Por: Raúl Soto, Diputado, Presidente del PPD. Y Álvaro Ortiz Vera, Diputado, Presidente de la DC.
El Mostrador. 2 octubre, 2026
Tenemos la convicción de que los gobiernos y las mayorías políticas cambian, se van y vuelven. Pero Chile, sus instituciones y su Estado de derecho, afortunadamente, desde el retorno de la democracia, nunca se han ido.
En el marco de la Semana de Alto Nivel de las Naciones Unidas fuimos parte de la comitiva oficial de Chile encabezada por el Presidente de la República, lo que es una tradición para los mandatarios: ser acompañados por parlamentarios de distintos sectores políticos.
Bastante hemos dicho sobre el desacierto de suscribir el denominado Escudo de las Américas. Se lo dijimos al Presidente: esta definición nos deja en una evidente posición de subordinación. Y lo cierto es que el extravío de nuestra política exterior ha sido la tónica de estos siete meses de Gobierno: desde el retiro de la candidatura de la expresidenta Bachelet; pasando por el inexplicable y gratuito involucramiento de Chile en la controversia por las Islas Malvinas/Falkland, en contra de un aliado histórico como Reino Unido; hasta el alineamiento con Estados Unidos como principal socio estratégico, cuando al mismo tiempo nos suben los aranceles y violan flagrantemente un Tratado de Libre Comercio vigente, por mencionar algunas decisiones.
Pero, dejando de lado la política exterior, si miramos con detención el discurso del Presidente ante la Asamblea General, poco se ha comentado sobre el principal mensaje que quiso transmitir: Chile está de vuelta.
Con cierto asombro nos miramos mientras escuchábamos una alocución que parecía más un eslogan de campaña que el mensaje de un Jefe de Estado, porque proclamar ante el principal foro de discusión multilateral que ha conocido la historia que Chile está de vuelta, no es una afirmación inocua y, por lo mismo, consideramos importante hacer algunos comentarios.
Primero: el lenguaje construye realidad
¿Qué mensaje quiso entregar el Presidente al afirmar que Chile está de vuelta? Quiso comunicar que, previo a este Gobierno, el país había extraviado el camino y había dejado de ser un interlocutor confiable. Lo dijimos durante la visita: con este mensaje el Presidente puso en entredicho una imagen país construida durante décadas, una imagen que proyecta a Chile como un Estado cuya estabilidad institucional trasciende a las administraciones de Gobierno, independientemente del signo político.
En este punto, Presidente, no puede haber medias tintas. El valor de la alternancia democrática y del reconocimiento de los otros como adversarios políticos y no como enemigos es algo que distingue a Chile en el mundo. No perdamos de vista que la alternancia es la expresión de una voluntad popular cuya sabiduría no deberíamos subestimar, ya sea cuando nos toca ganar o perder. ¿O si en tres años más el electorado optara por una alternativa distinta, su mensaje como expresidente sería que Chile perdió el rumbo?
Segundo: ¿cuándo se fue Chile?
Mientras presenciábamos la performance del Presidente –con nuestros colegas oficialistas obedientemente asintiendo– nos surgió una pregunta: ¿cuándo se fue Chile?
Comenzamos a revisar las cifras y el actual Gobierno recibió un país con una macroeconomía que, con dificultades y desafíos, estaba lejos de encontrarse en una situación catastrófica. Con un alza de un 13% de la inversión extranjera directa en 2025, según datos del Banco Central; con un 2,8% de inflación interanual a marzo de 2026 y con un crecimiento económico de 2,5% en 2025 (aún lejos del crecimiento promedio de la Concertación).
Hicimos un recuento y recordamos distintas políticas públicas de la administración anterior que mejoraron la calidad de vida de la población, llevadas adelante de manera consensuada y mayoritaria entre oficialismo y oposición en el Congreso. Se nos vino a la mente la reforma de pensiones, la Ley de 40 horas, el copago cero en Fonasa, el aumento del sueldo mínimo, el royalty minero, entre otras.
Y nuestra conclusión fue que cuando un Gobierno asume en dichas condiciones es a lo menos imprudente proclamar ante el mundo que Chile está de vuelta, como si previamente se hubiese encontrado en el abismo.
Lo que corresponde es decirle al mundo que somos un país capaz de alternar democráticamente entre proyectos políticos distintos, que un nuevo Gobierno tiene todo el derecho a cambiar prioridades, políticas y orientaciones y que esa alternancia ocurre sobre la base de instituciones que permanecen, más allá de los gobiernos.
Tercero: Chile nunca se fue y hoy, comparativamente, está peor
Una vez terminado el discurso del Presidente, con cierta incredulidad sobre lo que acabábamos de escuchar, pusimos la pelota contra el piso y nos volcamos nuevamente a los datos para responder: a casi siete meses de iniciado el Gobierno, ¿podemos realmente constatar una mejora en los niveles de crecimiento económico, inflación o desempleo, como para sostener que Chile está de vuelta? ¿Qué pasó con las promesas de quienes se presentaban como los adalides de la seguridad y adelantaban la expulsión por arte de magia de 300 mil inmigrantes?
Si en 2025 el crecimiento económico de Chile fue de 2,5%, para 2026 la proyecciones del Banco Central hablan de un rango de entre 0,25-0,75%. Si en marzo de 2026 la inflación interanual era de un 2,8%, hoy la inflación interanual es de un 4,1%; si el desempleo en 2025 estuvo en torno a un 8,6%, los datos del trimestre junio-agosto arrojan un 9,6%, la cifra más alta en cinco años.
Con estos datos a la vista, al ministro del Interior no le quedó más remedio que declarar que “la seguridad, hoy día, pasa a segundo plano”, siendo que fue precisamente la seguridad la principal promesa de campaña de esta administración.
En efecto, el Gobierno ha informado una disminución de un 13,7% en homicidios y de 11,2% en robos violentos en comparación con el mismo periodo de 2025. Demasiado pronto para celebrar y, por lo bajo, irresponsable dejar en un segundo plano la seguridad, cuando esta semana hemos debido lamentar el condenable asesinato de otro mártir de carabineros.
Para qué hablar de la promesa irrealizable de expulsión de migrantes, cuando el número a la fecha no alcanza las dos mil personas.
Nobleza obliga: nunca es fácil mejorar indicadores tan sensibles para la población en un plazo acotado (dijo el Presidente que a los 18 meses le cobraran la palabra). Y, por lo mismo, si voy a declarar ante el mundo que Chile está de vuelta, debo tener en la mano las cartas que me permitan demostrar que mis indicadores de gestión son mejores de aquel que me antecedió. Y lo cierto es que, a la fecha, dichas cartas no están disponibles. Para ser más claros aún, la calidad de vida de chilenas y chilenos no ha mejorado.
De regreso a Santiago nos planteamos una última pegunta: ¿es prudente salir a decirle al mundo que Chile está de vuelta? Claramente que no. Tenemos la convicción de que los gobiernos y las mayorías políticas cambian, se van y vuelven. Pero Chile, sus instituciones y su Estado de derecho, afortunadamente, desde el retorno de la democracia, nunca se han ido.
Sostener lo contrario, es cometer el error en el que han incurrido no pocos mandatarios: interpretar el respaldo obtenido en una segunda vuelta como una adhesión irrestricta a tus ideas, cuando la realidad es que en primera vuelta dicho respaldo no superó el 24% de los votos.
LAS OPINIONES VERTIDAS EN ESTE ARTICULO, SON DE EXCLUSIVA RESPONSABILIDAD DEL AUTOR.
