108 AÑOS DE INÉS ERAZO: UNA FEMINISTA IMPRESCINDIBLE

Francisca Pérez Fuentes – Revista abismo.com – 03 abril 2026

Desde su casa en Brown Norte, Inés Erazo sigue mirando el país con la misma lucidez con que defendió el voto femenino, acogió a los refugiados europeos y enfrentó la dictadura. Testigo de un siglo de avances y retrocesos, hoy vuelve a inquietarse por el futuro, y su vida insiste en una verdad incómoda: los derechos que parecen ganados pueden tambalear en un instante.

A sus 108 años, Inés Erazo está preocupada por el futuro, sobre todo el de las mujeres. La invitada de honor del evento y representante de la Agrupación Mujeres Democráticas llegó al parque Ramón Cruz acompañada de Lena, su hija mayor. Fue un homenaje para “todas las mujeres que abrieron caminos” organizado por el colectivo Bordadoras de Memoria Villa Frei en el marco del Día Internacional de la Mujer. Inés recorrió en su silla de ruedas las arpilleras de Luisa Toledo, Violeta Parra, Valentina Bone y Fabiola Campillai. También había uno dedicado a ella, bordado por María Angélica Toro:

“Inés Erazo Corona nació en 1918 en San Felipe. Trabajó por el voto femenino. Después del golpe militar fundó la Agrupación Mujeres Democráticas. 2022 hija ilustre de Ñuñoa. 2023 medalla de oro USACH por su trabajo en DDHH”

Dos días después, el 8 de marzo, Plaza Italia fue el punto de encuentro de una marcha de más de 500 mil asistentes, según cifras de la Coordinadora Feminista 8M. Bajo la consigna “Ni un paso atrás, cien hacia adelante”, la concentración fue citada para las 10:00 horas. Las Mujeres Democráticas, agrupación fundada en dictadura, se reunieron a las afueras de la estación de metro Salvador y a pesar de sus intenciones, Inés no pudo asistir: “Tuvo una mala noche”, dijo Mimí Baeza apenada, una de sus amigas cercanas.

Tenía la ilusión de marchar al lado de esa mujer que ha sido testigo de más de un siglo de reivindicaciones de nuestro género. De agradecerle, a cada paso, por abrir la puerta al reconocimiento de las mujeres como ciudadanas plenas. De emocionarme junto a ella al ver que somos muchísimas las que hoy sostenemos la lucha que ella inició hace décadas. Y aunque no caminamos juntas, Inés estaba presente en las anécdotas, en su hija Lena, en las consignas que la Agrupación gritaba a todo pulmón.

Agrupación Mujeres Democráticas en marcha por el 8M. Foto: Francisca Pérez

—Después de haber visto pasar tantas etapas del movimiento, ¿cómo percibes el feminismo de hoy?

—Yo he saboreado poco a poco el feminismo, en toda mi vida. Estuve justamente recordando ayer el Congreso Mundial de Mujeres de Moscú de 1960. Conversábamos. De alguna manera, uno se entendía con la gente de otros idiomas. Venía llegando de su viaje maravilloso, de esas vueltas al cielo, Valentina.

¿Valentina? La observo un poco confundida y Mimí, que está a su lado y nos ayuda a comunicarnos durante la entrevista por las dificultades que tiene Inés para escuchar, me explica: “Se refiere a Valentina Tereshkova, la primera mujer astronauta”.

Desde el 24 al 29 de junio de 1963 se celebró el Congreso de Mujeres de Moscú, donde asistieron más de 2000 mujeres de 119 países con el objetivo de debatir sobre los derechos femeninos, la paz y la igualdad. Entre ellas estaba Inés, de pelo más oscuro, movimientos ágiles y menos marcas del tiempo sobre la piel. Fue al evento en representación del país acompañada de la mapuche María Llancao, con quien estrechó fuertes lazos de amistad.

Algunos días antes del congreso, la astronauta rusa de 26 años Valentina Tereshkova, dio 48 vueltas alrededor de la Tierra en 70 horas. Se convirtió en una leyenda de la aeronáutica espacial.

