Interferencia. 02/11/2026
Con 26% de aprobación y un 70% cuestionando la continuidad de Rabat, Kast se va a Europa mientras la oposición prepara el libelo, el PDG se divide y en el oficialismo crece la idea de que el ministro dé un paso al costado.
José Antonio Kast cierra octubre con el peor registro de su mandato, tras una de las semanas más duras de su gobierno, y abre noviembre con una apuesta que casi nadie, ni dentro ni fuera de su sector, parece compartir: sostener al ministro Fernando Rabat. La última Cadem, publicada el domingo 1 de noviembre, ubicó su aprobación en 26%, su nivel más bajo desde que asumió, mientras la desaprobación subió tres puntos hasta 69%. Lo que viene esta semana puede dejar esa decisión como un gesto de firmeza o como el error más caro de su gobierno.
Una semana para el olvido
La semana que terminó tuvo escenas que el gobierno querría borrar. El lunes, Kast salió a La Moneda, flanqueado por su comité político y por el propio Rabat, a reconocer el error: calificó lo ocurrido como “muy grave”, “profundamente doloroso” y “totalmente inaceptable”, y afirmó que “el Estado les falló” a las víctimas. No convenció: entre quienes vieron la declaración, 72% la consideró insuficiente.
El miércoles fue el turno del ministro, que defendió las rebajas ante la Cámara en una sesión especial con interrupciones, gritos y carteles. Al término, la oposición anunció la acusación constitucional y la Cámara aprobó pedir al Presidente que remueva a Rabat y al, hasta ese momento, subsecretario Luis Silva.
El jueves por la noche, Silva rompió su silencio con un video en Instagram en el que explicó que firmó los decretos como ministro subrogante, conforme al criterio definido por Rabat. Al día siguiente reconoció que no lo había consultado con el ministro y, horas después, fue removido de su cargo. En el gobierno, fuentes de alto nivel calificaron el video como una deslealtad. Kast designó en su lugar a la abogada Josefina Soto, mientras la oposición criticó que lo sacaran por el video y no por las rebajas. En cinco días, el gobierno pasó de una declaración presidencial a perder a su subsecretario y enfrentar la amenaza de una acusación contra su ministro.
Un Presidente en caída libre
El costo político se mide en las encuestas. Cadem, que mide la aprobación del Presidente cada semana, la ubicó el domingo 01 de noviembre en 26%, con 69% de desaprobación. Siete días antes había caído por primera vez bajo el 30%, con 29% de aprobación y 66% de desaprobación. En el balance del mes, el promedio de octubre quedó en 30% de aprobación, cinco puntos menos que en septiembre, y la desaprobación pasó de 60% a 65%.
Y las otras mediciones no son más benignas. Pulso Ciudadano, de Activa Research, lo dejó en 22,1% en octubre, su registro más bajo desde el 11 de marzo, con 67,5% de desaprobación. Criteria, en tanto, también lo sitúa bajo el 30%. Tres mediciones distintas, un mismo sentido.
Siete de cada diez quieren a Rabat fuera
El origen del desplome tiene nombre y apellido: las rebajas de condena a condenados por delitos sexuales contra menores. Cadem midió, el martes 27, un 77% de desaprobación a la gestión del ministro Rabat en el caso y un 64% de rechazo a que Kast lo mantenga. Solo 12% aprueba lo que hizo.
Cinco días después, la presión creció. La encuesta del domingo muestra que un 70% cuestiona la continuidad de Rabat. Pulso Ciudadano, por su parte, encontró que un 74,2% considera equivocada la decisión de mantenerlo y que un 64,3% respaldaría que el Congreso apruebe una acusación constitucional para destituirlo. Las cifras sugieren que una parte importante del país no está dispuesta a esperar para ver cómo se repara el daño.
Kast no suelta a Rabat
El Presidente ha sido, de lejos, el principal sostén del ministro. Pese a las presiones de parlamentarios oficialistas para que abandone el gabinete y a la acusación que prepara la oposición, Kast ha insistido en mantenerlo, asumiendo los costos del caso. En su declaración del lunes 26 descartó su salida, desestimó la opción de removerlo y optó por lo que su entorno describe como el “camino difícil”. Incluso en el oficialismo hay quienes sostienen que Rabat sigue en el gabinete, en gran medida, gracias a la férrea defensa que ha hecho de él el Presidente.
