CHILE, EL PAÍS DE LA OCDE DONDE LOS ADOLESCENTES PASAN MÁS TIEMPO ENGANCHADOS A LAS REDES SOCIALES

Por: Maolis Castro. Es periodista de EL PAÍS en Chile desde 2024, antes estuvo en el medio económico Bloomberg Línea. Trabajó para EL PAÍS desde Venezuela entre 2016 y 2019. También estuvo en el portal de periodismo de investigación Armando.info y El Nacional. Ha colaborado para medios como Pulso (Chile), The Wall Street Journal y ABC (España).

El País, Chile. 24 de agosto, 2026

Un estudio indica que los jóvenes de 15 años usan 45 horas, en promedio, a la semana en plataformas digitales. El escenario es analizado por neurocientíficos y psicólogos.

Chile encabeza la lista de países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) donde los adolescentes de 15 años pasan más tiempo conectados a las redes sociales. Según el informe Crecer en la era de las redes sociales, publicado este 2026, los jóvenes chilenos acumulan más de 45 horas semanales frente a las plataformas digitales —más que una jornada laboral completa—, muy por encima de las 35 horas que marca la media general de la encuesta.

El estudio no dispone de datos de Canadá, Colombia, Francia, Luxemburgo, México, Países Bajos, Nueva Zelanda, Noruega ni Portugal, pese a ser miembros de la OCDE. El informe añade que cerca del 95% de los jóvenes usa redes sociales a diario. Y ni siquiera las restricciones al uso de teléfonos dentro de los colegios logran frenar por completo el hábito: en promedio, el 29% de los estudiantes de la OCDE que asisten a centros donde existe una prohibición reconoce utilizar el celular varias veces al día durante la jornada escolar.

La medición ha vuelto a poner la salud mental juvenil en el centro del debate público en Chile, justo cuando en Estados Unidos un tribunal federal decide si Meta —el grupo tecnológico fundado por Mark Zuckerberg— es responsable de haber diseñado plataformas como Facebook e Instagram para generar ese mismo enganche.

El neurocientífico Francisco Aboitiz, director del Centro Interdisciplinario para la Niñez, Adolescencia, Resiliencia y Adversidad, explica que el problema no es solo cuántas horas se pasan conectado, sino cómo esas horas interfieren con procesos de interacción humana durante la adolescencia. “La adolescencia es un período crítico porque ocurre el cambio del cerebro de niño al de adulto y ese proceso está mediado por hormonas y otros aspectos biológicamente complejos. Es una etapa en la que suceden ciertos desequilibrios, que son transitorios y que hacen que los adolescentes sean más proclives a los riesgos”, dijo a EL PAÍS.

Aboitiz señala que en las redes sociales se pierde la interacción física, la que considera fundamental en el desarrollo de la sociabilidad. Explica que, al conversar cara a cara, los cerebros de los interlocutores logran una “sincronía interpersonal” que las redes sociales no permiten replicar, ya que eliminan ese elemento esencial de la interacción social y con este los sistemas reguladores naturales de la conversación.

En ese vacío, las redes pueden amplificar dinámicas grupales como el miedo a disentir, la presión por opinar igual que la mayoría; pero a una escala mucho mayor, de miles de personas, lo que lleva a los adolescentes a comportarse más parecido a “un rebaño”, señala Aboitiz.

El psicólogo Patricio Cabello, profesor de la Universidad Andrés Bello (UNAB) e investigador del Centro de Investigación Avanzada en Educación (CIAE) de la Universidad de Chile, pone en duda el método con el que la OCDE calculó el promedio de horas que los adolescentes pasan en redes sociales. De ahí que el académico afirma que, aunque es “interesante que Chile aparezca de primero” en la medición, no hay motivos para alarmarse debido a que la metodología aplicada no sería la más efectiva para sacar conclusiones respecto al número de horas pasadas por los jóvenes en redes sociales.

