EDITORIAL: 05 DE JULIO 2026
"Toda generación tiene derecho a preguntarse para qué existe una universidad pública. Si la respuesta es únicamente entregar títulos profesionales, entonces basta con medir empleabilidad y salarios. Pero si la respuesta es construir el futuro de una nación, entonces la pregunta cambia completamente..."
- Cada generación recibe una herencia.
- Algunas reciben edificios.
- Otras reciben instituciones.
- Las más afortunadas reciben ideas.
La historia de la Universidad Técnica del Estado pertenece a esa última categoría.
No fue únicamente una universidad. Fue una manera distinta de comprender el papel del conocimiento en la construcción de un país.
Durante gran parte del siglo XX, Chile entendió que el desarrollo no podía depender solamente de sus recursos naturales. Comprendió que la riqueza más importante de una nación era la inteligencia de su pueblo.
Fue en ese contexto donde la Universidad Técnica del Estado asumió una misión extraordinaria: formar profesionales de excelencia, democratizar el acceso al conocimiento y poner la ciencia, la tecnología y la cultura al servicio del desarrollo nacional.
- No concebía la educación como un privilegio.
- La concebía como un derecho y como una responsabilidad pública.
- En ese proyecto histórico sobresale con fuerza la figura de Enrique Kirberg.
- Existen rectores que administran universidades.
- Existen rectores que modernizan universidades.
- Pero muy pocos logran transformar la idea misma de universidad.
- Enrique Kirberg perteneció a esa categoría excepcional.
- Su mayor legado no fue solamente conducir una institución de educación superior.
- Fue demostrar que una universidad pública podía ser, al mismo tiempo, académicamente exigente, profundamente democrática y socialmente comprometida.
Bajo su rectorado, la Universidad Técnica del Estado fortaleció su presencia en las regiones, consolidó su relación con el desarrollo industrial y tecnológico del país, impulsó la Reforma Universitaria y abrió caminos inéditos para que miles de trabajadores accedieran a la educación superior mediante iniciativas como el histórico convenio entre la Central Única de Trabajadores y la Universidad Técnica del Estado.
Aquella decisión contenía una convicción profundamente democrática.
- El talento no reconoce origen social.
- La inteligencia no pertenece a una élite.
- El conocimiento debe abrir oportunidades allí donde durante demasiado tiempo solo existieron barreras.
Por eso la Universidad Técnica del Estado no formaba únicamente ingenieros, técnicos, profesores o profesionales. Formaba ciudadanos comprometidos
Personas conscientes de que el conocimiento adquiere su verdadera dimensión cuando contribuye al bienestar colectivo y al desarrollo de la nación.
Esa concepción de universidad fue abruptamente interrumpida por el golpe de Estado de 1973.
La comunidad universitaria sufrió prisión, exilio, persecución, expulsiones y la pérdida irreparable de estudiantes, académicos y funcionarios que vieron quebradas sus vidas por la violencia política.
Con ellos también se intentó interrumpir un proyecto educativo que concebía la universidad como un actor central en la construcción de una sociedad más democrática, más justa y más desarrollada.
Sin embargo, las ideas tienen una fortaleza que las dictaduras no logran destruir.
Pueden ser silenciadas durante un tiempo.
Pero vuelven a surgir cada vez que una nueva generación se pregunta cuál debe ser el verdadero sentido de una universidad pública.
Hoy, cuando Chile enfrenta desafíos tan complejos como la revolución tecnológica, la inteligencia artificial, la crisis climática, las nuevas desigualdades y el debilitamiento de la confianza democrática, el legado de Enrique Kirberg adquiere una sorprendente actualidad.
Porque la pregunta sigue siendo la misma.
¿Debe la universidad limitarse a preparar profesionales para el mercado?
¿O debe formar ciudadanos capaces de pensar críticamente, producir conocimiento para el desarrollo nacional y asumir un compromiso ético con la sociedad que hace posible su existencia?
La respuesta que ofreció la Universidad Técnica del Estado continúa iluminando nuestro presente.
- La excelencia académica nunca fue incompatible con la igualdad.
- La investigación nunca estuvo separada de las necesidades del país.
- La ciencia nunca dejó de dialogar con el trabajo.
- La técnica nunca perdió de vista al ser humano.
Recordar hoy a Enrique Kirberg no significa detenerse en el pasado.
Significa recuperar una pregunta que Chile necesita volver a formularse:
¿Qué universidad requiere una democracia que aspira al desarrollo con justicia social?
Quizás esa sea la mayor enseñanza que nos legó la Universidad Técnica del Estado.
- Las universidades públicas no existen únicamente para otorgar títulos.
- Existen para ampliar las posibilidades de un país.
- Para formar ciudadanos libres.
- Para producir conocimiento al servicio de la sociedad.
- Para demostrar que la educación constituye una de las expresiones más profundas de la democracia.
- Ese fue el sueño de Enrique Kirberg.
- Ese fue el espíritu de la Universidad Técnica del Estado.
Y mientras exista una comunidad universitaria dispuesta a mantener viva esa convicción, ese sueño seguirá formando parte del futuro de Chile.
Kirberg no pertenece solamente a quienes estudiaron en la UTE. Pertenece también a los jóvenes que hoy estudian en la Universidad de Santiago y a todos quienes creen que la educación pública puede ser un instrumento de desarrollo, democracia y justicia social.
La Universidad Técnica del Estado fue una universidad comprometida con la construcción de un proyecto de desarrollo nacional.
Si Enrique Kirberg viviera en 2026, ¿cuál sería el gran proyecto nacional que impulsaría desde la universidad?
- ¿La inteligencia artificial?
- ¿La transición energética?
- ¿La reindustrialización del país?
- ¿La soberanía científica?
- ¿La lucha contra la desigualdad educativa?
CORPORACION SOLIDARIA UTE-USACH