—Pude conocer a Valentina y estar a su lado. Estábamos todas las mujeres en una gran ronda, me acuerdo de que ella nos separó de las manos y se puso a bailar junto a nosotras. Fue muy especial. Son recuerdos que se graban fuertemente en el vivir de una mujer.

El último siglo del PC

Al día siguiente de las elecciones presidenciales, antes del mediodía, Ximena Erazo, su sobrina, la encontró sentada debajo del parrón de la terraza de su casa en Ñuñoa, donde vive hace más de 65 años. Con esa mirada atenta que la caracteriza y la voz quebrada por el pasar de los años, Inés le manifestó su tristeza profunda por los resultados. Ximena trataba de encontrar las palabras correctas para consolarla, de hacerle ver que su partido había obtenido el 41,8% de los votos.

La militante más longeva del Partido Comunista de Chile inició su actividad política a los 14 años y ha recibido la medalla Luis Emilio Recabarren en dos oportunidades, por su destacada trayectoria y compromiso. El 21 de enero, Inés celebró su cumpleaños rodeada amigos, familiares y camaradas. Entre ellos estaba la excandidata presidencial del PC, Jeannette Jara. “Es amiga de mi mamá desde hace muchos años. Jeannette fue muy leal con mi mamá, la fue a ver muchas veces, incluso como ministra. Una vez llegó ella y se estacionó afuera un auto lleno de guardaespaldas. Se quedó a tomar once y conversar con mi mamá”, explica Gloria Kirberg, su hija del medio.

—¿Cómo recibió la noticia del triunfo de José Antonio Kast?

—Me sentí desolada. Parecía que en los últimos meses habíamos avanzado. Pero me doy cuenta de que estamos al revés, que la vida se nos puso como de golpe más difícil.

Para la entrevista Inés se vistió con flores de tonos azules y adornó su pelo blanco con una diadema de piedras, la ayudó Milagros, su joven cuidadora. En el comedor tiene una mesa larga donde recibe con frecuencia a las integrantes de Mujeres Democráticas, agrupación que cofundó Inés en dictadura. Al fondo una gran vitrina de madera atestada de diplomas, libros y fotografías. Cada pregunta Inés la escucha con atención, toma un sorbo de agua para aclarar la garganta y responde con las palabras precisas, como si no quisiera gastar ni una sílaba de más. Algunas preguntas la llevan a viajar en el tiempo y recordar como dice ella “los puntos más álgidos de su vida”. Otras incluso, prefiere no responderlas, con temor quizá, de que la voz se le apague antes de completar el pensamiento.

—¿A qué se refiere cuando dice que todo se volvió más difícil?

—A través de mi vida, siendo una niña y después de adolescente, me he preocupado por las mujeres. Ahora me preocupa que va a ser un mundo más difícil para las mujeres.

—¿Por qué?

—Los desafíos económicos, me cuesta explicarlo, pero siempre pienso que nos va a afectar principalmente a las mujeres. A pesar de los avances que hemos tenido en el ámbito laboral en los últimos 50 años, ahora se nos pone más difícil. Y ahora encuentro que voy a tener que ponerme a pensar de nuevo en cómo poder ayudar a mi entorno.

Para Ximena, su tía es una mujer que está siempre atenta a lo que ocurre en el país y el mundo. Con frecuencia hablan por teléfono y normalmente Inés le pregunta sobre el acontecer nacional. Un día la llamó para preguntarle por la candidatura de Elisa Loncón al Senado, quería saber a qué región representaría. “Otro día me llama y me dice: Ximenita, ¿Tú sabes quién es la jefa de gabinete de Elisa?”, quería invitarla a una actividad con las Mujeres Democráticas, recuerda con gracia.

