DISCURSO DE INVESTIDURA
  1. PEDRO PALOMINOS BELMAR

RECTOR DE LA UNIVERSIDAD DE SANTIAGO DE CHILE

Vocativos:

Señoras Ministras y Ministros de Estado;

Honorables Senadoras y Senadores, Diputadas y Diputados;

Autoridades nacionales, regionales y comunales;

Embajadoras y Embajadores;

Rectores y Rectoras;

Representantes del sector productivo y de la sociedad civil;

Integrantes del Consejo Superior, del Senado Universitario y del Consejo Universitario;

Académicas y académicos;

Funcionarias y funcionarios;

Estudiantes;

Egresadas y egresados;

Amigas y amigos:

Asumo la rectoría de la Universidad de Santiago de Chile consciente de la magnitud de esta institución, de su historia y de la responsabilidad que implica conducir una de las universidades públicas más importantes del país.

Pero este momento tiene, además, un significado institucional particularmente especial.

Tengo el honor de ser el primer Rector elegido bajo el nuevo Estatuto Orgánico de nuestra Universidad, fruto de años de reflexión, diálogo y construcción colectiva.

Este hito representa mucho más que una modificación normativa. Representa la expresión de una comunidad que fue capaz de pensar su futuro, fortalecer su institucionalidad y consolidar una forma más participativa de construir universidad.

Por ello, recibo esta responsabilidad con gratitud, pero también con plena conciencia del compromiso que este nuevo tiempo exige.

Permítanme contar una reflexión personal.

Mi historia está profundamente ligada a esta universidad.

Mucho antes de convertirme en estudiante, académico, investigador o directivo, este lugar ya formaba parte de mi vida.

Mi padre trabajó en esta institución y, desde muy pequeño, recorrí sus patios, sus salas y sus espacios.

La casa donde vivíamos se encontraba dentro de lo que hoy forma parte de este campus. Mis juegos de infancia transcurrieron entre edificios, talleres y patios que para muchos eran espacios de estudio y trabajo, pero que para mí eran simplemente el lugar donde crecía.

Para muchas personas, la Universidad de Santiago ha sido una universidad.

Para mí también fue un hogar.

Aquí aprendí el valor del trabajo bien hecho.

Aquí comprendí el significado del esfuerzo.

Aquí vi cómo la educación era capaz de transformar vidas.

Aquí descubrí, incluso antes de entenderlo plenamente, que las instituciones públicas tienen la capacidad de cambiar el destino de las personas y de contribuir al desarrollo de un país.

Por eso, estar hoy frente a ustedes como Rector de la Universidad de Santiago de Chile tiene para mí un significado difícil de expresar en palabras.

Sin embargo, esta ceremonia no trata de una historia personal.

Trata de una historia colectiva.

La historia de miles de mujeres y hombres que durante generaciones dedicaron su talento, su trabajo y su vocación a construir esta universidad.

La historia de quienes fundaron la Escuela de Artes y Oficios.

La historia de quienes dieron vida a la Universidad Técnica del Estado.

La historia de quienes consolidaron la Universidad de Santiago de Chile como una institución de excelencia, profundamente comprometida con el desarrollo del país.

A todas esas generaciones quiero rendir hoy un homenaje sincero.

Porque gracias a ellas esta universidad se convirtió en un símbolo de movilidad social, de excelencia académica, de compromiso público y de contribución al desarrollo nacional.

La historia de nuestra universidad se entrelaza con la historia de Chile.

Cuando el país comprendió que debía formar capacidades para impulsar su desarrollo productivo, nació la Escuela de Artes y Oficios.

Cuando Chile necesitó fortalecer su capacidad industrial y tecnológica, la Universidad Técnica del Estado asumió ese desafío.

Cuando el país avanzó hacia una sociedad más compleja, más diversa y más exigente, la Universidad de Santiago continuó ampliando su aporte desde la formación, la investigación y la vinculación con el medio.

Por eso, cuando hablamos de la historia de esta universidad, no hablamos únicamente de una institución.

Hablamos también de una parte importante de la historia del desarrollo nacional.

La Escuela de Artes y Oficios nació para formar a quienes construirían el Chile moderno.

Formó a mujeres y hombres que contribuyeron al desarrollo de la industria, la infraestructura, la energía, las telecomunicaciones, la educación y la ciencia.

Generó capacidades que permitieron al país avanzar.

Y ese espíritu sigue vigente.

Porque hoy los desafíos son distintos, pero la misión es esencialmente la misma.

La diferencia es que ahora hablamos de inteligencia artificial, transformación digital, sostenibilidad, biotecnología, manufactura avanzada, ciencia de datos, energías limpias y nuevos modelos de desarrollo.

La responsabilidad histórica de esta universidad continúa siendo la misma: contribuir a construir el futuro de Chile.

Y precisamente porque reconocemos ese legado, comprendemos la responsabilidad que hoy tenemos.

Honrar nuestra historia no significa mirar hacia atrás.

Significa proyectar hacia el futuro todo aquello que generaciones anteriores construyeron antes que nosotros.

Nuestro desafío no es elegir entre tradición e innovación.

