A DOS DÍAS DE DISTANCIA: LA HISTORIA COMPARTIDA ENTRE CHILE Y MÉXICO

                                                                                 Banderas de Chile y México

Por: Javier Pérez

Diario U de Chile. 17-09-2026

Cerca de 6.600 kilómetros separan Santiago de Ciudad de México. Entre ambas capitales hay cordilleras, desiertos, selvas y buena parte de América Latina. Sin embargo, cada septiembre esa distancia parece reducirse a solo dos días.

Ayer 16 de septiembre México conmemoró el inicio de su independencia y mañana 18 Chile recuerda el comienzo de su propio proceso político. Ambos hitos ocurrieron en 1810 y ninguno significó todavía la independencia definitiva: en México, el Grito de Dolores abrió una guerra que culminó en 1821; en Chile, la Primera Junta de Gobierno inició un proceso que desembocó en la independencia de 1818. Dos historias distintas, pero que desde sus orígenes comenzaron a rimar.

Desde los primeros años de las nacientes repúblicas

La relación incluso tiene una anécdota casi fundacional. Después de participar en las campañas navales de Chile y Perú, la escuadra comandada por Lord Thomas Cochrane continuó hacia el norte persiguiendo a los últimos buques españoles del Pacífico. El bergantín Araucano llegó a Acapulco a fines de 1821 y el resto de la escuadra apareció en 1822, cuando la independencia mexicana ya se había consumado.

No fue, como a veces se cuenta, una expedición enviada especialmente desde Santiago para liberar México. Pero cuando ambas repúblicas apenas nacían, barcos bajo bandera chilena ya navegaban frente a las costas mexicanas persiguiendo a la misma vieja potencia colonial que las dominó..

Muy pronto ese vínculo dejó de ser una coincidencia histórica. Chile y México establecieron relaciones diplomáticas en 1830 y durante el siglo XIX aparecieron gestos de solidaridad política. Cuando Francia intervino en México e instaló el imperio de Maximiliano de Habsburgo, Chile respaldó al gobierno republicano de Benito Juárez, incluso le llegó a ofrecer asilo político.

Décadas después, en 1914, tras la ocupación estadounidense de Veracruz, Argentina, Brasil y Chile ofrecieron conjuntamente una mediación entre Washington y México. Las conversaciones de Niagara Falls no resolvieron la Revolución Mexicana ni el conflicto con Estados Unidos del todo, pero ayudaron a contener una crisis internacional y dejaron instalada una idea que reaparecería varias veces en el futuro y que hoy resuena con fuerza; la defensa de la soberanía y la búsqueda de soluciones latinoamericanas frente a presiones de potencias externas.

Gabriela Mistral y los terremotos

Probablemente el vínculo más profundo se construyó en la cultura. En 1922 José Vasconcelos invitó a Gabriela Mistral a participar en el proyecto educativo surgido después de la Revolución Mexicana. Mistral recorrió comunidades, colaboró con maestros rurales, bibliotecas y proyectos de alfabetización, y publicó en México Lecturas para mujeres.

Allí no se la recuerda solamente como poeta y Premio Nobel, sino también como educadora y “maestra rural”. La influencia fue en ambos sentidos, cuando Gabriela llego a México, todavía le faltaban 23 años para ganar el Nobel. México también transformó a Mistral, amplió su horizonte latinoamericano y la conectó con intelectuales, paisajes y debates que marcarían su obra posterior.

La solidaridad reapareció después de las grandes catástrofes chilenas. Tras el terremoto de Chillán de 1939, México donó una escuela completa a la ciudad. Allí David Alfaro Siqueiros y Xavier Guerrero pintaron los murales Muerte al invasor y De México a Chile, que permanecen hasta hoy.

Después del devastador terremoto de Valdivia del 1960, la cooperación mexicana llegó también a Concepción y Puerto Montt. El apoyo permitió financiar parte de la actual Casa del Arte de la Universidad de Concepción, donde Jorge González Camarena pintó Presencia de América Latina, y contribuyó a levantar más de cien viviendas en la actual población Anáhuac de Puerto Montt. Dos grandes terremotos dejaron así como huella permanente barrios, edificios y obras del muralismo mexicano.

De Allende a la vuelta a la democracia

La relación alcanzó otro nivel en los años setenta. Salvador Allende y Luis Echeverría intercambiaron visitas oficiales en 1972. La visita de Allende a México dejo uno de sus más recordados discursos ante los estudiantes de la Universidad de Guadalajara.

Tras el golpe de estado de 1973, la embajada mexicana se convirtió en un espacio de refugio para perseguidos políticos. México recibió a miles de exiliados chilenos y en 1974 rompió relaciones diplomáticas con el régimen de Augusto Pinochet, vínculo que permaneció interrumpido hasta 1990. Pero incluso ese quiebre produjo una nueva conexión; numerosos chilenos se integraron a universidades, editoriales, centros de investigación y espacios culturales mexicanos, dejando también una huella en el país que los había acogido.

Con el retorno de la democracia en Chile, aquella amistad histórica comenzó a convertirse en instituciones. Llegaron nuevos acuerdos de cooperación, el Tratado de Libre Comercio vigente desde 1999 y, en 2006, el Acuerdo de Asociación Estratégica. De ese marco nació el Fondo Conjunto Chile-México, una experiencia de cooperación en que ambos países aportan recursos y deciden conjuntamente los proyectos. En 2026 ya había financiado más de 220 iniciativas y sus áreas de trabajo incluían ciencia y tecnología, medio ambiente, gobierno digital, seguridad y fortalecimiento de políticas públicas.

Por eso, las fiestas patrias de esta semana permiten mirar algo más que dos calendarios nacionales casi consecutivos. Desde las independencias hasta Gabriela Mistral, desde Niagara Falls hasta la reconstrucción de Chillán, Concepción y Puerto Montt, desde el exilio chileno en México hasta los actuales mecanismos de cooperación, la relación entre ambos países se construyó como un intercambio constante. Más de dos siglos después, dos repúblicas nacidas prácticamente al mismo tiempo y en extremos distintos de América Latina siguen encontrándose en la cultura, la diplomacia, el comercio y la cooperación. Quizás por eso cada septiembre esos 6.600 kilómetros parecen, al menos por unos días, bastante menos.

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