sostener empleo local en condiciones complejas. Es economía real.

Si Chile quiere crecer de verdad, el emprendimiento no puede seguir siendo una nota al pie. Tiene que estar al centro.

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