No es elegir entre identidad y transformación.

No es elegir entre historia y futuro.

Nuestro desafío es construir el futuro desde la fortaleza de nuestra historia.

Porque son más de ciento setenta años formando personas, generando conocimiento y contribuyendo al desarrollo de Chile.

Y hoy nos corresponde preparar a esta universidad para los próximos ciento setenta años.

Asumimos esta rectoría en un momento especialmente desafiante para la educación superior chilena y mundial.

Vivimos una época marcada por transformaciones profundas.

La inteligencia artificial está modificando la manera en que aprendemos, trabajamos y producimos conocimiento.

La transición energética está transformando industrias completas.

Los desafíos climáticos exigen nuevas respuestas científicas y tecnológicas.

La geopolítica mundial está redefiniendo relaciones económicas, científicas y culturales.

Los cambios demográficos están modificando las dinámicas de formación y empleo.

Y la velocidad del cambio nos obliga a repensar permanentemente nuestras instituciones.

Las universidades no pueden observar estos procesos desde la distancia.

Están llamadas a comprenderlos.

A anticiparlos.

Y a contribuir activamente a enfrentarlos.

La pregunta ya no es si las universidades deben transformarse.

La pregunta es cómo hacerlo sin renunciar a aquello que les da sentido y propósito.

Chile tampoco está ajeno a estos desafíos.

La educación superior enfrenta hoy cambios significativos en materia de financiamiento, sostenibilidad institucional, transformación educativa, formación continua y nuevas demandas sociales.

La gratuidad ha representado un avance importante en términos de acceso y oportunidades para miles de jóvenes.

Pero el desafío actual va mucho más allá del acceso. Debemos garantizar trayectorias formativas exitosas. Debemos fortalecer la permanencia estudiantil. Debemos avanzar hacia modelos más flexibles de aprendizaje. Debemos promover la formación a lo largo de toda la vida.

Y debemos asegurar que nuestras instituciones cuenten con las condiciones necesarias para proyectar calidad, innovación y sostenibilidad en el tiempo.

Los desafíos del siglo XXI requieren una conversación de largo plazo sobre el futuro de la educación superior.

Y las universidades estatales tenemos la responsabilidad de contribuir activamente a ella.

Porque las universidades públicas cumplen un rol que trasciende la formación profesional. Son espacios de pensamiento crítico. Son espacios de diálogo democrático. Son espacios donde una sociedad reflexiona sobre sí misma y proyecta su futuro. Son instituciones que ayudan a construir cohesión social, desarrollo económico, progreso científico y bienestar colectivo.

Por ello quiero compartir los principios que orientarán esta rectoría.

El primero es la formación con propósito.

Creemos que la educación superior debe formar mucho más que profesionales competentes.

Debe formar personas capaces de comprender su tiempo, de dialogar con otros, de asumir responsabilidades y de contribuir activamente al desarrollo de sus comunidades.

"Nuestro sello será una formation integral con propósito y enfoque, articulando ciencia, tecnología, ingeniería, artes y humanidades para responder a los desafíos complejos de nuestro tiempo."

Queremos formar profesionales de excelencia.

Pero también ciudadanos comprometidos.

Personas capaces de innovar, emprender, crear y liderar transformaciones con responsabilidad ética y sentido público.

El segundo principio será la excelencia con sentido público.

La excelencia académica y el compromiso con el país no son caminos distintos. Son dimensiones inseparables de una universidad estatal.

Seguiremos promoviendo los más altos estándares de calidad en docencia, investigación y vinculación con el medio, entendiendo siempre que el conocimiento alcanza su mayor valor cuando contribuye al bienestar de las personas.

El tercer principio será la innovación y la transformación digital centradas en las personas.

La tecnología será una aliada estratégica para fortalecer la formación, la investigación y la gestión universitaria.

Impulsaremos una transformación educativa y digital que contribuya a mejorar la experiencia de estudiantes, académicas, académicos, funcionarias y funcionarios.

Pero nunca olvidaremos algo esencial. La tecnología es una herramienta. Las personas son el propósito. Y la educación sigue siendo, por sobre todo, una tarea profundamente humana."

El cuarto principio será la investigación con impacto.

Fortaleceremos la investigación interdisciplinaria. Promoveremos nuevas alianzas nacionales e internacionales. Impulsaremos la protección de la propiedad intelectual. Potenciaremos el registro de patentes y los mecanismos de transferencia tecnológica. Queremos una investigación que dialogue con los desafíos del país. Una investigación que genere conocimiento, pero también soluciones. Porque el conocimiento no solo debe producirse. Debe generar impacto. Debe contribuir al desarrollo económico, social, cultural y productivo de Chile.

El quinto principio será la construcción de comunidad.

Durante este proceso hablamos de un nuevo pacto universitario. Hoy quiero reafirmar ese compromiso. No existe universidad de excelencia sin una comunidad cohesionada. No existe innovación sostenible sin confianza. No existe proyecto institucional exitoso sin colaboración. Promoveremos una cultura basada en el respeto, la participación, el diálogo, la confianza y la construcción de acuerdos. Porque nuestras diferencias no deben dividirnos. Deben enriquecernos. Y porque la diversidad de nuestra comunidad constituye una de nuestras mayores fortalezas.

