Crónica Digital. 14 junio, 2026
Anoche fui a ver Una especie de Alaska de Harold Pinter.
Teatro La Comedia, con Tamara Acosta, Marcial Tagle y Natalia Aragonese. Dirección de Cristián Plana.
Salí del teatro con más preguntas que respuestas.
La obra me resultó por momentos abstrusa. Pinter es abstruso. Pero me dejó pensando en algo que no esperaba.
Los exiliados.
Viví quince años fuera de Chile durante la dictadura.
Los exiliados son una categoría histórica. Una cifra. Un fenómeno político y social. Pero el exilio ocurre de uno en uno.
Mientras veía a la protagonista despertar en un mundo que había seguido adelante sin ella, pensé en mi regreso.
Y pensé en mi madre.
En sus últimos años a veces me preguntaba quién era yo.
Entonces comprendí que hay experiencias que compartimos colectivamente, pero que sólo podemos vivir de manera personal.
Las guerras producen millones de muertos. Pero nadie muere como parte de un millón. Cada uno muere personalmente.
Los exilios se cuentan por miles.
Pero nadie es exiliado estadísticamente. Cada uno vive su exilio.
Quizás ocurre lo mismo con la memoria, el amor, la enfermedad y la pérdida. Compartimos las grandes ondas de la historia.
Pero el sufrimiento o la alegría siempre colapsan sobre una persona concreta.
Somos ondulatorios en las experiencias comunes y partículas en el drama personal.
Por Jorge Coulon Larrañaga. El autor es músico, escritor y gestor cultural, miembro fundador del grupo Inti Illimani.
Santiago, 14 de junio de 2026.
Crónica Digital.
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