22 de enero de 2020: Ximena Erazo e Inés Erazo en el cumpleaños 102 de Inés. Foto: agradecimientos a Ximena Erazo

Los conciertos a medianoche

Desde su juventud Inés Erazo luchó por los derechos de las mujeres, siempre trabajando en los centros de madres y en los rincones donde la organización comunitaria tomaba forma. Gloria heredó esa convicción y desde pequeña se encontró con su madre, entre las casas y pasajes de la comuna, abrazando a las vecinas: “Recuerdo una vez en el colegio, supimos que iban a tomarse un terreno. Nos encargaron harina, arroz, tallarines porque la gente no tenía qué comer”, recuerda Gloria. Al llegar a su casa, revisó la despensa y estaba vacía. Inés se había adelantado, ya estaba allá, junto a las compañeras de la población.

Con Elena Caffarena, movilizó a cientos de mujeres chile

 

nas para conseguir el voto femenino. La primera vez que pudieron votar las mujeres fue en una elección municipal en 1934 y su mamá, Blanca Corona, no quería participar, recordó la sufragista en una entrevista para la revista Forbes en 2021: “Con mis hermanos la convencimos de que asistiera y lo hizo”, dijo.

Más de diez años después, el 8 de enero de 1949 se promulgó la ley que otorgó el sufragio universal a las mujeres, en el gobierno de Gabriel González Videla. La primera vez que Inés pudo votar fue en la elección presidencial de 1952 y para ella desde ese momento no hay excusa que le impida ejercer su derecho.

A Inés la conocí mucho antes. Tuve el placer de acompañarla en diciembre de 2023 a votar en el Plebiscito Constitucional donde Chile decidió y enterró por varios años, la posibilidad de cambiar la Carta Fundamental de 1980. Tenía 104 años y llegó acompañada de Lena en una silla de ruedas al Colegio José Toribio Medina de Ñuñoa. Llevaba un vestido con flores amarillas que se camuflaba con la estética del establecimiento. En esa oportunidad Inés hizo un llamado a los jóvenes a involucrarse en la política y a participar en los procesos electorales: “Es muy importante (votar) porque eso quiere decir que seguimos en democracia… Yo nací en 1918 y a los 14 años ya estaba allá en el liceo hablando del derecho de las mujeres para votar”, dijo.

Nació en 1918 en la ciudad de San Felipe en la quinta región, donde creció chapoteando en el barro junto a sus cuatro hermanos mayores. Su pasión era la música, por eso a los 14 años entró a estudiar piano en el Conservatorio. Llegó hasta sexto año en el colegio y por los problemas económicos que aquejaban a la familia, se fue a Santiago a trabajar en un banco para que sus hermanos varones entraran a la universidad: “Mi mamá era machista y yo no pude seguir estudiando”, recuerda Inés.

Cuatro generaciones: Blanca Corona, Inés Erazo, Gloria Kirberg y Nicole, nieta de Inés. Foto: agradecimientos a Gloria Kirberg.

Gracias a la música, compartió con importantes figuras como Margot Loyola, Violeta Parra y Malucha Solari. En su época del conservatorio conoció a muchos migrantes europeos que arrancaban del nazismo y ahí junto a Constance Alexandre, esposa del periodista y político chileno, Tancredo Pinochet Le-Brun, formó un grupo para ayudar a las víctimas de la guerra en Europa, se llamaba Mujeres contra el Fascismo: “Veo con terror el fascismo, veo que el siglo se está inundando de nuevo. En esa época venían personas arrancando de la guerra y no había que luchar con ellos por el feminismo, porque ya lo traían en la sangre”, explica Inés.

Volante del “Comité nacional de ayuda a las democracias”: una de sus actividades era confeccionar ajuares para las guaguas de aquellos países que estaban luchando contra el neofacismo a principios de la década de 1940. Inés era jefa de organización de la agrupación.

Escuchar la Novena sinfonía de Ludwig van Beethoven es una de las actividades que la hace feliz por estos días. Gloria cuenta que su mamá tocaba precioso y confiesa que en los últimos años ya solo lo hacía para ella por sus insistencias: “Ella tiene a sus preferidos y se enoja porque no son los mismos míos” dice entre risas “ella es Beethoven y yo soy Schubert”. Gloria vive en Ginebra, en Suiza, y en febrero fue su última visita a la casa de Brown Norte y aún se escuchaban flotando en la atmósfera conciertos de música clásica a medianoche. Nadie en el barrio se queja.