El sexto principio será nuestro compromiso con Chile y con el mundo.

Nuestra vocación es profundamente chilena. Nuestra mirada es global. Vivimos en un mundo crecientemente interdependiente. Los grandes desafíos contemporáneos no reconocen fronteras. Por ello fortaleceremos decididamente nuestras alianzas académicas y científicas con América Latina, Europa, Asia y otras regiones del mundo. Impulsaremos la movilidad estudiantil y académica. Promoveremos la investigación colaborativa internacional. Y fortaleceremos la presencia global de la Universidad de Santiago. Queremos contribuir desde Chile a las grandes conversaciones globales. Y queremos que el conocimiento generado en el mundo encuentre en nuestra universidad un espacio fértil para transformarse en soluciones para la sociedad.

A nuestros estudiantes quiero decirles que ustedes seguirán siendo el centro de nuestra misión institucional.

Cada decisión que adoptemos tendrá como horizonte contribuir a su formación, bienestar y desarrollo.

A nuestras académicas y académicos, funcionarias y funcionarios, quiero expresarles mi gratitud.

Nada de lo que esta universidad ha logrado durante más de ciento setenta años habría sido posible sin su compromiso, profesionalismo y vocación.

A nuestras egresadas y egresados quiero dirigirme de manera especial.

La Universidad de Santiago los necesita.

Porque el vínculo con esta institución no termina con la titulación.

Al contrario.

Allí comienza una nueva forma de contribuir a este proyecto colectivo.

Queremos fortalecer una relación permanente con quienes representan a nuestra universidad en Chile y en el mundo.

Porque el éxito de nuestros egresados también es el éxito de nuestra institución.

A nuestros socios internacionales y representantes diplomáticos presentes, les reitero nuestro compromiso con la cooperación académica, científica y cultural.

Y al Estado de Chile, a sus instituciones y a quienes hoy tienen responsabilidades de conducción pública, quiero transmitirles un mensaje claro.

La Universidad de Santiago seguirá estando disponible para contribuir al desarrollo nacional.

Estamos disponibles para colaborar en la formación de capital humano avanzado.

En la generación de conocimiento.

En el diseño e implementación de políticas públicas.

Y en la búsqueda de soluciones para los desafíos estratégicos que enfrenta el país.

Chile necesita universidades capaces de pensar el largo plazo.

Universidades que contribuyan al desarrollo productivo, científico, tecnológico, social y cultural de la nación.

Las universidades públicas tienen una responsabilidad insustituible en esa tarea.

Y la Universidad de Santiago seguirá asumiéndola con convicción, responsabilidad y sentido de Estado.

Antes de concluir, quisiera expresar un agradecimiento profundo a todas las personas que, en distintos momentos de mi vida y de este camino, hicieron posible que hoy esté aquí.

A mi familia, por su amor incondicional y por enseñarme el valor del esfuerzo y la perseverancia.

A mis profesores y profesoras, quienes despertaron en mí la curiosidad por aprender y contribuyeron decisivamente a mi formación humana y profesional.

A mis colegas, amigas y amigos, por su confianza, generosidad y permanente apoyo.

Y también a tantas personas que quizás nunca sabrán cuánto influyeron en mi trayectoria, pero que, con una palabra, un consejo, una oportunidad o un gesto de confianza, ayudaron a construir el camino que hoy me trae hasta este lugar.

A todas ellas, mi gratitud más sincera.

Amigas y amigos:

Durante más de ciento setenta años esta universidad ha acompañado las grandes transformaciones de Chile.

Lo hizo formando a quienes impulsaron el desarrollo industrial del país.

Lo hizo contribuyendo al desarrollo científico y tecnológico nacional.

Lo hizo ampliando oportunidades y transformando la vida de miles de familias a través de la educación.

Hoy nos corresponde asumir una nueva responsabilidad.

Preparar a nuestra universidad para los desafíos de una nueva época.

Lo haremos honrando todo aquello que generaciones anteriores sembraron antes que nosotros.

Lo haremos fortaleciendo una formación integral con propósito y enfoque integral.

Lo haremos generando conocimiento con impacto.

Lo haremos construyendo comunidad.

Lo haremos desde Chile y para Chile, pero con una mirada abierta al mundo.

Porque esta universidad no pertenece a una autoridad.

No pertenece a una generación.

No pertenece a un grupo particular.

Pertenece a una historia construida durante más de ciento setenta años por miles de personas que creyeron en el poder transformador de la educación.

Hoy nos corresponde recibir ese legado.

Cuidarlo.

Fortalecerlo.

Y proyectarlo hacia el futuro.

Con humildad.

Con convicción.

Y con profundo sentido de responsabilidad.

Porque la Universidad de Santiago nació para acompañar el desarrollo de Chile.

Hoy nuestra responsabilidad es aún mayor:

ayudar a imaginarlo, construirlo y liderarlo.

Porque el futuro no se espera.

El futuro se construye.

Y la Universidad de Santiago está llamada a ser protagonista de esa construcción.

Muchas gracias.!!!!