LA NUEVA CRUZADA IDEOLÓGICA DE WASHINGTON Y LA DEFINICIÓN QUE ESPERA A CHILE

                      Marco Rubio y Pérez Mackenna en Washington la semana pasada.

Por: Félix Montano

El Clarín Chile. 14 julio, 2026

La convocatoria del secretario de Estado Marco Rubio a una cumbre sobre el denominado «terrorismo transnacional de izquierda extrema» traslada al escenario internacional la confrontación ideológica impulsada por la administración Trump. En medio del creciente acercamiento entre Santiago y Washington, el gobierno de José Antonio Kast enfrenta una definición diplomática que trasciende la cooperación en seguridad y podría marcar un giro en la política exterior chilena.

La política exterior también habla el lenguaje de las ideas. Durante décadas, Estados Unidos convocó a sus aliados para coordinar respuestas frente al terrorismo internacional, el narcotráfico o el crimen organizado, amenazas definidas por hechos verificables y relativamente compartidas por la comunidad internacional. La reunión ministerial convocada esta semana por el secretario de Estado, Marco Rubio, introduce un elemento distinto. Por primera vez, Washington propone construir una agenda internacional contra lo que denomina «terrorismo transnacional de izquierda extrema», una categoría cuya definición sigue siendo imprecisa y que ya ha despertado reparos entre gobiernos europeos, especialistas en seguridad e incluso funcionarios estadounidenses. Más que una reunión técnica, la iniciativa parece formar parte de un intento por internacionalizar la batalla ideológica que Donald Trump ha instalado en la política interna de Estados Unidos.

La convocatoria, según informó la Casa Blanca, reunirá a ministros y altos funcionarios de más de sesenta países con el propósito de fortalecer la cooperación en inteligencia y seguridad frente a la violencia políticamente motivada. Sin embargo, el verdadero debate no gira en torno a la cooperación entre Estados, sino al marco conceptual que la sustenta. Desde su regreso a la Casa Blanca, Trump ha ampliado progresivamente el catálogo de amenazas para incluir a organizaciones antifascistas, sectores de la izquierda radical e incluso dirigentes identificados con el socialismo democrático. En sus discursos recientes ha equiparado a estos últimos con el comunismo y ha sostenido que representan uno de los mayores peligros para Estados Unidos. La reunión impulsada por Rubio constituye, en ese contexto, un intento por trasladar esa lectura desde la política doméstica al escenario internacional.

No se trata de una interpretación aislada. Diplomáticos europeos consultados por diversos medios internacionales han manifestado su escepticismo frente a una iniciativa que consideran más política que técnica. Algunos sostienen que la denominada «ultraizquierda» no constituye una amenaza prioritaria para sus países y otros advierten que ampliar el concepto de terrorismo hacia categorías ideológicas puede debilitar los consensos construidos durante décadas en materia de cooperación internacional. Incluso dentro de organismos de seguridad estadounidenses han surgido voces que cuestionan la utilización de herramientas contraterroristas para enfrentar fenómenos cuya naturaleza política sigue siendo objeto de controversia.

Pérez Mackenna se reúne en Washington con Rubio

Es precisamente en ese escenario donde la posición de Chile adquiere relevancia. Hasta ahora el Gobierno no ha confirmado oficialmente si participará en la reunión ni quién encabezaría una eventual delegación. Pero la pregunta ya dejó de ser simplemente protocolar. Llega en un momento en que las relaciones entre Santiago y Washington atraviesan una etapa de estrecha sintonía política y estratégica.

La semana pasada, el canciller Francisco Pérez Mackenna sostuvo en Washington su primera reunión bilateral con Marco Rubio. El comunicado difundido por el Departamento de Estado permite apreciar la amplitud de la agenda compartida. Ambos abordaron la cooperación en seguridad regional, el combate a la inmigración irregular y al crimen organizado transnacional, reafirmaron su compromiso con la «gobernanza democrática» en el hemisferio —mencionando expresamente la situación de Bolivia— y analizaron mecanismos para ampliar la inversión estadounidense en el sector de minerales críticos. También discutieron estrategias para contrarrestar la influencia de actores considerados adversarios sobre infraestructura estratégica y profundizar la cooperación en materia de inteligencia artificial tras la reciente adhesión de Chile a la Pax Silica Declaration.

Qué es Pax Silica Declaration

La Pax Silica Declaration es una declaración política impulsada por el Departamento de Estado de Estados Unidos para fortalecer la cooperación entre países considerados aliados en torno a la seguridad de las cadenas de suministro de la inteligencia artificial. El acuerdo —de carácter no vinculante— promueve la coordinación en áreas como semiconductores, minerales críticos, infraestructura tecnológica, energía y manufactura avanzada, con el objetivo de reducir vulnerabilidades estratégicas y desarrollar un ecosistema tecnológico basado en «socios confiables». Aunque el texto no menciona explícitamente a China, la iniciativa forma parte de la estrategia estadounidense para disminuir la dependencia de las cadenas de suministro dominadas por Beijing y consolidar un bloque tecnológico afín a Washington

Observados en conjunto, esos elementos configuran algo más que una agenda bilateral convencional. Revelan la voluntad de Washington de consolidar una red de alianzas donde seguridad, tecnología, recursos estratégicos y competencia geopolítica aparecen estrechamente vinculados. La convocatoria sobre el denominado «terrorismo transnacional de izquierda extrema» no constituye, entonces, un episodio aislado, sino una pieza adicional dentro de una arquitectura internacional que la administración Trump intenta construir desde el inicio de su segundo mandato.

La historia ofrece antecedentes que aconsejan prudencia. Durante la Guerra Fría, el anticomunismo dejó de ser únicamente una posición ideológica para transformarse en el principio ordenador de buena parte de la política exterior estadounidense hacia América Latina. Bajo ese paradigma se justificaron alianzas, intervenciones y doctrinas de seguridad que marcaron profundamente la historia del continente. El contexto internacional de 2026 es radicalmente distinto y sería un error establecer equivalencias mecánicas. Sin embargo, resulta difícil ignorar que la administración Trump vuelve a organizar parte de su política exterior en torno a una definición ideológica de sus adversarios, aunque ahora incorporando nuevos componentes: inteligencia artificial, minerales críticos, cadenas globales de suministro e influencia estratégica frente a China y Rusia.

En ese marco, una eventual participación chilena en la reunión convocada por Rubio tendría un significado que excede ampliamente la cooperación policial o el intercambio de inteligencia. La cuestión de fondo consiste en determinar si Chile acompañará una redefinición internacional del terrorismo basada en categorías políticas promovidas desde la Casa Blanca o si mantendrá una tradición diplomática que, desde la recuperación de la democracia, ha procurado distinguir entre la colaboración en materia de seguridad y las disputas ideológicas propias de cada país.

La decisión aún no ha sido anunciada. Pero cualquiera sea el camino que adopte La Moneda, difícilmente podrá interpretarse como un gesto administrativo. En un escenario internacional crecientemente polarizado, las alianzas ya no se expresan únicamente mediante tratados comerciales o acuerdos de inversión. También se manifiestan en los conceptos que los Estados aceptan como base para interpretar el mundo. Y esa, probablemente, será la verdadera definición que enfrentará Chile en los próximos días.

Félix Montano

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