JUAN DOMINGO PERÓN FRENTE AL GOLPE DE ESTADO DE 1973 Y LA DICTADURA CHILENA

Por: Víctor Osorio. Periodista

Crónica Digital23 julio, 2026

En reunión de la Junta Militar del 24 de septiembre de 1973, presidida por Augusto Pinochet Ugarte, el Ministro Secretario General de Gobierno, general Pedro Ewing Hodar, informó sobre la “presencia de un representante oficial de (Juan Domingo) Perón en Chile que trae ayuda material y el respaldo argentino a la Junta”. Así consta en el Acta Secreta N° 8 con la síntesis del encuentro. Habían transcurrido apenas 13 días del Golpe de Estado que derrocó al gobierno constitucional del Presidente Salvador Allende.

Apenas unos meses antes, el 23 de mayo de 1973, el Mandatario de la Unidad Popular viajó a la Argentina con motivo de la asunción a la Presidencia del peronista Héctor Cámpora, que había sido candidato del Frente Justicialista de Liberación. Allende fue recibido con grandes manifestaciones populares a su favor, en particular de la militancia de los partidos de la izquierda y del “peronismo revolucionario”, con el cual Cámpora tenía una afinidad, sin perjuicio de su lealtad a Perón.

El Presidente de Chile abogó por “luchar juntos por una América Latina independiente, libre y soberana” (“El Mercurio”, 24 de mayo de 1973). Por su parte, el diario comunista “El Siglo” indicó ese día que el viaje se inscribía en un marco político que era el reflejo de la quiebra de la tesis de las fronteras ideológicas, impulsadas por el imperialismo estadounidense. Y añade que se reforzarían los vínculos previos entre ambos Jefes de Estado. Cámpora había estado asilado en Chile en tiempos de la proscripción del peronismo.

Sin embargo, el mandato de Cámpora tuvo muy corta duración: ejerció la Presidencia de la Nación durante 49 días, hasta el 13 de julio. Luego del regreso de Perón a Argentina, el 20 de junio, renunció a su cargo. En su reemplazo asumió en forma interina el peronista Raúl Lastiri, el presidente de la Cámara de Diputados y yerno del también peronista José López Rega, que pasó a la historia por ser fundador de la Alianza Anticomunista Argentina (Triple A), que en las postrimerías del siguiente Gobierno de Perón inició en el país “la guerra sucia”.

Lastiri era quien estaba en ejercicio en la Presidencia al momento del Golpe de Estado en Chile, pero el poder lo tenía Perón, que se impuso en las elecciones presidenciales del 23 de septiembre con el 62 % de los votos contra el candidato radical Ricardo Balbín. Es decir, un día antes de que los jerarcas de la recién instaurada dictadura chilena recibieran la buena nueva de su respaldo.

RESPALDO A LA DICTADURA

Poco antes, la noche del 19 de septiembre de 1973, a ocho días del Golpe de Estado contra Allende y con la matanza en curso en todo Chile, se informó desde Buenos Aires que “las relaciones diplomáticas entre Argentina y Chile han quedado normalizadas”. El Ministerio de Relaciones Exteriores del país trasandino informó el “acuse recibo” de la nota mediante la cual la dictadura chilena daba cuenta de que ejercían “absoluto control sobre el territorio nacional y que se comprometían a respaldar sus compromisos internacionales”. Se explicó que este acto de las autoridades trasandinas significaba la continuación de los vínculos diplomáticos” (“La Tercera”, 21 de septiembre de 1973).

Un par de días antes, lo había anticipado el influyente diario “Clarín” de Argentina, que en su editorial sostuvo que “el Estado argentino, como tal, mantiene relaciones con el Estado de Chile al margen de cualquier contingencia interna que se produzca en su territorio”.

Ya lo había señalado el propio Perón el 15 de septiembre, que dijo que Argentina “será absolutamente prescindente en el proceso chileno”, pues “en la República Argentina existe ya una costumbre fijada por nosotros, que cuando se producen cambios de gobierno, nosotros no reconocemos ni dejamos de reconocer. Seguimos adelante y nos entendemos con el que dice que gobierna” (“La Tercera”, 16 de septiembre de 1973).

El 22 de septiembre de 1973 el diario chileno “La Prensa” informaba que “fue abierta la frontera” entre Chile y Mendoza, que estaba “cerrada con motivo del pronunciamiento militar (sic) que llevó al poder a la Junta Militar que preside el Comandante en Jefe del Ejército, General Augusto Pinochet”. Agregaba: “El tráfico fue abierto forma amplia para pasajeros y mercancías. Entre estas últimas se encuentra gran cantidad de carne congelada que deberá ser ingresada al país”. Y concluía: “La información fue dada a conocer por el Ministerio de Relaciones Exteriores”.

El matutino, propiedad del Partido Demócrata Cristiano, en otra nota confirmaba el apoyo a la Junta Militar de las autoridades peronistas. No era solo una confirmación de vínculos en base al principio de no injerencia. Señalaba que viajaban a Chile “cuatro aviones con ayuda de Argentina”.

Informaba de “la llegada al país de cuatro aviones de la Fuerza Aérea del país hermano, con elementos de ayuda que fueron entregados a las autoridades (militares) chilenas. El día miércoles 12 (al día siguiente del derrocamiento de Salvador Allende), se despachó el primer avión con gran cantidad de elementos de sanidad, especialmente plasma y antibióticos, juntamente con comestibles y frazadas. Posteriormente se estableció un puente aéreo, transportando artículos de primera necesidad como harina, azúcar, leche condensada, etc. El último avión de la Fuerza Aérea argentina despegó de regreso desde (el aeropuerto) de Los Cerrillos a Argentina, al mando del capitán Alberto Vianna”.

