LA ARQUITECTURA DEL ENGAÑO – LENGUAJE, MEDIOS Y LA CONSTRUCCIÓN DE REALIDADES EN EL CHILE CONTEMPORÁNEO – PARTE I

por Danilo Araneda – Para UTE-NOTICIAS – 13-10-2026

PARTE I - El lenguaje como campo de batalla

El lenguaje no es un simple vehículo neutral para transportar ideas; es la matriz misma que estructura el pensamiento. Cuando el lenguaje se manipula, no solo se altera la comunicación, sino que se redefine la percepción de la realidad. En las sociedades democráticas modernas, el control de los medios de difusión —entendido no solo como la propiedad de las empresas informativas, sino como la capacidad de establecer la agenda pública y los algoritmos digitales— se ha convertido en la herramienta primordial para imponer narrativas hegemónicas. A través del uso estratégico del léxico, los eufemismos, los disfemismos y el encuadre (“framing”), los actores con poder mediático pueden obligar al pensamiento colectivo a percibir realidades que no existen como tales, o al menos, no en la magnitud o forma en que se presentan. De manera similar a como actúan los matinales de la televisión.

El objetivo de esta dinámica es doble: por un lado, consolidar un consenso artificial en torno a una visión específica del mundo; por el otro, anular, desacreditar o invisibilizar a quienes piensan distinto, no mediante el debate de ideas, sino a través de la imposibilidad semántica de expresar su disidencia sin ser etiquetados bajo categorías moralmente condenables. La asimilación de la delincuencia con el terrorismo, y del terrorismo con su relación con ideas de izquierda, necesariamente lleva a la conclusión que todas las ideas de izquierda provienen de delincuentes.

En el Chile actual, una sociedad que ha atravesado profundos procesos de transformación social, crisis institucionales y una aguda polarización política en las últimas dos décadas, este fenómeno es particularmente visible. La concentración histórica de los medios tradicionales, sumada a la fragmentación algorítmica[1] de las redes sociales, ha creado un ecosistema donde la realidad política y económica es constantemente mediada por narrativas que buscan imponer verdades absolutas. Esta realidad es construida gracias a la extrema concentración que muestra la propiedad de los medios de comunicación y, por ende, aprovechando esta verdadera “fábrica de pensamiento e imágenes” para estructurar una realidad acorde a los intereses de esos mismos grupos propietarios e imponerla sobre el resto de la ciudadanía. El cuadro siguiente es contundente al mostrar los 7-8 grupos económicos que controlan la forma de pensar en el país. Aunque no hay un porcentaje oficial del peso de estos grupos en la economía solo cuatro de ellos (Luksic, Heller Solari, Edwards y Saieh), colectivamente representan el núcleo del oligopolio económico chileno, controlando cuotas de mercado dominantes o altamente significativas en banca, retail, minería, logística y medios de comunicación.

En el sector opuesto a esta concentración se encuentra una enorme cantidad de medios digitales e independientes locales que surgen continuamente. Actualmente no existe un registro único o un número exacto que contabilice la totalidad de medios y plataformas de información en Chile. Un informe elaborado recientemente por la Universidad Católica de Valparaíso, concluye que todo marca un cambio drástico: la mayoría de los chilenos ya no llega directo a las páginas web de los medios, sino que consume noticias de forma incidental en redes sociales. Las principales son: Instagram y TikTok, canales predilectos para informarse, especialmente entre jóvenes de 18 a 34 años; y YouTube, principal plataforma audiovisual utilizada tanto por medios oficiales para retransmitir sus programas de debate, como por analistas de actualidad e influencers.

Una de las principales novedades que destaca este informe es que más de la mitad del consumo declarado de noticias ocurre de manera pasiva o incidental: en promedio, un 52,7% corresponde a noticias que las personas no buscan activamente, sino que reciben a través de redes sociales, conversaciones cotidianas, contenidos compartidos por otros o espacios de exposición indirecta. Muchas personas se informan porque las noticias les aparecen en redes sociales, porque alguien las comparte o porque circulan en sus conversaciones cotidianas.

Finalmente, no se puede dejar de mencionar a algunos medios de investigación independientes y de análisis de la realidad, entre ellos: CIPER Chile, El Mostrador, Ex-Ante, The Clinic e Interferencia. Todos ellos, sin embargo, con alguna limitada influencia en sectores de capas medias e intelectuales.

