Por: Simón Ramírez. Secretario ejecutivo Frente Amplio
BioBioChile. Jueves 06 agosto de 2026
La aprobación de la megarreforma tributaria terminó por materializar el saqueo más grande por parte de las élites económicas al país del que hayamos sido testigos desde la dictadura. Si alguna vez se presentó como un proyecto de reconstrucción, lo cierto es que luego de que el relato de la emergencia fue dejado de lado, se acabó el baile de máscaras: el gobierno se reconoce como un gobierno de clase, y ordena toda su agenda política desde ahí.
Al ver la composición del Congreso, el ministro Quiroz hizo lo que ha hecho a lo largo de toda su carrera, aprovechar la oportunidad, subir la apuesta y conseguir dinero rápido para las grandes fortunas del país, aunque eso hipoteque el futuro de Chile. Así funciona el rentismo y nadie podría criticar a Quiroz por no ser eficiente en cumplir ese mandato.
Pero no es solo eso, no se trata meramente de esta actitud vampiresca de capturar insaciablemente todo el dinero que sea posible. Lo dijo el propio Quiroz una vez que la megarreforma fue aprobada: “Vamos por más”. Y es que, hay que reconocerlo, este gobierno viene con un proyecto claro y está buscando implementarlo.
Es el intento de una segunda revolución de las élites y esta megarreforma tributaria mostró su carácter. Una reforma sin anestesia: baja de impuesto corporativo, subsidio a la ganancia de las inmobiliarias luego de que tras años de especulación sin regulación quedaran con sobre stock de 100.000 viviendas sin vender, perdonazo a quienes sacaron ilegalmente sus ganancias del país sin pagar impuestos y, por cierto, la guinda de la torta, el fin de las contribuciones para mayores de 65 años.
En un hecho realmente inaudito el gobierno decidió no solo eliminar esta fuente de ingreso para el Estado, sino que crear un mecanismo a través del cual todo Chile, ¡le compensa a las comunas ricas su pérdida de ingresos!. Cuando los alcaldes reclamaron por un mecanismo más justo de compensación, Quiroz respondió: “si los alcaldes prefieren que no los compensen, no se compensa no más, se acabó”.
Pero van por más y, como su mayoría circunstancial depende de tres senadores que muy posiblemente serán desaforados, tienen poco tiempo. Reforma laboral, al mercado financiero, a las empresas públicas, recortes sociales y empequeñecimiento del Estado son algunos de los ejes que están sobre la mesa.
Es irónico, pues al mismo tiempo que califican de “trasnochada” a cualquier propuesta que presente una alternativa a este salvajismo de mercado, se encuentran hoy aplicando al pie de la letra el manual de instrucciones del neoliberalismo de los años 80, aun cuando se trate de una propuesta que ha fracasado en todo el mundo con respecto a algo más que no sea acumular riqueza para los más ricos y que hoy huele más a naftalina que a desarrollo. Si hay un consenso respecto de este fundamentalismo de mercado es que no produce bienestar social. Pero aquí estamos.
Si miramos el eje laboral de este proyecto, cuya tramitación es el paso siguiente, esta orientación se ratifica: comenzó con el constreñimiento del salario mínimo, que sube menos que lo que lo hace el costo de la vida, y lo que viene es el aumento de precarización: relativización de la jornada de 40 horas y más flexibilidad laboral. A pesar de que la flexibilidad o el fraccionamiento de la jornada han demostrado tener efectos en el aumento del empleo, sino que únicamente en el aumento de la ganancia de los empleadores, el gobierno insistirá tozudamente en este camino. Y es que como digo, lo que hay acá no es la búsqueda de bienestar para los trabajadores, sino que la implementación de un proyecto político, que reordena las relaciones de clase y con ello también la forma como se distribuye el poder en la sociedad.
Si bien nunca se expresa con franqueza, lo cierto es que a veces ciertos “lapsus” de las autoridades dejan ver el carácter extremo de estas ideas, como cuando Kast le planteó a una vecina en La Araucanía que debería estar agradecida de los ricos, pues son ellos los que empujan el carro de la sociedad. O cuando Quiroz planteó que la única política social debería ser el pleno empleo y nada más. Lo mismo que el ministro Rau, cuando responde ante la crítica de que sus reformas precarizan el empleo, que no hay nada más precario que el desempleo. Es decir: toda la legislación de protección laboral está en duda si es que hay desempleo. La idea que está de fondo es radical, pues ¿Cuál es el límite? ¿hasta dónde puede llegar la relativización de los derechos laborales en base a esa premisa?
Comprender todo esto es clave para entender el modo cómo se hace oposición. Por tanto, la tarea fundamental de los partidos no puede reducirse hoy solo a articularnos entre nosotros mismos, viendo como al frente pasa un gobierno que tiene como programa principal completar la obra de la dictadura y del gremialismo-neoliberal que inspiró su proyecto político. Es hora de pasar a la acción.
Con la aprobación de la megarreforma, quedó claro que reducir la acción política de oposición al Congreso es insuficiente. Mientras la mayoría circunstancial del gobierno se mantenga viva ahí, intentarán pasar la aplanadora. Un voto basta, han repetido una y otra vez.
Los partidos de oposición debemos ampliar la mirada y hacer lo que hemos hecho siempre: articularnos con la sociedad. Cuando la política se enclaustra y la sociedad es dejada fuera, se imponen los poderes fácticos y la fuerza del dinero. Por el contrario, cuando la sociedad entra a la política y los partidos se articulan con la sociedad, se han abierto históricamente los mejores tiempos para el pueblo de Chile. Esta es la tarea urgente hoy.
La izquierda no puede estar mirando solo al 2050 si no ofrece una alternativa de defensa política y social al avance de la extrema derecha y su agenda reaccionaria. La construcción de una coalición amplia, que incluya a los partidos, pero también genere un frente único de oposición con el mundo social organizado debe ser la prioridad de la para lo que viene. Es el momento de reaccionar, no podemos decir luego de lo que acaba de ocurrir, que esta avanzada de las élites no la vimos venir.
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