Por: Jaime López Larraín. El autor es concejal del FREVS en la comuna de Macul.
Crónica Digital. 24 julio, 2026
La primera regionalización no está en los planos de La Moneda ni en las leyes que se discuten en el Congreso. La primera regionalización son las municipalidades. Son los alcaldes y las alcaldesas quienes padecen a diario los problemas de las y los vecinos. Son ellos quienes, con presupuestos ajustados, deben hacer convivir las ayudas sociales con la prevención en seguridad, el alumbrado público, la mantención de áreas verdes y la salud.
Si no se pertenece a las tres comunas más ricas del país, del sector más oriente de la capital, se debe aprender a vivir con las carencias. El Estado ha diseñado un modelo que, en la práctica, fortalece el centralismo y debilita el regionalismo, dejando a los municipios –especialmente a los de sectores populares– en una posición de permanente desventaja.
El plan de fondo: debilitar al Estado desde los territorios
Es aquí donde la reforma impulsada por el Gobierno de José Antonio Kast comienza a mostrar su verdadero rostro. Lo que se presenta como una modernización económica es, en realidad, un plan ideológico para debilitar al Estado. Y el primer golpe no se da en el Congreso, sino en los territorios que dependen de la acción municipal.
La “megarreforma” que avanza en el Congreso ha sido calificada por la oposición como un “caballo de Troya que beneficia al 1% más rico”. El diputado Jaime Mulet (FREVS), presidente de la Comisión de Constitución de la Cámara, ha sido particularmente crítico del mecanismo de ka invariabilidad tributaria, señalando que “amarra seis o siete gobiernos futuros y les impide hacer modificaciones tributarias”. Incluso ha anunciado un requerimiento de inconstitucionalidad ante el Tribunal Constitucional.
Y mientras el gobierno reduce los ingresos fiscales, los municipios –que son la cara del Estado en los barrios– ven cómo sus recursos se achican. Alcaldes de distintos sectores han advertido el grave desfinanciamiento municipal que provocará esta reforma, señalando que la eliminación generalizada de contribuciones afectará directamente la capacidad de las comunas para responder a sus vecinos. Incluso han acusado “nula voluntad” de Hacienda para dialogar, evidenciando que el Gobierno no está dispuesto a escuchar a quienes están en el barro.
Cuando la emergencia golpea, el municipio es la primera respuesta
Es desde las administraciones locales, con recursos escasos y funcionarios comprometidos, desde donde se actúa frente a los embates del cambio climático. Cuando los temporales de lluvia azotan el país, cuando las tormentas de viento derriban techos y cuando el verano trae una ebullición en las temperaturas, son las municipalidades las que logran llegar de manera más rápida al vecino más vulnerable.
Chile es uno de los países más vulnerables a los efectos del cambio climático. Hemos visto una disminución en el promedio de las lluvias y un aumento de las temperaturas, y el invierno podría ser más cálido, con déficit de precipitaciones, aumentando el riesgo de sequías. Los fenómenos de calor extremo son cada vez más frecuentes, y las olas de calor, junto con los eventos meteorológicos extremos, golpean con dureza a las comunas más vulnerables.
El sistema frontal que ha golpeado el norte del país en las últimas semanas es una muestra brutal de esta realidad. Con más de 100 mil personas aisladas, más de 2.200 viviendas con daños estructurales y miles de damnificados, la respuesta inmediata no viene de La Moneda, sino de los municipios que están en terreno, que conocen a sus vecinos, que saben dónde está la necesidad. El alcalde de Vallenar, por ejemplo, ha alertado que su comuna está “completamente aislada”.
Pero el Gobierno de Kast parece no entenderlo. Su mirada, instalada desde la vereda de los ganadores, ha arrinconado a sectores políticos, incluso de su sector. El incumplimiento de la palabra empeñada con los acuerdos con la oposición es una práctica que se ha vuelto costumbre. Y la frase del Ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, es la muestra más clara de esta lógica: “Si los alcaldes prefieren que no los compensen, no se compensan, y se acabó” . La práctica del winner, donde el que no tiene poder político no merece recursos.
Mientras los municipios se desangran para atender emergencias climáticas, el Gobierno empuja una reforma que los desfinancia. No es incoherencia. Es ideología.
Una caja timbradora al servicio de un proyecto
Cada ciudadano debe hoy exigir a los parlamentarios de su sector explicaciones. Esto puede ser un desastre social, así lo indican todos los estamentos técnicos. Pero el Presidente, instalado en su lógica de ganador, solo está usando al Congreso como una caja timbradora que aprueba sus proyectos sin considerar el impacto real en los territorios.
El regionalismo no es una declaración de principios. Es necesidad urgente. Y los municipios, los alcaldes y las alcaldesas son la primera línea de defensa de los derechos de las personas. Si el Gobierno de Kast no lo entiende, tendrá que enfrentar la respuesta de los territorios que ha decidido abandonar.
Jaime López Larraín.
Crónica Digital
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