LOS MUNICIPIOS PAGAN LA DESIGUALDAD DE CHILE

Por: Iván Borcoski González. Concejal de La Cisterna, Geógrafo.

El Mostrador. 5 junio, 2026

Al final, en la fría planilla Excel, poco importan los pobres, y toda desigualdad se barre bajo la alfombra comunal, ahí donde el Estado Central no llega y donde la mano invisible del mercado no ve el negocio, la utilidad y la renta.

El Gobierno, más allá de los discursos, con sus recortes presupuestarios anunciados afectará indefectiblemente a casi todos los chilenos y chilenas. En especial, los impactos en los presupuestos municipales parecen ser los de mayor efecto directo e inmediato en las personas.

La decisión del Presidente Kast de eximir del pago de contribuciones a personas mayores de 65 años, sin importar la tasación del inmueble ni su nivel de ingreso, supone una recaudación de US$ 200 millones menos para el Fondo Común Municipal, principal instrumento que ecualiza las finanzas municipales y del que dependen para su funcionamiento corriente más de 200 municipios del país.

El Gobierno ha sostenido que compensará esta merma realizando un aporte fiscal extraordinario de US$ 130 millones, quedando un remanente de US$ 70 millones que no ingresarán al Fondo Común Municipal. Para dejarlo más claro, una comuna de la Región Metropolitana como La Cisterna podría dejar de recibir desde el FCM del orden de $330 millones durante un año.

Los anuncios del Gobierno no han sido precisos. El FCM, por ley, tiene un aporte fiscal del orden del 3%, que en la ley se expresa en 285.000 UTM. Es válido preguntarse si la compensación por la exención anunciada a contribuyentes mayores de 65 años saldrá de este mismo aporte fiscal.

¿Se devengará de aquí? ¿Los recortes fiscales del ajuste anunciados por la dupla Kast-Quiroz afectarán el aporte fiscal comprometido por ley al FCM?

Si es así, la situación financiera de los municipios será aún más grave.

En la misma línea de los recortes, el Decreto 333 de Salud anunció reducciones en los diversos servicios de salud y en la Atención Primaria en todo Chile. Durante las mismas jornadas en que el Gobierno negaba las rebajas de diversas partidas al presupuesto vigente de salud, señalando que no se afectaría a los usuarios y que todo estaba orientado a racionalizar el uso de los recursos y establecer mayor control y eficiencia en el gasto, alcaldes y alcaldesas de todo el país recibían llamadas telefónicas desde el propio Ministerio de Salud, donde se les anunciaban montos concretos de recortes.

Cabe señalar que el 80% de la población se atiende en la APS, los populares “consultorios”, hoy denominados Centros de Salud Familiar (CESFAM). Es bien difícil pensar que estos recortes financieros no van a afectar concretamente a los usuarios.

Se ha señalado profusamente, y con justa razón, que los municipios son la puerta de entrada de nuestros compatriotas a las políticas públicas. Más aún, y sin querer exagerar, lo cierto es que para la mayoría de la población del país los gobiernos comunales son la única “ventanilla” para acceder a beneficios y policías sociales.

Es decir, si no hay acción municipal, no hay ninguna acción estatal concreta. Y en vez de focalizar mayores recursos en nuestros barrios y comunas, en especial las más vulnerables, la megarreforma de Kast empobrece los espacios locales.

El ejemplo más claro es la APS y la enorme batería de subsidios y ayudas de subsistencia que otorgan los municipios. Y que, dados los recortes anunciados por el Gobierno de Kast, José Antonio, mantendrán lo que hemos vivido por años. Desde las comunas, los municipios ponen los recursos financieros, humanos y técnicos para pelearles a las desigualdades que el Estado Central es incapaz de enfrentar.

Al final, en la fría planilla Excel, poco importan los pobres, y toda desigualdad se barre bajo la alfombra comunal, ahí donde el Estado Central no llega y donde la mano invisible del mercado no ve el negocio, la utilidad y la renta. Ahí, en ese lugar donde a los malos tiempos solo queda oponerles el esfuerzo de la comunidad y su municipio, mostrándonos una vez más que el barrio, ese cotidiano territorio próximo, es lo poco de protección colectiva que nos va quedando.

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