Por la Vida… ¡Siempre! 

El piano habitó la casa de Ñuñoa hasta el año 1976. Unos meses antes, Enrique Kirberg, esposo de Inés, se había ido al exilio en Estados Unidos como académico de la Universidad de Columbia y a los pocos días ella partió a su encuentro: “Ahí quedó la casa de la familia, su cama deshecha, la toalla mojada encima de la cama, su pijama y su camisa en el suelo, y chao no volvió nunca más. Yo tuve que embalar todo eso, vender los muebles y arrendar esa casa”, recuerda Gloria, quien vivía en esa época con su mamá. La pareja regresó a Chile recién en 1989.

Inés estaba totalmente enamorada de Enrique, cuenta su hija. También me dio esa sensación cuando al terminar la entrevista en su casa, me pidió tomarle una fotografía junto a un retrato de su esposo. Al observar con detención sus manos y ver que lleva dos argollas de matrimonio, la de ella y la de él, como se hacía antes.

La mano Inés Erazo con su argolla de matrimonio y la de Enrique. Foto: Francisca Pérez

Para el 11 de septiembre de 1973 estaba programada en la Universidad Técnica del Estado (UTE) la inauguración de la exposición “Por la Vida… ¡Siempre!” del publicista y académico, Mario Navarro. El ingeniero y rector de la institución, Enrique Kirberg, iba a ser el anfitrión del presidente Salvador Allende, quien iba a anunciar en un acto frente a los estudiantes el llamado a un plebiscito sobre el futuro político del país.

Mimí Baeza, quien era productora artística de la universidad, también había invitado al cantautor e integrante del área de extensión artística de la UTE, Víctor Jara. Pero esa mañana dinamitaron la antena de la radio de la institución: “Nos quedamos en nuestros puestos de trabajo y las jefaturas fueron a acompañar al rector”, recuerda Mimí. Una delegación de profesores y estudiantes acompañaron a Kirberg a ver desde la ventana de la Rectoría el bombardeo de La Moneda. También llegó Inés con un pollo asado que había preparado para compartir a la hora del almuerzo con el presidente y Tencha Bussi de Allende.

Toda la noche fue una pesadilla. Estudiantes, funcionarios y docentes estuvieron en vela en la universidad. Destruyeron la exposición, los cristales y disparaban. A la mañana siguiente seguían los ataques y desde una ventana Enrique Kirberg alzó una camisa blanca que le había traído Inés el día anterior para usarla en el almuerzo con Salvador Allende. En una entrevista concedida a la periodista Mónica González para la Revista Análisis, Kirberg contó que un comandante lo tomó violentamente del brazo, lo tiró contra la pared y le apuntó con su arma, exigiéndole que revelara “dónde están las armas”. Su respuesta fue: “Las armas son el conocimiento, el arte y la cultura”.

Mimí e Inés en el patio de la casa de Ñuñoa. Foto: Francisca Pérez

“Ahí vino lo peor. Separaron a los hombres de las mujeres, nos subieron a una micro y luego de dar algunas vueltas nos llevaron al Estadio Chile. Ese bus parecía un gallinero e Inés repetía que estuviésemos tranquilas. Influye que te digan eso, te calma”, dice Mimí. Esa fue la última vez que Mimí vio a Inés antes de irse al exilio en Países Bajos en febrero de 1974.

Enrique Kirberg estuvo detenido en el Regimiento Tacna, fue trasladado a la Escuela Militar y más tarde al campo de concentración de la Isla Dawson. Durante los primeros días del golpe, Inés desesperada buscaba tener información del paradero de su esposo. Así, a las afueras del Estadio Nacional, exactamente el 3 de octubre de 1973, nació la Agrupación Mujeres Democráticas, donde familiares de los detenidos políticos buscaban una señal o noticia de sus seres queridos.

