Claudio Alvarado, ministro del Interior y vocero.
Por: Simon Del Valle
El Clarín Chile. 04 agosto, 2026
La caída de José Antonio Kast en las encuestas no parece responder únicamente a un problema de comunicación. Mientras el Gobierno atribuye el desgaste a la falta de un relato eficaz, las cifras muestran que también disminuye el respaldo a las principales reformas impulsadas por La Moneda. El desafío ya no sería explicar mejor el proyecto oficialista, sino enfrentar una creciente distancia entre las prioridades de la ciudadanía y la agenda política que ha impulsado el Ejecutivo desde su llegada al poder.
Las derrotas políticas no siempre comienzan con una elección. A veces empiezan mucho antes, cuando un gobierno deja de responder las preguntas que la sociedad considera urgentes y comienza a concentrar su energía en otras que movilizan principalmente a su propia base política.
Eso es lo que comienza a insinuar la última encuesta Pulso Ciudadano.
La caída de la aprobación del presidente José Antonio Kast hasta el 28,9% es un dato importante. Pero no es el más revelador. Lo verdaderamente significativo es que también disminuye el respaldo a las principales reformas que el Ejecutivo ha impulsado desde que llegó a La Moneda.
La rebaja del impuesto corporativo, la invariabilidad tributaria para grandes inversiones, la flexibilización de la jornada laboral y el proyecto «Escucha su corazón» reciben más rechazo que apoyo.
Ese dato cambia la naturaleza del problema.
Hace algunas semanas, desde el oficialismo se volvió a instalar la tesis de que el Gobierno enfrenta una crisis comunicacional. La salida de Mara Sedini de la vocería y el nombramiento del ministro del Interior, Claudio Alvarado, como biministro y portavoz del Ejecutivo fueron presentados como parte de un esfuerzo por ordenar el mensaje gubernamental.
Sin embargo, cambiar al vocero difícilmente puede modificar una realidad cuando el problema no está en la forma de comunicar, sino en las prioridades políticas.
Porque un vocero puede explicar una decisión.
Puede coordinar el mensaje del gabinete.
Puede evitar contradicciones entre ministros.
Lo que no puede hacer es convencer a la ciudadanía de que sus principales preocupaciones son otras.
El mandato que recibió Kast
José Antonio Kast no ganó las elecciones prometiendo reducir el impuesto corporativo.
Tampoco ofreciendo una invariabilidad tributaria para grandes inversiones.
Mucho menos impulsando un proyecto como «Escucha su corazón», la eliminación del Instituto Nacional de Derechos Humanos o la privatización de Codelco.
La campaña presidencial estuvo construida sobre otras prioridades.
Seguridad.
Control de la inmigración irregular.
Recuperación económica.
Creación de empleo.
Orden institucional.
Ese fue el diagnóstico que una mayoría compartió y que terminó llevando a Kast a La Moneda.
Pero gobernar no consiste únicamente en administrar un diagnóstico. También implica decidir cuáles serán las prioridades de la acción política.
Y ahí comenzó el desplazamiento.
Del mandato ciudadano a la agenda ideológica
Una vez instalado en el poder, el Gobierno concentró buena parte de su capital político en la llamada «Reconstrucción Nacional», una reforma estructural cuyo núcleo consiste en reducir impuestos a las empresas, garantizar estabilidad tributaria de largo plazo para las inversiones y flexibilizar aspectos del mercado laboral.
Posteriormente, desde los partidos que integran el oficialismo comenzaron a emerger iniciativas que tampoco habían ocupado un lugar central durante la campaña presidencial.
El proyecto «Escucha su corazón».
La propuesta para privatizar Codelco.
La eliminación del Instituto Nacional de Derechos Humanos.
La reducción del número de diputados.
Los proyectos relacionados con memoria, derechos humanos y otros debates de fuerte contenido ideológico.
Cada una de estas iniciativas puede tener defensores y detractores. El punto político es otro.
