Por: Ricardo Candia
El Clarín Chile. 2 junio, 2026
En Chile se instaló, por el convincente argumento de los fusiles, tanques y aviones de guerra, un sistema político que ha dado como resultado un orden económico, es decir cultural, que responde a las recetas neoliberales definidas en el Consejo de Washington que impuso: disciplina fiscal, limitación del gasto público, reforma tributaria, liberalización financiera, tipo de cambio competitivo, eliminar aranceles y barreras a las importaciones, apertura a la inversión extranjera directa, privatización de empresas públicas y desregulación económica.
Es decir, la selva. ¿Le suena?
El resultado es un país con abismantes diferencias sociales, culturales y económicas, que destruyó sus industrias, ha depredado su territorio, regaló a intereses foráneos nuestras riquezas, ha empobrecido sistemáticamente a la mayoría de la población y ha creado una sociedad en la que ser pobre es una condición sine qua non del modelo. Y parasitado por la delincuencia. La de trajes Hugo Boss y fuero y la de la calle y su reguetón.
Nacer pobre, ir a una escuela de pobre, trabajar como pobres, enfermarse como pobre, envejecer como pobre, jubilar como pobre, morir como pobre. Este es asiento ideológico del neoliberalismo.
Así sea que usted se haya deslomado cuarenta y cinco años trabajando, incluso con un contrato y pagando religiosamente sus leyes sociales. Y preparase para ver a sus hijos seguir el mismo derrotero infame.
Descontando a quienes desde la izquierda neoliberal han contribuido entusiastas y diligentes a perfeccionar y, peor aún, legitimar el actual orden económico, es decir, cultural, ¿qué debiera hacer la gente que no cree en nada de todo esto, que ha debido votar incansable y disciplinadamente por aquellos que no quiere, para proponer un camino que se cruce radical y decididamente a este que lleva necesariamente al descalabro?
Porque no crea que esto es sostenible en el tiempo, así sea que ya haya pasado mucho desde que fue implementado por la fuerza no de las ideas, sino que por la ejecución extrajudicial, la desaparición forzada, la tortura y la cárcel. Y, por cierto, por medio de la traición y entrega de quienes levantaban el puño y cada dos por tres dicen socialismo y compañero.
Y que aún lucen un afiche del Che en el quincho del patio.
Será porque estamos en el culo del planeta o porque nuestros números no son tan importantes, muchos creen que lo que pasa en Estados Unidos, una crisis de envergadura gigantesca, en Europa sin saber qué hacer por energía y materias primas, en Oriente y las guerras que van cambiando la configuración del mundo, son cuestiones locales y que obedecen a tonteras de las cuales nada tenemos que ver.
Pero el caso es que lo que tambalea en esas latitudes y que va en franca dirección decadente, es precisamente el neoliberalismo que ya no funciona, que no da respuestas. .
¿Recuerda que las fábricas de lo que sea se mudaron al Asia, especialmente a China porque allá era más barato producir?
Ese principio del neoliberalismo, producir donde sea más barato, hoy está pasando la cuenta. Con un agravante terrible: los países que desmontaron su industria productiva ya no podrían volver a resucitarla.
Por ejemplo: la potente industria automotriz estadounidense se murió de muerte china. La potencia asiática es el mayor productor de automóviles eléctricos, por lejos, que todo el resto del mundo combinado. Y USA jamás podrá volver a reconstruir una industria en la que por dos siglos campeó.
Vea otro cogollito motorizado: China tiene el control de las insignes marcas inglesa MG, la sueca Volvo, la japonesa Nissan entre otras muchas, casi todas.
La clave es que el socialismo chino, usted podrá tener la opinión que quiera de aquello, propuso una opción diferente al neoliberalismo y la cosa cambió. Y el mundo se comenzó a ordenar de una manera diferente: ya USA no puede imponer sus intereses impunemente. Le salió gente al camino.
Entonces, luego de una vuelta en redondo, los principios del Consenso de Washington entraron a una crisis de la cual no va a salir.
Un último ejemplo para no aburrir: mire usted en su casa y busque algo que diga Made in USA o Alemania o Suecia o Francia y de ahí me cuenta.
El caso es que esa crisis va a llegar al Chile de los ganadores de dinero, a la de los estafadores, a los mentirosos, a los traidores y marranos, rábulas y tramposos.
Y por eso la pregunta tiene vigencia y urgencia: ¿qué debiera hacer la gente que no cree en nada de todo esto, que ha debido votar incansable y disciplinadamente, aunque con un encono brutal, para proponer un camino que se cruce radical y decididamente a este camino que lleva necesariamente al descalabro?
Ricardo Candia Cares
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