EL PODER DE NOMBRAR AL ENEMIGO
EDITORIAL : 04 DE OCTUBRE 2026
  • Existe un poder anterior incluso a las bombas:
  • El poder de decidir quién es el enemigo.
  • Quien consigue nombrarlo puede construir alrededor de él una amenaza, instalar el miedo y conseguir que aquello que parecía intolerable comience a presentarse como necesario.
  • Entonces llegan las sanciones, los bloqueos, las intervenciones, las bombas.
  • Y aparece una palabra capaz de justificar demasiado:
  • Terrorismo, y peor aun terrorismo de quien ejerce el poder
  • Aquí aparece Gaza y  el pueblo Palestino.
Cuando esas fronteras comienzan a desaparecer, Hamas deja de ser una organización y comienza a convertirse en una población. Entonces una escuela destruida puede llamarse objetivo militar. Un hospital atacado puede explicarse como necesidad operacional. Una familia muerta puede desaparecer detrás de una expresión burocrática: “daño colateral”. Por eso debemos formular una pregunta incómoda: ¿Quién tiene el poder de decidir a quién llamamos terrorista? La pregunta resonó estos días en Naciones Unidas.
  • El presidente iraní, Masoud Pezeshkian, respondió a las acusaciones de terrorismo mostrando fotografías de niñas muertas durante el ataque contra una escuela en Minab.
  • No es necesario defender al gobierno iraní para comprender la fuerza de la contradicción.
  • Israel debe responder por sus actos cuando corresponda.
  • Estados Unidos también.
  • Una norma que solamente se aplica al enemigo no es una norma. Es un instrumento de poder.
Y aquí debemos mirar más allá de Gaza. El gobierno de Netanyahu mantiene una alianza estratégica fundamental con Washington: armas, tecnología, inteligencia y protección diplomática. Israel posee intereses propios y no es una marioneta estadounidense. Pero tampoco puede comprenderse su capacidad militar sin considerar esa alianza. Detrás de los principios también existen intereses. Y la contradicción nuclear lo demuestra. Estados Unidos posee armas nucleares. Israel es considerado una potencia nuclear aunque mantenga ambigüedad sobre su arsenal. Mientras tanto, Washington amenaza a Irán en nombre de impedir que llegue a poseerlas. Entonces preguntamos: ¿Quién decidió que determinadas armas nucleares garantizan seguridad mientras otras constituyen una amenaza intolerable?
  • Pero quizás el escenario que más debería preocuparnos esté mucho más cerca.
  • América Latina vuelve a ocupar un lugar central en la estrategia de quienes hoy ejercen el poder en Washington.
  • La administración Trump habla abiertamente de reafirmar el dominio estadounidense sobre el hemisferio occidental y ha incorporado organizaciones latinoamericanas al lenguaje del terrorismo.
  • Nuestro continente debería escuchar esas palabras con memoria.
  • Conocemos intervenciones, golpes de Estado, bloqueos, operaciones encubiertas, sanciones y gobiernos apoyados cuando convenían a determinados intereses.
  • No es una teoría. Es nuestra historia.
Y ahora tenemos Venezuela.
  • Podemos pensar lo que queramos sobre Nicolás Maduro y su gobierno. Pero ninguna opinión sobre él responde una pregunta elemental:
  • ¿Qué derecho tiene una potencia extranjera a ingresar militarmente en otro país y capturar a su gobernante?
  • La soberanía de Venezuela no depende de nuestra simpatía por Maduro.
  • Y Venezuela posee petróleo: las mayores reservas probadas del planeta. Cuando después de una intervención aparecen acuerdos petroleros favorables a la potencia que intervino, preguntarse por los intereses involucrados no constituye conspiración.
  • Constituye geopolítica.
  • Cuba conoce otra forma de poder: décadas de embargo, sanciones, restricciones financieras y presión sobre una economía que hoy atraviesa además una gravísima crisis energética.
  • No hacen falta bombas para intentar doblegar a una sociedad.
  • También existen el comercio, el crédito, la energía y el acceso a recursos esenciales.
Y ahora aparece Brasil. Washington ha ampliado la categoría de terrorismo hacia grandes organizaciones brasileñas. Esas organizaciones son violentas y deben ser combatidas. Pero América Latina tiene derecho a preguntar: ¿Qué consecuencias aparecen cuando Washington decide que una organización situada dentro de otro Estado deja de ser solamente criminal y pasa a ser terrorista?