Concluía: “La solidaridad de la hermana República Argentina ha causado gran satisfacción y complacencia en las autoridades chilenas que, con el reconocimiento de la Junta Militar por el Gobierno argentino, facilita una mayor colaboración entre ambos países” (“La Prensa”, 22 de septiembre de 1973).

La primera reacción pública de Perón frente al golpe de Estado caracterizó la situación en Chile como una “fatalidad para el Continente, que un gobierno elegido por el pueblo, sea derrocado por fuerzas militares”. Dijo que la actitud del Presidente Allende de quitarse la vida “es el recurso de quien no encuentra otra salida, es una actitud valiente de un hombre que tiene vergüenza y se suicida”. Agregó que “Allende no fracasó, porque a él lo hicieron fracasar los apurados de siempre (sic). A continuación dijo que el emergente régimen militar “representa a intereses para nosotros bien conocidos”, puntualizando que “no lo podría demostrar (una intervención estadounidense), pero creo firmemente que sí, porque como conozco todo este proceso creo que no puede ser de otra forma” (“El Día”, 13 de septiembre de 1973).

En declaraciones que Perón formuló después al diario “Il Giornalle D’Italia”, fue más claro en su pensamiento: “No está justificado el temor de quienes piensan que en la Argentina puede volver a producirse lo que se produjo en el pasado o que la situación vaya a degenerar en una forma de marxismo como la instaurada en Santiago por Allende”. Acerca de las guerrillas, señaló que “las proscribiremos sin piedad”. Y agregó: “Hubiera podido recurrir a medios extremosos contra los guerrilleros, lanzar contra ellos a la juventud peronista, constituida por más de medio millón de muchachos resueltos y bien organizados, que en menos de una semana los hubieran descubierto y aniquilado uno por uno. Pero no lo hice porque no quiero derramamiento de sangre. Y si hubiera dado esa orden, habría comenzado una caza sin piedad. Prefiero combatir a la guerrilla con la ley”.

También dijo que “somos decididamente antimarxistas. Lo sucedido a Allende demuestra que Allende cayó víctima de su sectarismo, de su política tendiente al exceso (…). Estoy seguro de que domaremos a la guerrilla. Chile nos ha enseñado muchas cosas. O los guerrilleros dejan de perturbar la vida del país o los obligaremos a hacerlo con los medios de que disponemos, los cuales, créame, no son pocos. Las vicisitudes chilenas cerraron la única válvula de seguridad de que disponían los guerrilleros argentinos (…) Si la guerrilla insiste sucederá lo que en Santiago, donde la responsabilidad no fue de los militares sino de los guerrilleros”.

En verdad, al momento del Golpe de Estado en Chile Perón y el núcleo hegemónico del peronismo, autoproclamado “ortodoxo”, habían virado hacia el anticomunismo visceral, lo que en el plano interno había implicado que emprendieran una feroz persecución en contra de su propia ala izquierda (la Juventud Peronista y los Montoneros).

Así, en primer lugar, vieron el colapso de la democracia chilena como una prueba de que el “extremismo de izquierda” terminaba inevitablemente propiciando dictaduras militares de derecha. Así, para Perón y sus incondicionales el “ejemplo chileno” era un “contramodelo”: una especie de advertencia para uso interno.

Además, Perón había observa al Gobierno de la Unidad Popular con recelo, por el potencial uso del territorio chileno como zona de repliegue e incluso protección para la “subversión” argentina. De hecho, había un antecedente: la decisión de Allende de rechazar la extradición de guerrilleros de Montoneros, el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), y las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), que llegaron en 1972 a Santiago luego de protagonizar la emblemática fuga de Trelew.

En su obsesión en contra de la izquierda, Perón no trepidó en tergiversar el contenido democrático, respetuoso de la institucionalidad, pacífico y gradualista del camino de la Unidad Popular y, en particular, del Presidente Allende. Tampoco tuvo dudas, entonces, para procurar tender puentes con los golpistas chilenos.

Tras el golpe de Estado, la embajada argentina en Santiago de Chile recibió una multitud de asilados. Cuando quedaban solo unos 80, el 3 de enero de 1974 se produjo, en el interior de la misma, el asesinato del chileno Sergio Leiva Molina, de 27 años. Según el Informe de la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación, se encontraba asilado en la Embajada de Argentina en Santiago, desde hacía aproximadamente dos meses. El día de su muerte, “en circunstancias de que la víctima se encontraba encaramada a un árbol dentro del recinto de la embajada, recibió un disparo efectuado desde el exterior por un Carabinero”.

Por el caso, que podría haber sido fundamento suficiente para que se rompieran relaciones diplomáticas, el régimen de Perón solo presentó una tibia protesta.

Poco tiempo después, el 16 mayo de 1974, tuvo lugar el tristemente célebre encuentro de Juan Domingo Perón con Augusto Pinochet, en el aeropuerto de Morón.

Víctor Osorio.

Santiago, 23 de julio de 2026.

Crónica Digital.

LAS OPINIONES VERTIDAS EN ESTE ARTICULO, SON DE EXCLUSIVA RESPONSABILIDAD DEL AUTOR.