11 de septiembre de 1975: Inés y Enrique, él recién liberado, celebran el cumpleaños de Gloria. Foto: Gloria Kirberg

El reencuentro entre Mimí e Inés fue inesperado, en la sala de espera del Instituto Nacional de Geriatría el año 2005. Ese año Mimí se integró a Mujeres Democráticas y desde ahí son inseparables. Mimí se toma unos segundos para mirar a Inés, la abraza con fuerza, como si quisiera fundirse con ella: “Para mi Inés es un ejemplo de lucha y constancia. Además, creo que es muy buena cuando escuchar… Cuando nos reunimos las de la agrupación, espera a que hablemos todas y siempre tiene una conclusión tremendamente acertada”.

Mimí, Ximena y Gloria coinciden en que la memoria de Inés es impresionante a sus 108 años. Ella me confiesa que hay cosas que recuerda con tanto dolor que le gustaría olvidar, como el funeral de José Manuel Parada y Manuel Guerrero, en abril de 1985. Los militantes comunistas fueron secuestrados a las afueras del Colegio Latinoamericano y al día siguiente los encontraron degollados en un sitio eriazo cercano al Aeropuerto de Pudahuel.

Erazo era cercana a la actriz María Maluenda y al director teatral Roberto Parada, padres de José Manuel. Durante su exilio, Inés viajaba libremente a Chile porque su pasaporte no estaba marcado y pudo mezclarse entre los miles de asistentes de la despedida de los jóvenes. Eran tantas las personas caminando hasta el Cementerio General que no se lograba ver el final. Fue una señal de amedrentamiento colectivo: “Me largué a llorar ahí como a gritos en el funeral de los muchachos. Los asesinaron de esa manera tan horrible… Ay perdona, se me acaba la voz… Dicen que para ahorrar balas los degollaron”, explica Inés

A 50 años del golpe militar la Universidad de Santiago de Chile inauguró la exposición “Por la Vida… ¡Siempre!” con la presencia del Presidente de la República de ese entonces, Gabriel Boric: “Gracias finalmente a toda la comunidad histórica de la Universidad Técnica del Estado, hoy día USACH por mantener viva la memoria, por mantener presente y caliente esa llama inextinguible de la memoria que nos permite también a quienes somos algo más jóvenes recordar de dónde venimos, y por qué no, también a dónde vamos”

A través de 18 carteles de gran tamaño pintados a mano, la serie tenía por objetivo advertir los peligros del fascismo y de una posible guerra civil. En el último de ellos el llamado es a decir “nunca más”: “Porque usted, como millones de chilenos aspira a construir una sociedad más justa y humana, debe tener presente la negra historia del fascismo. Su presencia pasada y presente en otros países y sus acciones en el nuestro son una lección para unirnos contra su nefasta acción”. En momentos de cuestionamientos a la democracia y derechos humanos, la exposición resulta clave para entender los movimientos fascistas de ese momento, pero también los radicalismos de derecha de la actualidad, con personajes como Giorgia Meloni, Donald Trump, Javier Milei, Nayib Bukele y José Antonio Kast.

Inés recuerda con dolor, con ternura, con precisión. A través de sus recuerdos, Valentina Tereshkova baila en Moscú, las Mujeres Democráticas buscan a sus familiares en el Estadio Nacional, Violeta Parra le enseña a bailar cueca a su amado Enrique. Ella recuerda porque hay que mantener viva la memoria, buscar justicia y reparar. Por eso, al final, te pregunto Inés: ¿Seremos hoy capaces de reconocer esas señales antes de que vuelvan a convertirse en una historia irreversible?

Francisca Pérez Fuentes

Periodista chilena. Estudió en la Pontificia Universidad Católica de Chile, donde despertó su interés por los medios televisivos, escritos y radiales. Le gusta reportear temas de actualidad internacional, ciencia y medioambiente, infancia, y fundamentalmente, historias humanas. Ha trabajado en Megamedia, Revista Anfibia y actualmente, en radio Biobío. En 2025 participó en un programa de mentorías de la Fundación Climate Tracker. Su sueño es ser corresponsal y viajar por el mundo.


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