VEJEZ ACTIVA

Por Apolo Olivares  -  Para ute-noticias – 21-07-2026

Pareciera que el valor de una persona se mide por lo rápido que camina o por lo que refleja el espejo. Pero la vida enseña otra cosa: el verdadero valor no está en los años, sino en la experiencia acumulada, en el amor entregado y en la sabiduría construida. La vejez no es el final del camino. Es haber recorrido una ruta larga, con alegrías y dolores, victorias y derrotas. Cada arruga cuenta una historia. Cada cana es una batalla librada. Cada cicatriz habla de la capacidad de levantarse.

La vejez no es una enfermedad. Es la etapa en que dejamos de correr para aprender a contemplar. Es cuando entendemos que la felicidad no está en tener más, sino en valorar mejor lo que tenemos. La fuerza física da paso a la fuerza de la experiencia, y la prisa se transforma en serenidad.

¿Y qué es realmente la riqueza? La cultura dice que es dinero o poder. Pero basta mirar a un anciano que vivió con dignidad para descubrir otra riqueza: la de la experiencia humana. Nadie nace sabio. La sabiduría se forma amando, sufriendo, perdiendo, fracasando y volviendo a empezar.

Cada persona mayor es una biblioteca que respira. En sus recuerdos viven la historia, las costumbres y los oficios que ninguna inteligencia artificial puede reemplazar. Cuando un mayor comparte su historia, transmite la memoria de un pueblo. La juventud tiene energía. La madurez aporta equilibrio. Los jóvenes buscan respuestas en el futuro. Los mayores saben que muchas estaban en las preguntas que nunca nos hicimos. Con los años aprendemos que vale más conservar una amistad que ganar una discusión, y que escuchar pesa más que hablar.

La vejez nos libera de vanidades. Ya no necesitamos demostrar quiénes somos. Nos basta con ser. Y ahí está la libertad.

Es un error mirar las canas como decadencia. Deberían ser una medalla. Cada arruga es el mapa de una vida. Los pueblos que olvidan a sus mayores pierden su memoria. Y un pueblo sin memoria repite los mismos errores.

A quienes hoy son adultos mayores: no han llegado al final. Han llegado al lugar desde donde se ve más lejos. Su experiencia evita sufrimientos. Su serenidad calma. Su ejemplo enseña que la honestidad y la perseverancia aún cambian vidas.

Todavía hay libros por escribir, árboles por plantar y jóvenes que necesitan escuchar una historia verdadera.

Mientras el corazón se emocione y la mente quiera aprender, nadie envejece por dentro. La verdadera juventud está ahí.

La vejez no disminuye el valor de una persona. Lo revela. Envejecer no es perder la vida. Es descubrir, por fin, cuál era su verdadero significado.

Apolo Olivares – Ex Dirigente de la Universidad Tecnica del estado


LAS OPINIONES VERTIDAS EN ESTE ARTICULO, SON DE EXCLUSIVA RESPONSABILIDAD DEL AUTOR.