Por: Leonardo Buitrago
El Ciudadano. 27/05/2026
Tras la intercepción ilegal perpetrada por Israel contra la Flotilla Global Sumud en aguas internacionales, la embarcación construida y financiada por Estados Unidos fue utilizada como cárcel móvil donde los activistas secuestrados fueron sometidos abusos, palizas, descargas eléctricas y agresiones sexuales
“El barco de la tortura” es el nombre con el que 428 voluntarios humanitarios que participaban en la Flotilla Global Sumud (GSF) definieron a la embarcación construida en Estados Unidos (EE.UU.) y pagada con fondos militares de esa nación, en la que tras ser secuestrados ilegalmente por Israel en aguas internacionales mientras se dirigían a Gaza, fueron sometidos a tormentos y agresiones sexuales.
La GSF denunció el papel crucial que desempeñó EE.UU. Estados Unidos en los abusos y la tortura de los activistas y periodistas que formaban parte de esta misión humanitaria que busca romper el asedio y bloqueo impuesto por el régimen de Benjamín Netanyahu contra el enclave palestino.
«Este papel va más allá del blindaje diplomático del Departamento de Estado y la negativa de la Embajada de EE. UU. a ayudar a las familias estadounidenses que buscaban información; incluye el propio barco en el que los participantes voluntarios fueron detenidos y torturados ilegalmente, y las armas utilizadas para infligirles traumas que amenazaban su vida», indicó la organización a través de un comunicado.
La embarcación en el centro de los abusos es el INS Nahshon, construido por la filial de Bollinger Shipyards en Misisipi y entregado a la armada de ocupación en 2023 mediante el programa de Financiamiento Militar Extranjero (FMF) de EE. UU.
«El barco de la tortura»
Durante las interceptaciones ilegales perpetradas por Israel contra las embarcaciones de la flotilla durante el pasado 29 y 30 de abril frente a las costas de Creta, esa nave fue utilizada como cárcel móvil. Al menos 30 participantes resultaron gravemente heridos y requirieron hospitalización.
Lo que los activistas secuestrados y sometidos a agresiones llaman “el barco de la tortura” no es una excepción, sino la consecuencia del respaldo de Washington a un régimen que reincide en crímenes de guerra.
Según el comunicado, la brutalidad alcanzó su punto máximo dentro de un contenedor de carga oscurecido al que los soldados israelíes llamaban irónicamente “zona de procesamiento”. Allí, grupos de tres a cinco militares golpearon sistemáticamente a cada uno de los civiles que entraba, mientras los que esperaban afuera escuchaban los gritos.
El activista Yassine Benjelloun relató cómo al recibirlo con un “bienvenido a Israel” le fracturaron costillas de una patada tras golpearlo en la cabeza, y luego recibió múltiples descargas de una pistola eléctrica. “Lo que dura tal vez tres o cinco minutos parece una eternidad”, declaró.
La estadounidense Megan Marie Domínguez indicó que fue arrojada al mismo contenedor, golpeada hasta quedar casi inconsciente y luego pasada a un segundo grupo armado con “otros juguetes para golpear a la gente”.
La Dra. Jihan, médica malasia que viajaba en la flotilla, documentó cifras escalofriantes: 35 participantes con fracturas (incluyendo costillas rotas, dislocaciones de hombro y fracturas de húmero), lesiones craneales graves, conmociones cerebrales, traumatismos oculares y auditivos.
Al menos dos personas fueron inyectadas a la fuerza con sustancias no identificadas que las dejaron somnolientas y desorientadas.
La profesional registró 14 casos de agresión sexual y la eliminación sistemática y deliberada de los hiyabs de las mujeres musulmanas.
“Como médico, el objetivo principal es aliviar el sufrimiento. Pero cuando no podemos hacer nada para ayudarlas, fue el sentimiento peor y más horrible que he tenido. Fue devastador”, declaró.
Armas empleadas por Israel con sello estadounidense
Las armas desplegadas a bordo también llevaban sello estadounidense. Granadas aturdidoras y cartuchos con proyectiles metálicos fabricados por Combined Tactical Systems (CTS), con sede en Pensilvania, fueron disparados a corta distancia en espacios cerrados contra participantes que estaban sentados o tratando de dormir. Una maniobra viola flagrantemente las propias directrices de uso del fabricante.
El exfuncionario del Departamento de Estado Josh Paul, que renunció en protesta por las transferencias de armas a Israel, fue contundente: “Según la ley estadounidense, las transferencias de armas solo deben realizarse con fines autorizados. El uso que Israel ha dado al INS Nahshon viola clara y gravemente esos términos. Cualquier cosa que transfiramos a Israel, Israel encontrará la manera de usarla indebidamente”.
Esto no es un incidente aislado. Mediante un proceso de verificación “quebrado”, el Departamento de Estado evade sistemáticamente la Ley Leahy de 1997, que prohíbe asistencia militar a unidades extranjeras acusadas creíblemente de tortura o violación.
«Mientras se han violado flagrantemente las leyes internacionales y actualmente hay procedimientos legales activos en Turquía, Italia y España, donde los fiscales italianos han abierto una investigación por secuestro y agresión sexual, el gobierno estadounidense sigue mirando hacia otro lado», criticó la organización.
La Flotilla Global Sumud exige audiencias inmediatas sobre el uso de activos financiados por el FMF contra ciudadanos estadounidenses, la suspensión de todas las transferencias de armas a Israel, el cumplimiento sin exenciones de la Ley Leahy y el fin del apoyo incondicional a un régimen que comete genocidio.
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