Mientras esas discusiones ocupaban el centro de la agenda pública, las principales preocupaciones ciudadanas seguían siendo prácticamente las mismas: seguridad, empleo, crecimiento económico y costo de la vida.
Las prioridades del Gobierno comenzaron a alejarse de las prioridades del país.
Cuando la comunicación deja de explicar el problema
Existe una explicación recurrente en casi todos los gobiernos cuando las encuestas se deterioran.
El problema sería la comunicación.
No se han explicado bien las reformas.
No se ha difundido adecuadamente el mensaje.
Falta un mejor relato.
Es una explicación cómoda porque permite suponer que basta cambiar el tono, reforzar la estrategia comunicacional o reemplazar al vocero.
Pero Pulso Ciudadano parece sugerir algo distinto.
Los ciudadanos conocen las propuestas.
Simplemente no las respaldan.
La rebaja del impuesto corporativo obtiene más rechazo que apoyo.
La flexibilización de la jornada laboral también.
Y «Escucha su corazón» registra el mayor nivel de rechazo entre todas las iniciativas consultadas.
Cuando ocurre eso, el problema deja de ser comunicacional.
Comienza a ser político.
La disputa por el sentido común
Toda coalición que llega al gobierno intenta algo más que administrar el Estado.
Intenta construir un nuevo sentido común.
Busca que sus ideas aparezcan como las respuestas naturales a los problemas del país.
Durante la campaña presidencial, la derecha logró instalar con éxito un diagnóstico ampliamente compartido sobre la inseguridad, el deterioro económico y la necesidad de recuperar el orden.
Pero una cosa es compartir el diagnóstico y otra muy distinta compartir las soluciones.
Las encuestas comienzan a mostrar que una parte importante de la ciudadanía no acompaña las respuestas que el Gobierno propone para enfrentar esos problemas.
Y esa diferencia es políticamente decisiva.
Dos agendas que comienzan a separarse
Todo gobierno convive con dos agendas.
La de la ciudadanía.
Y la de su coalición política.
Mientras ambas coinciden, el Ejecutivo avanza con relativa facilidad.
Pero cuando empiezan a separarse aparece el desgaste.
Hoy la ciudadanía sigue preguntando cómo disminuir la delincuencia, crear empleo, reactivar la economía o enfrentar el aumento del costo de la vida.
En cambio, buena parte del debate político del oficialismo gira en torno a proyectos que movilizan sobre todo a su electorado más ideologizado.
No es casual que, en las últimas semanas, el propio Gobierno haya comenzado a tomar distancia de algunas de esas iniciativas, como ocurrió con la propuesta de privatizar Codelco impulsada por dirigentes del Partido Republicano.
Esa decisión sugiere que La Moneda también comienza a percibir los límites políticos de una agenda que no consigue transformarse en mayoría social.
Una historia distinta
Los gobiernos no fracasan únicamente cuando comunican mal.
También fracasan cuando dejan de interpretar correctamente las prioridades de la sociedad.
Quizá el principal problema del Gobierno de José Antonio Kast no sea que perdió el relato.
Quizá el verdadero problema sea que comenzó a contar una historia distinta de la que una parte importante de los chilenos esperaba escuchar cuando votó.
Las encuestas no dicen que la ciudadanía haya dejado de preocuparse por la seguridad, el empleo o la economía.
Lo que comienzan a mostrar es algo diferente: que las respuestas ofrecidas por el Ejecutivo para enfrentar esos desafíos —y el desplazamiento de la agenda hacia debates ideológicos impulsados por sectores del oficialismo— no están logrando convertirse en un nuevo consenso social.
Cuando eso ocurre, ningún cambio de vocero basta para revertir la tendencia.
Porque el problema ya no está en cómo se comunica el proyecto.
Está en que una parte creciente del país ha dejado de reconocerse en él.
Simón del Valle
LAS OPINIONES VERTIDAS EN ESTE ARTICULO, SON DE EXCLUSIVA RESPONSABILIDAD DEL AUTOR.
