POR ÁLVARO RAMIS: FRENAR A JOSÉ ANTONIO KAST Y EMPEZAR LO QUE VIENE

Álvaro Ramis  - Crónica Digital -  1 agosto, 2026

A cuatro meses de instalado el gobierno de José Antonio Kast, la oposición chilena sigue debatiéndose entre dos tentaciones. La primera es la autorrestricción: comportarse como el alumno más aplicado de la clase, el más correcto en lo formal, el que respeta al pie de la letra las reglas de un juego que no diseñó y que no le conviene. La segunda, apenas esbozada, es la que debería imponerse: construir con iniciativa e imaginación política un marco de resistencia capaz de frenar los daños más gravosos de este gobierno y de su agenda.

La primera tentación es cómoda porque ofrece una coartada moral. Ser irreprochable en las formas, votar en contra cuando corresponde, denunciar en el momento oportuno, mantener la compostura institucional: todo eso permite a una oposición sentirse a salvo de la crítica. El problema es que ese autolimitarse no alcanza la meta que, con toda razón, la ciudadanía espera de su labor. No se elige una oposición para que administre con elegancia su propia derrota, sino para que contenga el daño.

Jeannette Jara lo ha dicho en más de una ocasión: en una elección presidencial no solo se elige un presidente, también se escoge una oposición. Y la oposición elegida en la última elección tiene un mandato tan real como el del gobierno, aunque de signo distinto. Ese mandato consiste en frenar los daños que este gobierno quiere infligir a la sociedad: poner límites a su acción más disruptiva, como el desmantelamiento de las regulaciones ambientales, laborales y sociales que costó décadas construir.

Pero limitar el daño no puede hacerse jugando dentro de las reglas que el propio gobierno impone para el debate público. Una oposición que se limita a ser la más disciplinada dentro del marco que fija el adversario termina, sin quererlo, legitimando ese marco y renunciando a disputar el sentido de la época. Frenar a Kast no es un ejercicio de corrección parlamentaria; exige atreverse a proponer una interpretación propia de lo que está en juego, en vez de reaccionar siempre dentro del terreno que el gobierno ya ocupó primero.

De ahí que la tarea tenga dos caras. Frenar a Kast es la más urgente: fijar líneas rojas claras, usar todos los instrumentos disponibles —control parlamentario, movilización social, alianzas territoriales— sin esperar a que el daño sea irreversible para reaccionar. Pero frenar no basta si no viene acompañado de la segunda tarea: empezar lo que viene, construir desde ya, y no después de que termine este gobierno, un proyecto propio que le dispute al kastismo el relato sobre el futuro del país, no solo la gestión del presente.

Una oposición que solo administra su propia corrección formal no está a la altura de su mandato: es funcional al poder que dice combatir. La disciplina no frena a nadie; el que juega solo a la defensa termina perdiendo por goleada, y encima aplaudido por su buena conducta.

Teólogo, doctor en filosofía, Presidente Centro de Estudios Territorio y Comunidad.

Santiago de Chile, 1 de agosto 2026 - Crónica Digital


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