La Mecánica de la Imposición o como los Medios fabrican el consenso

Para comprender cómo el lenguaje y los medios construyen una realidad que acomode a quién controla la propiedad de los medios, y cómo funciona el mecanismo para anular la opinión divergente, es necesario observar el accionar de tres mecanismos fundamentales:

  1. La Selección y Omisión (Agenda Setting): Los medios no deciden qué pensar, pero sí sobre qué pensar. Al elegir qué hechos cubrir y cuáles ignorar, crean una "realidad" mediática que a menudo diverge de la realidad estadística o material. No deja de llamar la atención la “desaparición” de la actividad social (protestas, huelgas, manifestaciones) en todo el país, a pesar de que el ciudadano de a pie es testigo de ella casi todos los días. El centro mediático se pone solo sobre “violentistas y desadaptados” ignorando las razones de esta conflictividad.
  2. El Encuadre (Framing) y la Carga Semántica: La forma en que se nombra un hecho determina cómo se interpreta. Llamar "ajuste" a una reducción de gastos, "reforma" a un cambio estructural, o "amenaza" a una diferencia ideológica, predispone a la ciudadanía para aceptar una conclusión sin necesidad de presentar pruebas. Tal ocurre, por ejemplo, con la abierta persecución mediática y judicial en contra del exalcalde Daniel Jadue, a quién tras 6 años no se le ha logrado comprobar delito ninguno o, por el lado contrario, con la opaca difusión de la situación del exdiputado Lavín, formalizado por fraude al Fisco, tráfico de influencias y falsificación o uso malicioso de instrumento privado mercantil
  3. La Demonización del Disenso: Para anular a quien piensa distinto, el lenguaje mediático crea categorías binarias. Quien se opone a la narrativa hegemónica, predominante, no es simplemente alguien con una opinión diferente; es etiquetado como "extremista", "ignorante", "vendido", "autoritario", "enemigo de la libertad y de la democracia" o, simplemente, “comunista”. Esto cierra la puerta al debate y obliga al individuo a autocensurarse por miedo al ostracismo social o digital.

Recientemente, la ciudadanía y la opinión pública en general han sido sorprendidos con el papel que ha comenzado a desempeñar la inteligencia artificial en estos procesos. La aparición de “bots” y “granjas de bots” convertidas en herramientas centrales en la construcción de la información actual, diseñadas para amplificar mensajes, crear tendencias artificiales y saturar las redes con desinformación. Su objetivo no es persuadir, sino distorsionar la percepción de la realidad, polarizar el debate y simular un apoyo popular inexistente, erosionando la confianza en las instituciones democráticas, conjugando el uso de las tres características indicadas más arriba.

El "Caso Cerimedo" ejemplifica esta dinámica a escala regional. La detención a mediados de agosto de 1016 en Bolivia de Fernando Cerimedo, argentino conocido como el "rey de los trolls", reveló una red transnacional de operaciones digitales vinculada a figuras de la derecha regional (como Bolsonaro, Milei y Kast), que utilizó granjas de bots y noticias falsas para manipular la opinión pública.

Las implicancias para manipulación de la opinión pública y de las elecciones en América Latina son profundas. El caso demostró que la manipulación electoral es una "arquitectura del poder digital" que ha impactado a al menos seis países de la región, motivando la apertura de comisiones investigadoras en Chile y Perú para esclarecer vínculos con autoridades y el financiamiento de estas campañas coordinadas.

La situación se agrava al constatar que las organizaciones sociales, los ciudadanos, los trabajadores carecen de recursos para poder hacer valer sus opiniones, las que son lisa y llanamente ignoradas por el establishment comunicacional.

En la segunda parte de este artículo abordaremos ejemplos concretos sobre cómo el lenguaje y los medios construyen una realidad que acomode a quién controla la propiedad de los medios, y cómo funciona el mecanismo para anular la opinión divergente.


[1]              La fragmentación algorítmica describe cómo los sistemas automatizados de distribución de contenido rompen la cohesión —sea de una comunidad, de un discurso o de la propia identidad— para reorganizarla en pequeños segmentos optimizados para el consumo y el beneficio comercial de las plataformas.


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