  • No afirmamos que Estados Unidos vaya a intervenir militarmente en Brasil.
  • No tenemos evidencia para hacerlo.
  • Y precisamente porque nuestra denuncia pretende ser seria, no necesitamos inventar lo que todavía no ha ocurrido.
  • Basta observar lo que ya ocurre.
  • Chile acaba de adherir al Escudo de las Américas.
  • Se presenta como una iniciativa de cooperación frente al crimen organizado transnacional, pero su alcance comprende también economía, infraestructura digital, cadenas de suministro y minerales críticos.
  • Combatir el narcotráfico es necesario.
  • Cooperar internacionalmente también.
  • Pero la pregunta permanece:
¿Dónde termina la cooperación y dónde comienza la subordinación?
  • Para responder no basta escuchar los discursos oficiales.
  • Hay que mirar el petróleo, el cobre, el litio, las rutas comerciales, la infraestructura digital y las alianzas estratégicas.
  • Porque detrás existe una disputa mundial mucho mayor.
  • Estados Unidos enfrenta un mundo diferente del que surgió después de la caída de la Unión Soviética.
  • China crece. Rusia disputa espacios de poder. Los BRICS aumentan su influencia y buena parte del Sur Global reclama mayor autonomía.
  • El mundo avanza hacia una estructura más multipolar.
  • Y quienes hoy ejercen el poder en Washington parecen decididos a preservar la primacía estadounidense, particularmente en un continente que históricamente han considerado su espacio estratégico inmediato.
  • No necesitamos afirmar que Venezuela, Cuba, Brasil y el Escudo de las Américas forman parte de un plan secreto.
  • Pero sí podemos reconocer que todos ellos se encuentran dentro de una creciente disputa por poder, recursos e influencia en nuestro continente.
  • Quizás depositamos en ella una esperanza que su propia estructura hacía imposible satisfacer.
  • Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Reino Unido poseen derecho de veto en el Consejo de Seguridad.
Las grandes potencias construyeron un sistema destinado a limitar el poder mientras conservaron privilegios precisamente para quienes más poder poseían. Resulta difícil imaginar que renuncien voluntariamente a ellos. Entonces la pregunta ya no es cómo conseguiremos que la ONU salve al mundo. Es otra: ¿Cómo impedir que quienes poseen mayor poder terminen convirtiéndolo también en derecho?
  • Porque finalmente todo converge allí.
  • El poder militar permite atacar.
  • El poder económico permite asfixiar.
  • El poder político permite subordinar.
  • Pero existe un poder anterior:
  • El poder de nombrar al enemigo y conseguir que los demás acepten aquello que después se haga contra él.
  • La historia debería habernos enseñado a reconocerlo.
  • Hiroshima y Nagasaki.
  • Vietnam y el napalm.
  • Irak y las armas de destrucción masiva que nunca aparecieron.
  • Son acontecimientos diferentes y no deben confundirse.
  • Pero recuerdan algo elemental: las grandes potencias también pueden producir terror.
  • Y poseen una ventaja extraordinaria: tienen capacidad para explicar después por qué su violencia era necesaria.
  • Los pueblos tienen derecho a no tener dueño.
  • Y por eso quizás la pregunta más importante no sea quiénes son los verdaderos terroristas.
  • Es anterior:
  • ¿Quién posee el poder de nombrar al terrorista?
  • ¿Quién decide quién amenaza la civilización?
  • ¿Quién determina cuándo una frontera puede ser violada?
  • ¿Quién decide qué país debe ser sancionado, bloqueado o intervenido?
  • ¿Quién determina qué muertos serán llamados víctimas y cuáles quedarán reducidos a daños colaterales?
  • Y finalmente:
¿Quién le otorgó ese derecho? América Latina no necesita otro imperio. Necesita soberanía y cooperación entre pueblos iguales. Necesita relacionarse con Estados Unidos, China, Europa, Rusia , Cuba y el resto del mundo sin aceptar subordinación de ninguno. Porque la independencia no consiste solamente en tener una bandera, un himno y un asiento en Naciones Unidas. La verdadera independencia comienza cuando ningún poder extranjero puede decidir por nosotros quiénes deben ser nuestros amigos, quiénes nuestros enemigos y cuál debe ser nuestro destino.
  • El poder de nombrar al enemigo es demasiado peligroso para entregárselo a un imperio.
  • Y nuestro futuro es demasiado importante para permitir que otros lo decidan.
CORPORACION SOLIDARIA UTE-USACH