By Leopoldo Lavín – El Clarin Chile - 30 junio, 2026
FOTO: Zohran Mamdani, alcalde demócrata/socialista de NY
Mientras las ultraderechas trumpistas —con Javier Milei en Argentina, José Antonio Kast en Chile, Keiko Fujimori en Perú y el reciente triunfo de Abelardo de la Espriella en Colombia— gobiernan y celebran en Latinoamérica, el propio movimiento que las inspira se desgarra violentamente en Estados Unidos. El gobierno de Donald Trump, lejos de consolidar una hegemonía estable, ha generado fracturas tan profundas que el tejido político del país comienza a resquebrajarse por ambos costados: el Partido Demócrata arde en una rebelión interna mientras el trumpismo puro se desangra en trifulcas intestinas contra sus propias bases.
Según Axios, —el influyente informativo digital— los líderes demócratas observan con pavor el surgimiento de una ola de socialistas y candidatos outsider que, emulando la furia del viejo movimiento conservador Tea Party republicano, están barriendo en primarias clave. El triunfo de Zohran Mamdani en la alcaldía de Nueva York, la victoria de la socialista Janeese Lewis George en Washington D.C. y las recientes derrotas de dos congresistas titulares en primarias neoyorquinas han encendido todas las alarmas. Dan Pfeiffer, ex asesor de Obama, admite que la izquierda organizada está superando en estrategia y recaudación a todo el aparato institucional demócrata.
El fenómeno Mamdani ha tenido un impacto sísmico en la Generación Z: el 67% de los estudiantes universitarios asocia positivamente el socialismo y el 74% se dice extremadamente preocupado por el costo de la vivienda y los alimentos. La inteligencia artificial agrava el cuadro: se estima que eliminará 100 millones de empleos en la próxima década, y el 59% de los jóvenes ve en ella una amenaza directa a su futuro laboral. Como resultado, el 53% de los votantes menores de 40 años ya desea un candidato socialista en la Casa Blanca para 2028.
Pero la crisis no es monopartidista. El movimiento MAGA también implosiona: figuras como Tucker Carlson y la excongresista Marjorie Taylor Greene han renunciado públicamente al Partido Republicano, acusando a Trump de traicionar el «America First» al enredar al país en una guerra desgastante con Irán. Influencers como Candace Owens se suman a las críticas, mientras senadores republicanos desafían abiertamente al presidente en el Congreso. La guerra en Oriente Próximo se ha prolongado más de lo esperado y la agenda legislativa de Trump está completamente estancada.
En medio de esta doble fractura, el analista Jake Sullivan ha advertido sobre la «agonía» del imperialismo estadounidense, señalando que la polarización y el vacío moral en Washington reflejan una crisis civilizatoria que trasciende a cualquier administración. Sus comentarios se suman a los del historiador francés Emmanuel Todd, quien anticipó la caída de la URSS y el Brexit, y que ahora lanza una lectura lapidaria: Trump no es la causa del declive, sino su administrador. Todd sostiene que EE.UU. ha encajado derrotas geopolíticas ante Rusia y China, y que su sistema industrial ya no puede sostener una guerra a gran escala.
La ola izquierdista no se detiene en la Gran Manzana: en Maine, el candidato progresista Graham Platner, ex marine respaldado por Bernie Sanders, ganó las primarias al Senado de forma arrolladora. Sanders calificó el triunfo como una «victoria arrolladora», demostrando que la coalición que impulsó a Mamdani se expande por todo el país. Las próximas primarias en Colorado, Wisconsin y Michigan serán termómetros de hasta dónde llega el descontento, y el establishment demócrata observa con inquietud cómo el socialismo gana terreno en distritos que antes consideraba seguros.
La política estadounidense ya no es un duelo entre dos partidos; es un terreno de conflictos agudos donde ambas facciones se desangran internamente mientras las instituciones enteras se deslegitiman. La impopularidad de Trump ronda el 60% y, sin embargo, el Partido Demócrata es igualmente despreciado por un electorado que ya no confía en nadie. La rebelión progresista y el cisma MAGA no son fenómenos paralelos, sino los dos rostros de un mismo colapso sistémico que redefine alianzas, ideologías y el propio contrato social de la nación.
Lo que Sullivan diagnostica como «agonía» y Todd describe como «declive administrado» ha dejado de ser un pronóstico académico para convertirse en una realidad cotidiana. Mientras Latinoamérica observa con cautela el ascenso de sus propias derechas duras, el faro que las ilumina se apaga en una guerra fratricida. EE.UU. enfrenta su crisis más existencial desde la Guerra Civil, y esta vez el enemigo no está en el Sur, sino en el corazón partido de su propia clase política.
Leopoldo Lavín Mujica
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