By Leopoldo Lavín – El Clarin Chile - 5 octubre, 2026
El Paquete Neoliberal del Gobierno de Kast llamada Megarreforma, reduce el impuesto corporativo del 27% al 23%. El costo fiscal máximo estimado es de US$3.215 millones (que el Estado no percibirá en términos de tributos de parte de los grandes empresarios), equivalentes al 0,71% del PIB. Típica medida de los gobiernos neoliberales para favorecer a las oligarquías propietarias en nombre de la inversión y el crecimiento. Dirán que no es un regalo, pero es dinero que el Fisco dejará de recaudar. Hacienda reconoce que el 79,1% de ese beneficio se concentra en el 1% más rico y el 49,1% en el 0,01% superior. En plena crisis económica, con desempleo juvenil agravado y alza notable del costo de la vida y combustibles al alza, el Estado renuncia a recursos que deberían financiar educación, salud y pensiones.
Y mientras eso ocurre, connotados concertacionistas como Francisco Vidal repiten el discurso del Gobierno sin ser capaces de analizar la dinámica del capital ni el contexto del capitalismo financiero. En El Mercurio del 28 de septiembre, Vidal hace creer a sus lectores que los 3000 millones devueltos a la gran empresa podrían traducirse gradualmente en inversión, empleo y crecimiento. Revelando su perfil concertacionista pro capital, el ex vocero de Bachelet no cuestiona el destino real de esos recursos ni el carácter pro empresarial y oligárquico del Gobierno de Kast. Su frase demuestra la incapacidad de la elite política de oposición para sacar consecuencias y adoptar un desempeño consecuente. La promesa oficial es conocida: menos impuestos, más inversión. Pero entre pagar menos impuestos e invertir productivamente en Chile hay un abismo. Nada en la rebaja obliga a que el ahorro tributario se convierta en fábrica, maquinaria o salario. El capital puede distribuir dividendos, recomprar acciones, amortizar deuda o comprar activos extranjeros. La cadena “rebaja → inversión → empleo” es una hipótesis, no una ley natural. Chile ya demostró que el capital privado se internacionaliza. Según el SII, las inversiones de chilenos en el exterior pasaron de $75 billones en 2019 a $127,6 billones en 2023, equivalentes al 45,3% del PIB. La politóloga Rachel Théodore confirmó que esa salida continuó incluso bajo el Gobierno de Kast. El capital chileno prefiere diversificarse fuera del territorio donde genera sus ganancias.
La Reserva Federal (El Banco Central de USA) fijó su tasa en 3,75%-4%* en septiembre de 2026. Wall Street ofrece liquidez, profundidad y activos en dólares. El Tesoro estadounidense registró compras extranjeras netas de valores de largo plazo por US$262.800 millones en mayo y US$207.100 millones en junio. Ese diferencial atrae capital que podría quedarse en Chile. La rebaja tributaria no compite con esa atracción; la profundiza.
El Banco Central ha documentado salidas elevadas de activos externos líquidos por parte de inversionistas residentes. Esa tendencia se acentuó en episodios de incertidumbre política y no se revirtió con el cambio de gobierno. Parte de ese capital busca rendimientos en mercados especulativos como en la burbuja de la IA. Los US$3.215 millones que Kast regala seguirá el mismo camino: no crear empleo chileno, sino rentabilidad financiera global.
El contexto fiscal agrava la irresponsabilidad. El año 2025 cerró con un déficit estructural de 3,7% del PIB, más del doble de la meta original. La Dirección de Presupuestos aplicó contenciones de gasto para reducir el déficit efectivo a 1,8% del PIB a agosto de 2026. Mientras se recorta gasto social, se renuncia a US$3.215 millones de recaudación potencial. Menos salud, menos educación y menos inversión pública para financiar la rentabilidad privada.
La lógica del capitalismo financiero explica por qué el milagro prometido no ocurrirá. La rentabilidad se mide cada vez más por el rendimiento inmediato del capital, no por la capacidad de producir bienes o crear empleos. Construir una fábrica en Chile implica años, riesgo y regulación; comprar bonos del Tesoro estadounidense es instantáneo. Lo que es racional para el empresario individual es destructivo para el desarrollo del país.
La propia reforma incluye una ventana para declarar capitales mantenidos en el extranjero con una tasa de 10%, reducida a 7% si se invierten en Chile. Hacienda esperaba recaudar más de US$330 millones con ese mecanismo. El Gobierno sabe que los capitales chilenos están fuera. Sabe que la rebaja no garantiza su retorno. Y aun así regala US$3.215 millones que el Estado necesita para programas sociales en medio de la crisis. Es la irracionalidad propia del capitalismo ejemplificada en una medida económica
La pregunta ciudadana es simple: ¿los US$3.000 millones de Kast crearán empleos en Chile o trabajarán para Wall Street? En términos políticos, el Gobierno neoliberal y ultraderechista de Kast expropia al pueblo de Chile de capitales que deberían financiar salud, educación y protección social. La oposición, de sello ideológico socialdemócrata neoliberal concertacionista que repite el discurso oficial, no está a la altura de la situación: no ve el capitalismo financiero ni el carácter oligárquico del Gobierno. Sin asumir esa crítica, la elite parlamentaria toda seguirá legitimando el regalo.
Leopoldo Lavín Mujica - B.A. en philosophie et journalisme, M.A. en Communication publique de l’Université Laval, Québec, Canadá.
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