El estudio se basa en nuevos análisis de los datos de 2022 del Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes (PISA) de la OCDE, para evaluar las asociaciones entre el uso de las redes sociales y los resultados y competencias académicas. Otra investigación, la Encuesta Longitudinal de Primera Infancia (ELPI) de 2024, publicada en noviembre de 2025 por el Ministerio de Desarrollo Social y Familia, es más conservadora. Esta indica que el 54% de los adolescentes chilenos usa redes sociales tres horas o más durante un día promedio (lunes a viernes), mientras que solo un 9% destina ese tiempo de conexión a leer libros, revistas o cómics.

Cabello recuerda, además, que el uso de redes sociales no figura como una adicción reconocida por la Organización Mundial de la Salud (OMS) ni por el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM) de la Asociación Americana de Psiquiatría.

Con todo, un estudio sobre conducta de los jóvenes en edad escolar de la Oficina Regional para Europa de la OMS, enfocado en Europa, Asia Central y Canadá, constató un aumento del uso problemático de las redes sociales, que pasó del 7 % en 2018 al 11 % en 2022.

La psiquiatra Nora Volkow sostiene que las redes sociales, igual que las drogas, explotan el sistema de recompensa del cerebro para retener la atención de los usuarios. La investigadora mexicano-estadounidense, que visitó Chile en 2025 para participar en el Congreso Futuro, explicó a EL PAÍS, entonces, que la clave está en la dopamina, el neurotransmisor que permite la comunicación entre neuronas y que interviene tanto en el placer como en la memoria y el aprendizaje.

Según Volkow, tanto las drogas como la tecnología se convierten en una adicción cuando la conducta se repite de forma constante. “Cuando esos efectos sobre el sistema de recompensa se repiten, el cerebro comienza a cambiar y le quitan a la persona esa capacidad de autorregulación y de toma de decisiones”, señaló. Y añadió: “Son sistemas que vinculan el placer con el aprendizaje, la memoria y la energía para sostener una conducta. Por eso, las adicciones son tan malignas”.

“Reglas a los niños y no a la industria”

En Chile, parte de los esfuerzos han estado enfocados en limitar el uso de teléfonos móviles y dispositivos tecnológicos en las aulas de clases. De hecho, en marzo comenzó a implementarse una ley que prohíbe el uso de celulares en establecimientos educativos, posicionando al país como uno de los cuatro de América Latina que cuentan con estas restricciones.

Además, el Congreso discute un proyecto que busca limitar hasta los 16 años el uso de las redes sociales, mientras que el Gobierno de José Antonio Kast evalúa una iniciativa que exija el uso de Clave Única como mecanismo para ingresar a las redes sociales, lo que tiene como objetivo impedir que menores de edad accedan a plataformas.

Aboitiz considera que, como las redes sociales no desaparecerán, “el desafío es desarrollar un buen mecanismo que permita filtrar el contenido bueno del contenido basura”. Precisa que esto es necesario porque no todas las informaciones encontradas en redes son perjudiciales, puesto que también hay algunas que pueden ser beneficiosas. “Hasta el momento, la única posibilidad son los adultos que entiendan de esto”, sostiene.

Para Cabello, parte del problema de fondo es que las redes sociales y otras plataformas digitales operan sin regulación. “En Europa se han generado formas de regulación de las distintas plataformas, incluida la inteligencia artificial. Sin embargo, en Chile todavía estamos aprendiendo, discutiendo, sobre eso”, sostiene.

Detalla que, en cambio, el foco del debate se ha desplazado hacia el lugar equivocado: “Si las redes sociales estuvieran reguladas, todos los países pudieran tener un control interesante de la cantidad y tipo de contenido que pueden ver niños y adolescentes, pero en este momento estamos pensando más en ponerle reglas a los niños y no a la industria, prohibirles cosas a los niños, en lugar de escuchar a los expertos y a los niños”.

Maolis Castro

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