La explicación está en el lugar que el ministro ocupó desde el comienzo. Rabat no conocía personalmente a Kast antes del gobierno, el mandatario electo lo contactó en enero, lo invitó a un almuerzo dominical en su casa y le ofreció encabezar Justicia. Desde entonces, se convirtió en un interlocutor habitual del Presidente y amplió su influencia a otras carteras, asesorando a ministros en el Congreso. Fuentes oficialistas sostienen que Kast confía en sus capacidades jurídicas para impulsar las reformas al sistema judicial, entre ellas los cambios al mecanismo de nombramiento de jueces. Soltarlo, en ese cálculo, no es solo perder a un ministro, sino una pieza del diseño de gobierno.
Kast ha intentado separar la defensa del hombre de la defensa del error. Tomó distancia de la tesis que inicialmente levantó Rabat y argumentó que sacar al ministro “tranquiliza por unos días, pero no cambia el fondo” del problema, mientras anunció la suspensión de nuevas rebajas y la revisión caso a caso de los decretos.
Una gira en plena crisis
La defensa de Rabat no se interrumpe ni siquiera por el calendario internacional. Kast partió el domingo a su primera gira por Europa desde que asumió, un viaje que contempla escalas en España e Italia, la XXX Cumbre Iberoamericana, una reunión con la primera ministra Giorgia Meloni y una audiencia con el papa León XIV, prevista para el miércoles 4 de noviembre. Llega este lunes a Madrid, donde se reunirá con el líder de Vox, Santiago Abascal, y lo acompañan, como invitados especiales, la presidenta del Senado, Paulina Núñez; el presidente de la Cámara, Jorge Alessandri; y el ministro secretario general de la Presidencia, José García Ruminot.
El momento del viaje es lo que más se le cuestiona. Los diputados del PDG Tamara Ramírez y Fabián Ossandón le pidieron suspenderlo, con el argumento de que “primero hay que ordenar la casa”, y Ramírez habló de una “desconexión total”. La remoción de Silva buscó cerrar la crisis antes del viaje, pero la oposición alista su libelo y podría presentarlo formalmente esta semana, en medio de la gira. El Presidente que sostiene a su ministro lo hará, por primera vez, desde el extranjero.
Un oficialismo sin libreto
Puertas adentro, el respaldo ya no suena igual de firme. El jueves, el vocero Gonzalo Arenas dijo que la postura del gobierno es respaldar al ministro, pero agregó que esa continuidad “no es decisión escrita en piedra”. Ese mismo día reconoció que el oficialismo no está alineado para salvarlo de la acusación, mientras Kast, en Concepción, evitó pronunciarse sobre la continuidad del ministro.
Las grietas tienen nombres propios. El diputado Hotuiti Teao fue el primer parlamentario oficialista en anunciar que votaría a favor del libelo, y senadores como María José Gatica y Rojo Edwards se han sumado a las críticas contra el ministro. Entre varios de ellos gana terreno la idea de que Rabat dé un paso al costado antes de la votación, lo que les ahorraría elegir entre respaldarlo o romper con el Ejecutivo.
El PDG, la llave de la acusación
Los números siguen siendo el centro de la semana. En la Cámara la oposición tiene cerca de 64 votos y necesita 78, de modo que apuesta por el PDG, los independientes e incluso algunos descolgados de la derecha. Pero la bancada del PDG está dividida: su jefe, Juan Marcelo Valenzuela, reconoció “visiones encontradas” en el partido, cuestionó la permanencia del ministro, pero descartó respaldar personalmente la acusación, y el partido podría dejar a sus diputados en libertad de acción. Franco Parisi, en tanto, ha pedido que Rabat dé un paso al costado, y la diputada Pamela Jiles ha ofrecido “salvar” al ministro.
El calendario sigue abierto. La oposición apunta a presentar el libelo pronto, aunque hay quienes prefieren esperar para armar un texto más robusto. Rabat insiste en que la acusación “no tiene asidero”, y la oposición advirtió que seguirá adelante, aunque el ministro deje el cargo. Con la aprobación presidencial en mínimos, un oficialismo dividido y un ministro al que la mayoría quiere fuera, la pregunta de la semana es cuánto más puede Kast sostener a Rabat sin quedarse él solo.
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